Vivir de lo abstracto y al fin Ser

por María Eugenia Bouza

El hombre como ser, se encuentra en una incesante búsqueda para satisfacer sus necesidades; plantea un camino, un recorrido, que lo llevará al supremo estado del aprendizaje influenciado por su cultura.

Absorbido por la sociedad, que le impone un modo de vida distinto al planeado por él y que pretende la homogeneidad de las masas, el Hombre encuentra sustento en medios que le son sensibles a su percepción; se refugia en la naturaleza íntima de su ser y de las cosas, plantea su realidad, buscando el equilibrio y la armonía.
Al encontrarse con la realidad, que en sí es la suya, procura dar soltura a su libertad de expresión de la manera más natural posible, mostrándose como ser universal y tomando como punto de partida su particular idea.
Joaquín Torres García nació en Montevideo, Uruguay en 1874. Ante las posibles respuestas a la contradictoria pregunta de si «¿pintor se nace o se hace?», en el caso del artista que aquí se presenta, podemos resolver que se nace, ya que desde pequeño se inclina a la expresión plástica sin tener conocimientos previos, ni antecedentes o estímulos familiares. Al mismo tiempo, no encuentra satisfacción en la escuela por lo que deja la enseñanza formal, siendo su madre la que dirigía el conocimiento básico de lectura y escritura.
Joaquín niño demuestra cierto carácter de organización y disciplina que, a lo largo de su camino, marca un estilo de vida y pensamiento claramente expresado a través del medio artístico con dibujos, pinturas y objetos.
La búsqueda incesante del aprendizaje, lo embarca en viajes hacia destinos geográficos variados pero espiritualmente similares. Se entusiasma con el viaje en barco y la contemplación de nuevos lugares y paisajes. La capital rioplatense proyecta la escena del ríomar que aguarda otros puertos. La idea de migración se encuentra fuertemente arraigada en el seno familiar de los Torres García, siendo su padre natural de Barcelona quien lucha contra la nostalgia de su terruño.
Un espíritu utópico, propone la búsqueda humana de evolucionar como seres. Joaquín Torres García, en 1936, se empeña en configurar una estética conscientemente internacionalista, ciñéndose a un criterio filosófico e intelectual para arribar al Universalismo Constructivo. Desde éste atraído por una visión neoplatónica del arte como expresión de un ideal superior a la realidad mundana, proclama un humanismo espiritual expresado por medio de imágenes universales; plantea leyes y condiciones para que desde el arte y la actividad del artista, se logre la absoluta naturalidad, o sea que partiendo de la emoción hacia la idea plástica se halla un Nuevo Arte.

«Vivir de lo abstracto y al fin ser»es el anhelo de Torres García. Ahora bien, ¿Por qué la Abstracción se presenta como un camino a la evolución espiritual? ¿Qué relación existe entre el plano ideal y el real? ¿Qué debe hacer el artista para cumplir este deseo?
Las idóneas palabras del autor antes nombrado, en las que manifiesta que «todo artista debiera detenerse y pensar, despertar a la conciencia de las cosas […] para entrar en la verdad y honestidad de las cosas» reconocemos un panorama de reivindicación hacia la figura del artista y un amplio deseo de sabiduría ante la concreción de las ideas en el orden estético.
En el planteo del ordenamiento plástico se debe exigir la existencia de la naturaleza, como punto de partida, como leitmotiv, «como idea de algo real y no copia de algo real». Si de manera vertiginosa se cae a la representación naturalista, la idea pasará a ser una muerte del alma, porque no tendrá la impronta del artista en sí, ya que cualquier dejo de inspiración se mostrará nulo ante la presencia del otro.

«El artista debe operar con formas y no con cosas,
porque lo que él está haciendo es un ordenamiento
plástico, y no la reproducción de un aspecto natural».


Torres García se radica en Montevideo con el fin de difundir
en su patria sus conceptos e ideas, sumando a la propuesta una
nueva misión: la de un arte propio de América del Sur

Las formas no deben ser enseñadas, sino que deben ser volcadas en el plano según la espiritualidad surgida del alma del artista, de su naturaleza interior. Para ello, el mejor camino a tomar es la geometría, ya que lo abstracto de sus elementos son universales. La forma tiene carácter de absoluto, se deberá considerar en sí y no como la representación de otra cosa. Si un dibujo se presenta como planista (geometral) se podrá medir y así establecer relaciones armónicas. A partir de este sistema de relaciones entre los objetos presentes en el cuadro, que «ordenados según el sistema ortogonal marcan el funcionalismo de los planos, como el color en la pintura y los volúmenes en la escultura y la arquitectura», la obra pasará a formar parte del orden estético y no del orden real.

Torres García plasma en 1943, con profundo sentimiento, aquellos recuerdos de su infancia abierta a imaginar nuevos rumbos, nuevos aprendizajes.

«Barco constructivo: América»
Toma nombre la obra que con óleo, Torres García plasma en 1943, con profundo sentimiento, aquellos recuerdos de su infancia abierta a imaginar nuevos rumbos, nuevos aprendizajes. Establece las relaciones armónicas anteriormente nombradas, donde las figuras y el color «construyen» el equilibrio deseado.
Con su obra, el artista debe sentir un «efecto de vibración y tensión del espíritu» acabando en la claridad, en una necesaria «dilatación del alma».
Como un niño en su etapa gráfica pre-esquemática, impulsado por su percepción sensoriomotora, su sensible pureza espiritual, y su virginidad de pensamiento, muestra un juego simbólico cargado del fruto de lo inconsciente, que aspira a ser original por la libertad en la cual su alma se expresa, y de la cual podrá servirse el arte para concluir algo Nuevo, en la Abstracción.
A partir de los símbolos que pudieran formar parte de la composición armónica del cuadro, dado por una dimensión como proporción y generando una jerarquía en los mismos, se podrá plantear un sistema de relaciones que propicien a la significación, manifestando la importancia de la idea plástica igualada a la idea de hombre.
Siguiendo los pasos presentados en todas las lecciones de Universalismo Constructivo de 1936, se logra vislumbrar la clara noción de una revolución espiritual del hombre a través del arte, impulsada por elementos constructivos organizados de manera pertinente a la necesidad de vivir en la abstracción.

«Toda América debe levantarse para crear un arte poderoso y virgen».
En el año 1934 Torres García se radica en Montevideo con el fin de difundir en su patria los conceptos e ideas que pretendían ser la única salida a la crisis del arte moderno, sumando a la propuesta una nueva misión: la de un arte propio de América del Sur, que conjugara la tradición prehistórica con las expresiones artísticas propias, con el objeto de consolidar la mirada americana de la vanguardia.

Joaquín niño
demuestra cierto
carácter de organización
y disciplina
que, a lo largo
de su camino,
marca un estilo de
vida y pensamiento
claramente expresado
a través del
medio artístico con
dibujos, pinturas y
objetos.