Vacas Flacas, Pasiones Apáticas
por Luis Straccia

Cuando le dije que la pasión por definición no puede durar. Cómo iba yo a saber que ella se iba a echar a llorar.
Joaquín Sabina

La pasión bien entendida es el extremo. No hay, ni puede tener por su misma idea, medias tintas. No se puede ser medianamente apasionado. Es amor y odio. No amor u odio, sino y. Se ama algo, y se odia otro algo. Se protege y se combate, se desea y se quiere.
Es sacrificio, exige coraje y tiempo.
Hubo tipos verdaderamente apasionados que a la luz de una vela y con una pluma de ganso escribieron toneladas de papel con contenido. Uno ya no escribe a mano alzada y ni siquiera es capaz de pensarse en la penumbra de una habitación en silencio con el tintero al lado.
Había algo para decir y se buscaba la forma de decirlo.
Había algo que hacer y se buscaba la forma de hacerlo.
Aunque ello implicara dejar la vida en el intento.
Soy un tipo que descree de las religiones y mucho más de los autoproclamados representantes terrenales de los dioses. Pero también soy un tipo que no puede dejar de maravillarse cuando en medio de la puna aparece esa capilla del 1600, o en el medio de la selva misionera se topa con esos vestigios de la presencia jesuítica.
Porque más allá del fin último de la acción en sí, me resulta admirable pensar a ese monje a lomo de burro atravesando paisajes inhóspitos en medio de los cerros o abriéndose paso en la vegetación.
Eso para mí es pasión pura. La vida puesta al servicio de una idea.
Insisto, no necesariamente ha de ser una idea bella, o pura. Es la acción consecuente con la misma.
Hoy parece que, para las grandes mayorías, la pasión que desgarra, que duele, que goza, quedara atrapada entre dos imágenes consecuencia de su adaptabilidad en el marco de las industrias culturales determinantes.
Se trata del mundo del espectáculo y de la espectacularidad dirigido, masticado y seleccionado para las grandes masas.
Una de ellas el fútbol, la otra la música. Ambas mueven toneladas de dinero en un mercado que se retroalimenta y que crece cada vez más.
Esto lo lleva a inventarse y reinventarse permanentemente.
Los gritos histéricos de las adolescentes ante el rubiecito de turno, la compra compulsiva de todo lo que haga referencia (remeras, maquillaje, zapatos, discos, tazas, etc.) a la cantante del momento, son hechos que suelen durar una temporada.
Y que difícilmente tengan que ver con la letra o música de una canción, o con la voz y entonación del artista, sino con todo el universo que se crea en torno al mismo y a la necesidad de pertenecer y de gritar por algo. Son efímeros en sí mismos. Porque “por definición la pasión no puede durar”
Por su parte, quienes manejan el negocio-espectáculo del fútbol tienen una idea de merchandising cada vez más aceitada (1). Las marcas se disputan su vestimenta, las camisetas presentan dos o tres modelos que por contrato deben usarse en el año, y varían de una temporada a otra, lo mismo que los sponsors de las casacas, pantalones y medias.
Los que como yo recuerdan a inicios de los 80, a Boca con Vinos Maravilla o a River con Fate, recordarán también el impacto que dicha presencia marcó, como se alzaban las voces airadas rezongando porque afeaban a la camiseta limpia y de colores tradicionales y eternos.
Hoy el concepto de una camiseta sin publicidad es impensable, porque los jóvenes de veinte y tantos largos ya crecieron asociando a su equipo con una marca de motos, de hipermercados, de gaseosas, de cervezas, de bancos… y a veces de todo eso junto.
Esta mutación permanente de sponsor, proveedor, colores y diseño, llevan a que el hincha deba tener el último modelo de casaca, para no quedar desfasado.
La pasión se convierte en moda.
Lo doloroso del caso es que lo más importante en la vida de una persona pase a ser un equipo de fútbol, o el galancete del momento. Meros rellenos en huecos de existencia El bombardeo mediático, y la despiadada competencia por las audiencias, alientan este tipo de comportamiento y nos va conformando desde pequeños.
Son pasiones acríticas, y por la tanto inocuas también.
Porque son funcionales al mismo mecanismo que las produce y reproduce. No son pasiones que cuestionen.
No es la pasión del revolucionario que busca cambiar el mundo. No. Es la pasión de destacarse, de figurar en este mundo, sin discutir sus reglas. La pasión por la adaptabilidad.
Épocas de vacas flacas y de pasiones apáticas En el plano individual podríamos traducir esto en algo así como la actuación de la pasión para la cámara, para que se note. Serían aquellas personas que cuando van de viaje se retratan fotográficamente y ponen en primer plano su figura y detrás de ellos el mar, la sierra, la Gioconda o el Taj Majal, y que muchas veces prefieren su foto, el ser fotografiado ahí, en ese momento y en ese lugar, más que el disfrute mismo del momento y del lugar.
Se trata de la pasión por la visibilidad, por mostrarse y ser visto, porque nos vean en… haciendo… construyendo una pasión por el espectáculo, donde la vida misma se convierte en sus nimiedades en algo a ser mostrado, compartido.
Y las nuevas formas de intercambiar estas postales de lo cotidiano, de circulación de bienes a escala global y en tiempos fugaces, convierten a esas imágenes en superficiales.
Importa más la foto en el Louvre que la contemplación de las obras que allí se encuentran Así la pasión parece convertirse día a día más en una cuestión de slogan, antes que de acción o de práctica. Y se trivializa como una cuestión meramente de status y de pertenencia a tal o cual clan.
Y el sujeto, o el individuo, se pone en el centro de la escena. Quizás esa persona que se comió cuadras de cola para entrar al Louvre, nunca haya visitado otro museo, ni disfrute de la pintura, ni le interese…pero…es Europa y el Louvre lo que está en la foto junto a ella, con su carga de años he historia encima.
Quizás ese que anda con la cara pintada y con la bandera como capa atada al cuello, festejando en la plaza el triunfo de la selección en el primer partido del mundial, no disfrute del juego del fútbol, ni lo haya jugado, ni le preste atención el resto del año…
pero… ocurre que esa publicidad de la cerveza –con esa tonada pegadiza- nos hace entender que el fútbol es lo nacional y que en el resultado de un partido se nos mezclan el corazón con los héroes de la independencia y con nuestro futuro como humano y como Nación.

