Una Presencia Insuficiente / Gabriel Vidart

En sentido estrictamente literario y subjetivo, carencia resulta una expresión triste, pues apela a la ausencia de plenitud.

Sin embargo, podría ser una forma poco frecuente de enunciar la falta de factores negativos, como por ejemplo, la ausencia de enfermedad. Pero no es común referirse a una persona sana enunciando la negación de la condición de enfermedad.

El término carencia no supone la ausencia total, sino la falta de elementos suficientes para lograr la plenitud de algo. La falta total remite a un absoluto. Carencia denota más bien, una presencia insuficiente.

Planteado en esos términos, carencia es una expresión que apela a lo relativo, porque no denota una situación absoluta, sino la falta parcial de ciertos elementos, según el contexto en el que el término es utilizado.

El Diccionario de la Real Academia define la carencia así:

1. f. Falta o privación de algo.
2. f. En un seguro, período en el que el cliente nuevo no puede disfrutar de determinados servicios ofrecidos.
3. f. Med. Falta de determinadas sustancias en la ración alimenticia, especialmente vitaminas. Enfermedades por carencia.

Tal como sucede con la mayoría de los términos, el concepto de carencia se redefine según los diversos contextos en los que es aplicado.

Dentro de las convenciones asociadas a los diferentes universos disciplinarios, el término carencia adquiere una mayor especificidad relativa.

Por ejemplo, en el campo de las ciencias sociales, carencia es una forma relativamente nueva para tipificar a aquellos grupos de población que están en situación de pobreza. Es común en la jerga sociopolítica que se haga referencia a estos sectores sociales mediante el término de “carenciados”.

Carenciados de qué?

De empleo, de ingresos adecuados, de vivienda digna, de servicios básicos, de agua, de luz, de saneamiento, de acceso oportuno a la educación, a la salud, a la seguridad social, etc.

Por oposición, los no carenciados serían quienes logran satisfacer sus necesidades básicas de manera más o menos satisfactoria, siendo también esta una medida relativa, que debe distinguir entre los distintos niveles socioeconómicos en los que se distribuye la población no pobre de una sociedad.

Pero a nadie escapa que satisfacer las necesidades básicas no significa de ninguna manera la ausencia de carencias.

En los estudios sobre la situación de pobreza que afecta a determinados sectores sociales, se define y precisa conceptualmente y metodológicamente un criterio supuestamente objetivode medición de las carencias materiales para el trazado de una frontera cuantificable, que hace referencia a lo que se ha tendido a denominar la línea de pobreza, o inclusive, por debajo de ésta, la línea de indigencia. De esta forma, los carenciados, tanto pobres como indigentes, resultan ser aquellos sectores sociales que, con distintos grados de severidad, no logran acceder al conjunto de satisfactores necesarios para cubrir sus necesidades básicas.

Si nos trasladamos del ámbito de las conceptualizaciones sociales colectivas para reencuadrar el concepto carencia aplicado ahora a la dimensión de los sujetos o individuos, podemos constatar que el término es frecuentemente empleado para referir la insuficiencia en la satisfacción de las necesidades afectivas. (http://www.familianova-schola.com/files/carencia_afectiva.pdf).

Por ejemplo, en el plano de la psicología aplicada a la infancia, el análisis de la carencia afectiva se emplea para denotar el grado de privaciones existente en la relación entre el niño y su madre, o con un substituto materno. La situación hace especial referencia al déficit de la atención afectiva necesaria, especialmente en la edad temprana.

La carencia afectiva o las alteraciones por carencia relacional se refieren a aquellas situaciones en que la maduración de la personalidad del niño es interferida por la falta grave de estimulación afectiva.

