mención de honor VI Concurso Anual Internacional de Relatos Crepúsculo

de Héctor Daniel Torres Haro

Escribo cartas, muchas cartas. Estimado sr X, sr tachón. No me gusta como toca el saxo, una actriz porno amateur se la sopla mejor y con más técnica. Escribo cartas que no entrego. Estimada
tachón, pasar la noche con mujeres que comen con miedo es perder el tiempo. Si sabes volar te quedas callada y no dices nada. Las palomas blancas son lindas pero también te cagan. Nikki
dijo que me dejaría ahogar en mis vasos de agua, esa es su forma de tratar contigo, es demasiado madura en esto de andar ligado. Me ha dicho que soy su juguete de septiembre. Aunque me he
quedado un par de meses más. Me gusta tirármela. Ahora mismo empiezo una carta dirigida a ella. No quiero decirle que tenía razón. Eso es algo que no voy a aflojar. Pero fui yo el que
terminó rompiendo todo, con todo. «Nikki, los peces tienen seis segundos de memoria y no se ahogan en vasos de agua. Peces hijos de puta.» La memoria es una de esas cosas con las que tienes
que cargar pero también es una de esas cosas que te sirven para llevar tatuado en la frente que para volar primero hay que tocar piso. Es un mes de mi salida del depar que compartía con
Nikki. Es un mes y ella no ha dejado de gritar. Cierro los ojos y la veo llenando la bañera y hacer todo el rito de encerrarse con esencias, jabones, velas y espumas aromáticas. Palabras
como melisa y lavanda todavía me descomponen, desde ahí grita todo lo que tiene que gritar. «Puto». Rompió dos de mis libros y se metió a la bañera. Estoy sentado al pie de la puerta, tengo
las hojas del par de libros cerca, abro el empastado y busco su lugar. Debería largar de acá y dejarlo así, hablar me ha metido solo en problemas. Uno siempre quiere arreglarla y no espera
sino hasta el final. «Nicole estoy asando un par de pescados, sal y olvidémoslo por seis segundos» Hay un silencio incómodo de respuesta; de los que mantienes solo con las personas que se
han vuelto demasiado familiares. Pienso que esto se ha transformado en un juego de resistencia y no voy jugarlo sin un cigarrillo. Fumo más de lo debido desde que estoy con Nikki, pero dejé
los pinchazos atrás. Nicole sabe como emocionarme. Dejo lo que queda de Salinger en la mesa del comedor, salgo al descanso del balcón y le doy vida a un pito. Mis cinco minutos de cáncer,
pienso mientras leo las letras negras de la cajetilla. Me arrimo con los brazos al barandal que separa el balcón del borde de la acera La ciudad se extiende a ambos lados larga e
intransitable. Detrás de mí escucho un par de pasos desnudos. Es Nicol, con sus dedos largos y afilados en el seguro de la puerta de vidrio. Sé que va a echar cerrojo conmigo fuera. No
intento nada y le planto un mohín de hombros arriba. Cierra la puerta y sonríe. Los ojos le brillan. Yo también sonrío, ella deja de hacerlo y coloca la palma de su mano en la superficie
del vidrio, está triste. Si me acerco todo parecerá una peli con un guión cursi y malo. Decido quedarme de pie. Las nubes de esta ciudad se parecen a una enorme bestia negra que la devora
desde sus talones y la deja mojada en un negro gris que sume todo en un embotamiento leve y depresivo. De alguna forma extraña pensar esto me hace recibir la lluvia de mejor manera. Nicole
desaparece entre las cortinas, debe haberse largado hacer café o a servirse un trago que me caliente el genio y me haga gritar.