Mario Calvo | 2do premio
IV Concurso Anual Internacional de Artes Plásticas “Crepúsculo”

Podríamos decir que la Pasión se desplaza, desde la acción hacia el objeto.
La pasión de la escritura, a tener algo escrito. No importa qué, pero hay algo, un libro, un papel, que tiene nuestra firma.
La pasión por un deporte, a la camiseta en sí misma.
La pasión más elitista y excluyente por el arte, por las artes plásticas, a una absurda puesta en escena de objetos inconexos, donde ya ni siquiera importa la obra, sino el gesto pedante y sobrador del “artista” de mostrarse “vestido con un traje de hilos de oro” ante otros tan pedantes y soberbios como él, que fingen ver el traje, cuando en realidad no hay nada.
Difícil de creer? Bue, dense una vuelta por alguna muestra de lo que se denomina “arte contemporáneo”, y díganme que es lo que ven. Si alguien me dice que hay pasión en una foto de una zapatilla con dos cables enchufados, o en la fotografía de una torre de galletitas, o en una hoja A4 pintada con monigotes que a mi hija de 4 años le salen más lindos, bue… he de conjeturar que
vivimos en mundos distintos.
En la contemplación de todo este conjunto de líneas escritas es que a uno le dá por decir que no pasa por cortarse una oreja para ser un pintor apasionado. Ni tener una botella de whisky al lado todo el tiempo para ser un guitarrista como Slash, ni posar con un pucho en la boca para ser Cortazar, ni fotografiarse con boina y la
mirada perdida para ser el Che.
No, todo eso es la representación, el cliché, lo que nos es dado a conocer como parte componente del arte, de los ideales, de la vida de estos tipos. No se habla del esfuerzo, de las pérdidas, del trabajo, de las derrotas, que han cargado sobre sus lomos, porque todo eso genera rechazo porque implica esfuerzo.
Simplemente te ahorrás trabajo comprando una imagen y la representas. Compras el apasionamiento, la idea de él, y la usas hasta que te cansas y la reemplazás por otra.
Y con la misma prenda, con la misma idea desechada, se cambia de pasión.
Al igual que lo ya dicho, estos slogans suelen ser en su gran mayoría fruto del cerebro de publicistas, que dotan de sentido la vida a partir de la apropiación de objetos de consumo.
Ante la abundancia de este tipo de mensajes, la piel se va curtiendo, entonces hay que variarlos para que sigan siendo efectivos.
El terreno de lo Político no es ajeno a este juego. Así como planteábamos el tema de que el mercado debe mutar para renovarse, incluso yendo y volviendo al pasado, los que hoy hablan de derechos humanos ayer apoyaban el indulto a los genocidas, y los que ayer pregonaban por el derecho de los pibes a una vida digna, hoy plantean bajar la edad de imputabilidad, los que bregaban por el corrimiento del Estado y su achique, hoy defienden el intervencionismo estatal, y mañana puede llegar a plantear todo lo contrario. Sin que se les mueva un pelo, ni un tic en el párpado, ni un ligero rubor.
Porque lo que importa es el aquí y ahora. El discurso se vuelve ahistórico.
Eso es el acomodarse a la coyuntura. Y la pasión por la defensa de ideales, de creencias y de cambios sociales, se convierte en discurso oportunista y coyuntural.
Se puede observar como los defensores apasionados de uno, meses después pueden ser defensores apasionados de su contrario, sin que esto nos lleve a pensar en un cambio consciente de la mentira, sino más bien en su incorporación como verdad. Se trata de gestionar la reputación, antes de que la reputación sea consecuencia de.
Entonces, se trata de gestionar pasión, de mostrarse pasional, antes de que la pasión sea una parte real de la vida, porque la satisfacción no viene por la acción común o los bienes comunitarios logrados, sino por el beneficio pecuniario individual obtenido.
También es cierto que el arte es el reflejo de los tiempos.
Y así como decíamos que importa más el objeto que la acción, también y sin contradecirnos, podemos decir que importa más la puesta en escena en sí misma –efímera, vacía, superficial- que la obra.
En la era de la puesta en escena, política, artística, pública, privada, importa más la muestra que la escena en sí. Lo que importa es su capacidad de reproducirse y de mostrarse.
Incluso ante el riesgo de parecer absurdo.
Como en el cuento del emperador que estaba desnudo y al que todos fingían verlo vestido –por miedo a ser considerados idiotas por sus pares- hasta que la inocencia de un niño los puso en evidencia de la verdad al Emperador y al público, puso en evidencia la idiotez, lo que nos está faltando es ese que pegue el grito. O quizás estén aquellos que pegan gritos, pero son más los que prefieren no escuchar. □

1- El “PIB” del futbol supera los 500 mil millones de dólares, y solo en Inglaterra el dimensionamiento del mercado de los clubes de futbol de la primera división es de alrededor de 2500 millones de dólares, mientras que es en Italia y España esta cifra está alrededor de los 1500 millones de dólares en cada país.http:// geopoliticayterritorio.org/index.php/articulos/97-la-economia-del-futbol