Las carencias afectivas se hallan también presentes en cada una de las etapas de la vida de los individuos, pero adquieren especial visibilidad por ejemplo, en el ámbito de la adolescencia, donde las dificultades de comunicación con padres y tutores, así como la a veces compleja interacción con la sociedad en general o bien con agentes institucionales de diversa naturaleza, provoca cortes que son procesados de manera diversa. El refugio en subculturas a partir de la construcción de un nosotros contrapuesto al resto de la sociedad, forma parte de mecanismos muchas veces inocuos y pasajeros, pero cuando estas formas de construcción del nosotros está aunada a la exposición del adolescente a condiciones violentas o a subculturas que cuestionan en forma radical el statu quo como mecanismo reactivo de autoafirmación personal, ello puede dar origen a desordenes no solamente individuales sino también de grave alcance social, como lo puede ser la vinculación cada vez más alarmante de jóvenes que en la jerga europea son denominados los ni – ni (ni estudian ni trabajan) que de manera más o menos sistemática desarrollan comportamientos patoteriles, adoptando como rasgo positivo el consumo de alcohol y de estupefacientes e inclusive asumiendo la internalización positiva de prácticas asociadas a comportamientos violentos y agresivos. Y esto se verifica en contextos socioeconómicos y culturales no necesariamente asociados a situaciones de marginación. 2.

«Sin Título» de Claudia Mónica Aquití
II Concurso Anual Internacional de Artes Plásticas “Crepúsculo”

«La Falta de…» de Carmen Esplá Espejo
II Concurso Anual Internacional de Artes Plásticas “Crepúsculo”

Las relaciones de pareja también son un espacio en el que las carencias afectivas pueden ser generadoras de situaciones de extrema violencia, que se extienden desde el plano de la agresión verbal hasta la violencia física. Estadísticas sobre violencia familiar dan cuenta que el número de mujeres víctimas de la violencia es sumamente preocupante.


La violencia doméstica es la principal causa de muerte entre las mujeres. El Observatorio Italiano Criminal y Multidisciplinar de la Violencia de Género, sostuvo que “este tipo de violencia causa más muertes entre las mujeres que el cáncer, los accidentes de tránsito o la guerra.” En Argentina, el cuarenta por ciento de la población femenina sufre maltrato por parte de sus parejas, según datos oficiales. En Buenos Aires, cada 30 minutos una mujer golpeada pide ayuda en forma telefónica al servicio de atención a las víctimas de violencia familiar del Gobierno porteño. 3.

Extraña eminencia o víctima que paga un alto precio por su condición… No hay secretos para él. Tampoco hay sorpresas. No hay lluvia para disfrutar o para maldecir. No hay personas por descubrir. No hay sitio en la Tierra que atesore herméticas razones.

El concepto de carencia examinado ahora desde una perspectiva más abstracta, permite asociarla con un momento determinado dentro de un proceso. Ello es así, porque la carencia denota algo relativo y, por lo tanto, se asocia a la diacronía. Plenitud no es estrictamente, el opuesto de carencia. Lo pleno hace referencia a un estado absoluto y la carencia marca la distancia que separa un estado presente y determinado, de ese estado absoluto. Lo absoluto remite a lo definitivo, mientras que lo relativo apela a lo dinámico, a lo transitorio, al ser y estar dejando de ser de manera simultánea.

Comencé esta reflexión señalando que carencia es asimilable a algo triste, por cuanto se asocia a la incompletitud. Desde una perspectiva desarrollada en el campo de la formalización lógica, este concepto fue especialmente abordado y desarrollado por Kurt Gödel. 4.

Pero lo pleno, está muy próximo a lo absoluto.

Así, lo pleno es en alguna medida asimilable a lo supremo y, en consecuencia, al mundo de lo divino o de lo definitivamente hecho e inmutable, mientras que lo incompleto, por contraposición, pertenece al mundo de lo falible y por lo tanto, al mundo de la historia, de la cultura y de lo humano. La plenitud se asocia con la ausencia de transformación, con la inmutabilidad y, en consecuencia, con la fijación. En su forma extrema, con la fijación eterna.