Titanic Roni Bandini – Fundación Tres Pinos

Titanic
Roni Bandini

i – 3º Premio – VII Concurso Anual de Relatos Crepúsculo 2012

En las culturas antiguas el saber era una condición respetada y valiosa. Los sabios eran personajes que manejaban la verdad, asesoraban ciertamente en todas las áreas y su palabra no se ponía en duda. Constituían el pilar formal de las decisiones serias, esas que evitaban las guerras… o las producían. Este escaño lo rellenaban -y no por capricho- los más ancianos, los portadores de la experiencia.
Hoy sólo basta mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta que la cosa está patas para arriba. Los ancianos se han convertido en estorbos inútiles, pasan a rellenar casas de reposo y fundaciones afines que no son otra cosa que la muerte lenta por asfixia de seres humanos que el sistema deshecha porque simplemente ya no le sirven. Pareciera que la antes tan preciada sabiduría hoy es considerada una antigualla inútil o, por último, un ítem hallable en internet.
Los viejos hablan puras cabezas de pescado y no entienden nada, en cambio ahora los niños “nacen sabiendo” ¿Cuántas veces hemos escuchado esto? La que manda hoy es la tecnología y aunque muchos no nos damos cuenta estamos viviendo una nueva revolución industrial, cuyas víctimas directas son los mayores, transversales a su clase social, esta vez.
Los viejos con algo de suerte logran encender la pantalla en un siglo en que los sistemas computacionales son la herramienta fundamental, siglo en que los más jóvenes pasan a reemplazar a los más viejos en este aparente saber. Cuando surge algún conflicto en el computador o en el teléfono inteligente, el adulto promedio se paraliza y llama inmediatamente al integrante más pequeño de la familia quien arregla la situación en un dos por dos. En este mundo regido por la tecnología, donde el conocimiento que hoy consideramos válido lo tienen los más jóvenes ¿De qué sirven los viejos? 

El Problema

El saber, el amplio, el verdadero, se ve ultrajado por el uso de shortcuts en un universo que solamente existe dentro de una ventanita de cristal rectangular. Parece una paradoja extraída de una mezcla entre Huxley y Asimov, pero es nuestro día a día. El desarrollo cognitivo es reemplazado por el aprendizaje de procesos básicos, cuya labor es la automatización, con el fin de –atentos aquí- reducir esa ardua tarea que es pensar.
Para un adulto mayor esto equivale a modificar la estructura mental de toda una vida, cuando ésta no era desechable como la de hoy, cuando un error equivalía a una explosión con fuego real y no existía el comando volver atrás.
Además ¿Para qué vamos a perder el tiempo intentando adquirir conocimientos si en cualquier momento del día podemos remitirnos a la enciclopedia online por el móvil y obtener la respuesta correcta? respuesta que ni siquiera es necesario comprender e incorporar, porque siempre va a estar ahí, en el bolsillo.

Al año siguiente mi hermano retomó el colegio pero tuvo que repetir. Ya no me llevaba dos grados. A él no parecía molestarle. Se hizo nuevos amigos y hasta se fue de campamento pero algo pasó un día que compramos helado Me dijo “La chapa… ahí está, vos me habías preguntado cómo la puede romper el hielo, justo” Y yo no le había preguntado por ninguna chapa. Mi mamá estaba trabajando mucho y no se dio cuenta, lo mandó al colegio y todo pero esa tarde mi hermano sacó a pasear al perro y no volvía. Se hizo de noche y mi mamá lloraba. Yo me sentía con ganas de llorar pero no podía llorar y tenía miedo de que me retaran por no llorar pero tampoco así podía llorar. Era todo un lío, mis tíos en la calle buscándolo, Luis llamando cada cinco minutos. Yo estaba muy asustado, por mi hermano y también por Rudy. Lo quería mucho a ese perro. Mi hermano apareció recién a la mañana. Tenía la correa de Rudy atada con tres nudos al cinturón. Rudy estaba mojado, todo chupado y con la lengua afuera. Este tipo Luis trajo unas cajitas con pastillas y mi hermano empezó a sentirse muy cansado. Dormía y dormía y cuando no dormía, bostezaba. Mi mamá le preguntaba todo el tiempo “¿Tomaste el Halopi?” Mi hermano entonces agarraba las pastillas y el vaso de agua y caminaba mirando para arriba con los brazos duros.

Titanic” | Jonatan Cognetti
www.jonatancognetti.blogspot.com.ar |

Después volvió a caminar bien pero tuvo que repetir otra vez y ya estábamos los dos en el mismo grado. Y ahí empezamos a tener muy buena onda. Hablábamos de todo. Le conté que me gustaba Jessica, una piba del colegio morocha y muy estudiosa y él se acercó y me dijo que se estaba cogiendo a una chica del barrio, que le había hablado de las cosas que él sabía y que se fue dando y pumba, se la cogió. Dónde, le pregunté y me dijo que ahí mismo en casa. Ya me imaginaba contando eso a mis amigos, que mi hermano se había cogido a una chica del barrio. Un rato después mi hermano me llamó y me llevó hasta la ventana. “Es esa, la de rojo”. Por la calle pasaba una chica muy linda, de unos treinta años. Y claro, lo miré y me pareció que ya tenía bigotes casi, que podía parecer más grande. Después me señaló a otra chica. “A esa también… me la cogí” Era la mamá de un amigo, bastante fea.

Yo trataba de que no saliera de la pieza pero era la hora de la cena y mi mamá nos llamó a comer. Llegó el plato de fideos y mi hermano dijo “Cuatro chimeneas” y ahí nomás se puso el plato de sombrero. Mi mamá lo agarró de la oreja y le pegaba cachetazos, le decía “No podés hacerme esto. Todos tenemos cosas que hacer. Por qué. Por qué” Mi hermano lloraba con los fideos chorreando pero mi mamá no dejaba de pegarle cachetazos.

Luis no podía venir y mi mamá se quedó con el teléfono en la mano un rato. Entonces fue hasta el baño y trajo las pastillas. Habían quedado del año anterior. Le dio una. Mi hermano tomó el vaso de agua. Todavía tenía salsa en el pelo y hacía buches con el agua. Mi mamá agarró otra pastilla y se la dio también. La vi que sacaba más pastillas y le pregunté. Porque podían estar vencidas, eran del año pasado.

Mi mamá me miró y lo miró a mi hermano. Estaba despeinada y tenía los ojos rojos, cansados. Se alisó el pelo y agarró las llaves y salió. Yo fui a buscar un trapo y limpié el piso, la salsa y los fideos.