Hace frío, estoy sentado en el piso del balcón cruzado de brazos para no dejar escapar el calor, patético, no soporto el frío. Nikki regresa tras la puerta de vidrio, se pone cómoda. Me
mira, también fuma, su cigarro se consume lento. No he pedido que abra la puerta. Lleva encima mi remera de The Clash, le va bien con esos ojos negros. Nicol lleva adelante su venganza con
calma. Mostrándome el espacio que le corresponde a ella. Estira su brazo y brinda. Es irónica la desgraciada. También alzo el brazo, salud, pienso. Ha dejado de llover hace poco. Tengo su
celular y ella mi portatil. Ella revisa mis correos, a quién he escrito. Yo escribo más, le doy de leer más. Entro al chat y saludo a Alejandra, es guapa, lo sabe por eso es odiosa y
enfermiza. Hablo con ella, dice que esta fastidiada, dice que no quiere hablar de Jorge, su novio. Yo pienso que ella no lo quiere o ha dejado de hacerlo. Jorgito es un tipo con cemento en
los pies y a ella eso le frustra. Pienso que no sabe cómo deshacerse de él. No se lo digo. Hace tiempo discutimos porque ella tiende a decir cosas como «lo sé» Lo entiende todo y a mí eso
no me cabe en la cabeza. Esas palabras resultan demasiado virtuales. Se lo digo siempre pero ella nunca estará de acuerdo. Juego un poco más a comerle el tarro. «No pretendo romperte el
mundo princesa» Ella no responde. Creo que lo entendió y eso es algo difícil de tragar. Quizá piensa que estoy enamorado de ella, habría que probar. Alejandra escribe sin dejarse alcanzar.
Me aburre, la quiero. Cambia de tema, escribe algo sobre lo interesante que está la danza. Lleva practicando algo de un mes, lo sé pero igual pregunto. Ella dice que lleva el primer mes y
que está agotada. Luego sigue y le da por explicarme que la danza contemporánea que ella practica tiene como cometido expresar un mensaje mediante el cuerpo. « Como el cascanueces, o algo
así. Se hacen obras así» Le digo que en lo personal pensaba que el cuerpo como medio para la expresión era una generalidad de la danza. Ella me corrige argumentando que muchas veces el
mensaje puede ser interpretado de diferentes formas. « A cada quien se le da lo que quiere y puede mezclar muchas cosas. Por ejemplo, imagina hacer una obra que se titule la melancolía en
el paraíso.»

Yo no sé de qué va todo esto y no entiendo qué tiene que ver el casca nueces con la melancolía en el paraíso. Imagino un par de posibilidades pero me las guardo. Creo que la Alejandra
quiere hacerme sentir bien como lo último que le queda conmigo, así que pregunta y qué tal tu día. Le cuento un poco lo que está pasando, y no demora en aconsejarme que salga de aquí. Le
digo que no puedo hacerlo porque estoy solucionando las cosas con Nikki. Ella dice que salga rápido de esto «eres bueno escalando paredes» Lo haría, digo, si tuviera a donde ir. Los dos
saldríamos de todo esto pero no se ha presentado algo más interesante en qué meter la cabeza y a ambos nos fastidia toda la parafernalia de los nuevos encuentros, creo que somos demasiado
apáticos para dejarlo y por eso seguimos en lo mismo. Pregunto por qué soy bueno escalando paredes. «Me lo has contado gordito, una historia, la vez que habías estado …» «No, no fui yo
Alejandra.» «Sí que has sido tú.> «No, fue el tipo que pagó los tragos.» « ¡Ah! Pero tú has estado con él.> «No» Alejandra quiere salirse con la suya. Me fastidia lo suficiente como para
confirmar que lanzarme de un solo salto a su cuello sería lo peor que podría hacer. <Jorgito no te deja levantar vuelo, por eso andas así, hartante> La Alejandra seguro se descompuso y se
altera rápido por lo que le dije. «Si es así, no me escribas más y suerte» Hace tiempo que dejé de desearle suerte a la gente, lo hacía todo el tiempo al despedirme. Suerte, ¡Hey! Suerte,
suerte, suerte. Me copia la despedida, es sarcástica también. La suerte es algo fatal si te lo piensas. Cierro el chat y me doy tiempo de borrar a la Alejandra.
