En 1594 se estrena la excelsa obra maestra del mayor dramaturgo, poeta y actor inglés de todos los tiempos, William Shakespeare. Con las innovadoras técnicas morales, sociopolíticas y psicológicas, las obras del dramaturgo británico trascendieron del remoto pasado a la eterna gloria.

Le abre nuevamente las páginas de la tragedia Shakespeariana y la recrea a partir de su forma original para que se adapte al interés de niños y niñas de una forma lúdica. Así, entran en juego varios de los recursos del lenguaje: vocabulario florido, próximo al incipiente barroco, poesías, metáforas y otras artes de la lengua que convierten a esta obra en el icono del teatro.

El mensaje de unión y amor entre las personas, más allá de las diferencias, queda al descubierto en cada espectador por las sensaciones que nos envuelven: nobleza, pasión, codicia, dolor, alegría, del mismo modo también entran en escena los valores morales, éticos, filosóficos y espirituales que nos incitan a repensar cada uno de los movimientos de los protagonistas.

El vestuario y la escenografía concuerdan exquisitamente con el estilo de la época; los actores –de comprobada trayectoria- hacen de la obra un espectáculo digno de contemplar. La muerte se convierte en un absurdo, lo trágico se vuelve divertido, así, la frescura de este amor adolescente se convierte en la expresión sublimada de nuestras propias contradicciones, ardores y sueños a la edad del amor edad del amor y de la imprudencia.