Sonríe: La Suerte te anda Buscando

por Sabrina Perotti 

 

Hace unos días tuve la oportunidad de leer un cartel que profesaba: «La felicidad trae suerte ». Creo que se trataba del estreno de una película o algo similar. Sin embargo, ese título me retumbó en la cabeza durante varios días y, fruto de ello, he decidido volcar las siguientes líneas.

En primer lugar, me interesaría poder definir ambos términos. Sé que precisar el concepto «felicidad» o «suerte» podría llevarme varios artículos, y así todo, no llegaría a nada concreto. Lo que propongo realizar es un análisis del significado que pudieron haber tenido estos términos en la antigüedad y su significado actual, para luego esbozar la relación que los une. Una rara e inusual relación que contiene a ambos términos en pos de modificar nuestra filosofía de vida.
No obstante, antes de comenzar, quisiera destacar algunas consideraciones que surgieron a la hora de pensar concretamente en la suerte.
En nuestro país la suerte es considerada de importancia fundamental en cualquier emprendimiento, proyecto u acontecimiento. Hay diversos dichos, proverbios, mitos y cuentos que tratan el tema considerando tan importante atraer la suerte como alejar la mala suerte. En realidad la pregunta correcta sería la siguiente ¿tener buena suerte es no tener mala suerte? Podría pensarse que no sufrir de mala fortuna sería bueno, pero, sin embargo, se percibe igualmente como un vacío, una falta de algo un poco mejor. Quizá la suerte vaya más allá de excluir a su contrapartida. O quizá no. Todo depende del lente con que se mire.
Mientras tanto, la mala suerte es bien rechazada en toda sociedad. El tan denominado «mufa» es el chivo expiatorio de la nuestra. Es ése al que todos señalan con el dedo, el mismo demonio en persona que lo único que irradia es la desgracia a su alrededor. Por eso se debe tocar alguna parte del cuerpo (distinto en hombres que en mujeres) para contrarrestar esa infortuna. Este leproso de la desdicha al que se lo debe tener alejado enferma todo lo que toca. Y distanciarse es considerada, también, una buena estrategia para combatir esta maldita enfermedad. Dejar en cuarentena al «mufa» hará que conservemos la suerte o que, por lo menos, no la perdamos del todo.
Por lo tanto, se deben considerar como inseparables la suerte y la mala suerte, ambas caras de una misma moneda que según cómo nos toque mirarán para un lado o para el otro. Un binomio absolutamente fusionado, estas «suertes» son gemelas siamesas que se inclinan hacia puntos opuestos. Tenerlas en cuenta nos puede ayudar para esquivar una y atraer la otra. Si es que se puede.

Suerte. Ayer y hoy.
Antiguamente, se consideraba «suerte» a la adivinación de presagios a partir de la lectura fortuita de las primeras palabras que se leyeran de las poesías de Homero o de las Sagradas Escrituras por parte de los primeros cristianos. El trébol de cuatro hojas era considerado, también un símbolo de buena suerte, porque, según los historiadores, muchas culturas lo usaron en la antigüedad. Los egipcios, por ejemplo, lo consagraron a Isis su diosa bienhechora. También se lo daban a su amada para preservar el amor y las madres lo colgaban al cuello de sus hijos para protegerlos de las adversidades de la vida. Además, los egipcios los ponían dentro de los sarcófagos para ayudar al alma del muerto en su incierto camino por el más allá.
En la antigua Roma, la estación de las cosechas, el verano, se representaba mediante la imagen de un trébol. Los griegos llegaron a creer que servía para descubrir tesoros ocultos y que soñar con él era anuncio de riquezas.
Los ocultistas afirmaban que el trébol de cuatro hojas, les permitía ver a las fuerzas hostiles y de esta manera protegerse.
No cabe duda que hoy en día también seguimos manteniendo esta creencia de la buena suerte enraizada en este tan deseado trébol. Sin embargo, la definición de «suerte» que propone la Real Academia Española considera a la misma, entre otras cosas, como un «encadenamiento de los sucesos, considerado como fortuito o casual. Circunstancia de ser, por mera casualidad, favorable o adverso a alguien o algo lo que ocurre o sucede». Según esta definición la suerte sería un mero azar, una coincidencia o una eventualidad que toca, sin más, a cualquiera, porte o no un trébol de cuatro hojas. Pero ¿es realmente así? ¿La suerte toca a todos por igual? ¿O es cierto que hay gente con más suerte que otras? Creo que la correcta definición tendría más que ver con que la suerte sea una predisposición personal, por así decirlo, que algo ajeno a nosotros del cual no tenemos control alguno.