Nicole está enfrente de mí, no he reparado en ella mientras jugaba a ligar por internet. Está molesta, tira un par de cosas al piso y grita. No la escucho, es una danza bellísima. Pero me
han jodido y no quiero saber nada de danzas contemporáneas. Sí Nicole, dale, sigue. Acá, de este lado nadie te escucha. Nicole nota que no le doy mayor importancia aunque se esfuerce
improvisando y se queda en pausa. Para improvisar algo también se necesita técnica y entrenamiento. Se acerca al seguro de la puerta. Si estuviera en cuatro y con los caninos más afilados
quedaría fascinada viéndome mover la cola de las ganas que tengo de largar de acá, daría vueltas como loco y no pararía. Ella sonríe, me encanta como lo hace. Nikki tiene el rostro
delicadísimo, los rasgos precisos, y los ojos más grandes que he visto en una mujer corriéndose, eso me excita. Abre la puerta, se acerca despacio y se sienta frente a mí fumándose su
seguramente tercer cigarrillo. No hablamos y todo va tranquilo. No quiero besarla, ni abrazarla, ni pedirle disculpas. Pero sé que si llega el momento de hablar lo más fácil es empezar
primero, así que cuando tenga oportunidad me tiro sobre ella «Qué haces acá muñeca» «No tengo idea» La cosa va bien, si conozco algo a Nikki sé que tengo que hacerlo rápido antes de que se
decida por cerrar la abertura que me ha mostrado. «Mi primo tiene una máquina, es una maquina veloz, él la mantiene limpia y cuida de su motor. Ama andar con ella y a empezado a entender
que nadie puede montarla mejor que él.> Nicole me mira sacada de líneas esperando que siga. «No hay nada mejor que rodearla con las piernas, ella es caliente. La montas pensado sólo en
salir con ella a correr unas curvas largas» Espero su respuesta, ella entrecierra los ojos y esconde su sonrisa de labios delgados en un mohín oscuro. Lo está pensando, sé que lo está
haciendo. Se muerde un poquito el labio, eso me mata. Acerca sus carnes tomándose tiempo, pesándosela más de lo debido. «Te amo» Me da un beso que me calienta lo que llevo en los
pantalones. Estoy seguro que no funcionará más y hago lo de siempre. Me abalanzo sobre ella y pongo nuestros sexos como medio de socavar el amor. Pienso en arrancarla de mi remera de The
Clash pero se la dejo por placer y la cojo ahí mismo.
La última hora la he pasado mirando al cielo pensando en que la lluvia de ayer me mantuvo conectado con algo arriba. Si es así no podía caer. Nikki pregunta qué pasó con Alejandra. Le digo
que tengo todo lo que las mujeres, tal vez, necesitan saber. Ella se ríe de mí. «Adoro tu personalidad cuando estamos solos Nicole.» No se esperaba un regalito en mitad del juego. «Hay
demasiadas mujeres tomando comprimidos con penes de papel dentro, pero esa droga no hace nada más que dejarte pasar el rato». Nicole vuelve a reír pero esta vez seguro no es de mí. «Vos
llegaste a cogerme por lo que dices, no hay de otra» Dice, dejándome en claro que todavía seguimos jugando. No sé qué contestarle. «Pensé que era por mi voz nena», improviso. Será mejor
desaparecer de aquí, antes de que a ella se le ocurra cambiar. Nicole es del tipo de mujeres que no le importaría auspiciarse la bebenta a cambio de propinarle una mala paja al dueño de un
bar. No quiero verla flaquear. En la tarde luego de cogérmela un par de veces más salgo de ahí.

Recuerdo eso y me veo regresando a lo de Nikki, ella me dio tiempo para pensar pero nunca pensé en ella. Algo así, no se puede escribir en una carta. Creo que no hay forma honesta que valga
para escribir algo así. Mientras camino le voy dando sus caladas al pito de marihuana que se lo maree a un hippie y paso la seca con un trago malo que resbala dentro raspándome la cañería.