Felicidad. Ayer y hoy.
Para explicar esta nueva definición de «suerte» haré partícipe al otro término protagonista de estas líneas: la felicidad. Según una excelente cita de François Marie Arouet Voltaire dice que«Buscamos la felicidad, pero sin saber dónde, como los borrachos buscan su casa, sabiendo que tienen una». De aquí podemos sacar dos preconceptos: por un lado, que la felicidad es algo que verdaderamente existe pero, por otro lado, que está perdida. Lo que Voltaire quiere explicar es que la felicidad es un estado de ánimo que se nos escapa constantemente, pero que igualmente la buscamos, a los tumbos cual borrachos. Quizá no sea exactamente un estado de ánimo, sino algo mucho más fugaz que nos deja ese sabor amargo cuando se va y nos endulza tanto cuando aparece. Pero ¿qué significa la felicidad concretamente? ¿Tiene una definición clara? La respuesta es sumamente negativa. Hay tantas concepciones de felicidad como números.


El mismo Aristóteles investigó las diversas opiniones acerca de la felicidad desde los pensadores que le precedieron. Él mismo llegó a la conclusión de que la felicidad es un bien supremo, como aquello que da sentido y finalidad a todo otro fin querido por el hombre. Además, Aristóteles establecerá su propia tesis que define a la felicidad como la posesión de la sabiduría.

Sin embargo, no podemos reducir a la felicidad como la mera obtención del conocimiento, ésta debería llevarnos más lejos. Sabemos que tenemos una felicidad que nos corresponde en algún lugar con dirección y todo pero no logramos dar con ella. ¿Será por qué no la queremos hallar? ¿O por qué no tenemos suerte para encontrarla?

Suerte y felicidad. Hoy y siempre.
Como decía al principio, ese título con el que me crucé «La felicidad trae suerte» fue muy motivador para escribir este artículo. Creo que ambos términos no son comúnmente utilizados en conjunto. Quizá, sea más frecuente hablar de la felicidad luego de un golpe de suerte pero no como precedente de la misma. Por eso, hoy quisiera proponer un giro. Dar vuelta la torta y pensar primero en la felicidad y luego en la suerte propiamente dicha. ¿No es cierto que cuanto más obstinados, malhumorados o furiosos estamos peor nos salen las cosas? Quiero decir -y que no se me malinterprete lo que expongo- que cuanto más bronca y odio tengamos la energía que transmitimos es más negativa aún. Y los proyectos, los planes, los escritos y, hasta las tortas, salen mal. Salen pésimo y no es por no poseer un trébol de cuatro hojas, o por haber roto algún espejo, o por haber pasado por debajo de una escalera. Simplemente, no estábamos felices.
Puede suceder (y no digo que no suceda) que estemos radiantes y los planes no sean los más adecuados, pero es la menor de las veces. Generalmente existe una predisposición interna que hace que las cosas salgan de mejor o peor manera. Tener suerte no es fácil y ser feliz no sé si será aún más difícil pero no debemos dejarnos vencer por la amargura. Intentar ser feliz ya es serlo, aunque muchos no lo crean, comporta ya una predisposición positiva y, por ende, también lo será su resultado.
Creo que el título de esta película, que todavía no vi pero con el que afortunadamente me topé, debería ser tomado como lema para transitar una vida de plagada de felicidad. El pesimismo es una enfermedad que avanza cancerígenamente y se apodera de nuestros órganos uno por uno. Buscar la felicidad, como los borrachos buscan su casa, nos permitirá ser afortunados, sin necesidad de poseer objetos que nos otorguen suerte. Esa búsqueda aleatoria, azarosa, sin rumbo fijo pero con objetivos claros hará que la suerte, que yace en nuestro interior, salga a relucirse en los momentos en que la necesitemos. Ya sea en forma de trébol o de cualquier otra forma.

Suerte Para Mi, Natalia del Valle Molinero mención de Honor I Concurso Anual Internacional
de Artes Plásticas Crepúsculo – cat. suerte