La droga me estimula un poco y me da pie a una fantasía, pienso en subir las gradas hasta llegar al depar, en acomodarme un poco el cabello, llevarle flores y abrirle mi corazón. Es una
fantasía de siempre, masculina y femenina también. Nicole abre la puerta, sigue usando mis remeras. Se ha teñido el cabello de un rubio que atrae y resalta el notable trasero que el yoga le
ha regalado. Empiezo «quién mierda lleva un marco colgado del cuello para tomar cerveza en un neo-hippie-rock-bar.» Ella no entiende lo que digo y empieza a reírse de mí. Sabe que el día no
ha ido bien, la botella de trago malo que llevo en la mano lo grita todo. «Un piltrafa profundo con el corazón del arte en el pecho» Acabo de un sorbo la botella y tiro el embase al
estacionamiento. Cae seis pisos hasta estrellarse en el parabrisas de un Audi TT RS Cupé. El sonido del cristal roto, el ulúlelo de alarma y los perros aullando me ayudan a respirar. Pienso
que yo también tengo el corazón del arte pero que lo saqué a patadas. Nikki grita imbécil y seis pisos abajo se empieza a azorar una asqueante sensación de desamparo. «No Nicole, cretino,
eso soy, un cretino y somos muchos acá.> Paso junto a ella casi empujándola, voy a la nevera y saco una cerveza, ella sigue sin entender. Son las dos de la mañana y he caminado tres horas
desde que la Alejandra agarró su mochila y se largó del brazo del soquete con el corazón del arte. ¿Está bien eso? Recuerdo que me preguntó un tipo que tenía cerca. «Ese culo puede hacer lo
que quiera.» Nikki está contenta, ahora se ha puesto interesante para ella porque estoy a punto de escupirlo todo, porque está en medio otra mujer, porque sabe que no sé hacerlo bien con
ellas y porque va a ser genial ver como se rompe en la puerta de tu casa el tipo que no has visto hace un mes atrás. Así es esto. Tomo otra cerveza y recuerdo respirar. «No entiendo, yo
también pensé que lo entendía pero no lo entiendo> > Trato de reducir las revoluciones pero encendida la máquina esta tiene que correr. Nicole no dice nada, me mira, está nerviosa con las
manos en las piernas. Nota que la miro y su tacto se hace más leve. Me deja ver lo que hacen sus dedos. Tomo otro sorbo y la invito a bailar al balcón. Bailamos, ella me besa. Esta
caliente, me siento bien. No hay Sinatra, ni sonido de vidrios rotos. De todas formas bailamos, despacio. Empiezo a escuchar una extraña música. Ella pregunta cosas y yo no contesto nada.
«Así no es fácil» dice «Pero es la mejor forma de cuidarse Nikki.» Ella pregunta qué paso. «Nada, no había ningún lugar a donde correr. » Nicole busca mi cuello y lo muerde despacio, yo
levanto la remera que lleva encima para develar un cuerpo de baños en crema que lo mantienen vivo siempre. Le meto mano y dibujo en su espalda, dibujo fresas. No lleva sujetador. Le doy dos
vueltas, ella se deja ir. Retrocedo tres pasos y cierro la puerta de cristal por dentro. Nikki regresa a mí con una mirada nueva. Seguro olvidó por un minuto que esto era un juego. «Las
cosas se acaban corazón, pensé que lo entendías.» Nicole esta en el balcón y a empezado a gritar. «Abre la puerta, abre la puerta hijo de puta, abre de una puta vez mal parido hijo de puta»
El frío no pierde tiempo y le pone los pezones duros. Yo tengo de vuelta mi camiseta, busco más cerveza y todas mis cosas, encuentro la máquina de escribir de un amigo, encuentro mis
carboncillos y un par de dibujos y todo el papel que encuentro entra a una funda negra, también las pastas del par de libros. Me acerco a la puerta de cristal. Tenía que hacerlo, tenía que
haber desquite. Ella sabe que no abriré la puerta pero me lo pide. La veo y me parece que a sus espaldas el balcón se llena de pompas de jabón enormes, bellísimas, flotando. Hay unas que
chocan entre sí, unas que no duran un segundo y estallan, otras que se tragan una a la otra y pocas que flotan solas alejándose del grupo hasta reventar suavemente dándole sentido y ritmo a
la pausada y lenta canción que tengo en la cabeza. La miro, no puedo sonreír. Doy vuelta en talones y salgo de ahí. En el estacionamiento, hay un tipo llorando por su auto nuevo,
reclamándole al guardia desde su bata de baño crema haberse quedado dormido. El tipo del auto nuevo se me acerca, pregunta si no he visto nada. Me llevo la mano a la cabeza veo la botella
atravesando el parabrisas y le digo que no, que debe haber sido un cretino.
Maxel Supertramp

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