MOVIMIENTO, ESPACIO Y MÚSICA

Por Ernesto Méndez

El movimiento para los humanos siempre fue una necesidad, nacimos nómades. Cubrir grandes distancias, espacios, como queriendo vencer desafíos invisibles. Hombres avanzando, en movimiento constante con rumbo a un nuevo reto, llegar a donde nadie lo había hecho antes. El primer desafío a ese movimiento fue la tierra, después llegó uno más amplio que fue el mar y por último el más vasto, el espacio.
La noche previa al vuelo del Vostok 1 su piloto no debió dormir muy bien por el ansia de próximo gran movimiento, también debió ser así cuando el despegue se retrasó. Estaba solo en el vehículo espacial y lo único que pudo hacer para relajarse en la espera fue escuchar algunas canciones rusas de amor. Ese 12 de abril de 1961 el movimiento de Yuri Gagarin alrededor de la tierra duró solo unos 108 minutos, lo suficiente para llevarlo a la historia. Fue la primera persona en ver la tierra desde su órbita, los continentes y los mares.
¿Habrá tarareado alguna de esas canciones de amor Gagarin en órbita?
Casi todo en el espacio está en movimiento, las dos primeras naves que igualaron sus movimientos en el espacio fueron las Gemini 6 y 7, un 15 de diciembre de 1965. El primer acoplamiento en el espacio, pero también fue la primera misión en recibir una “wake up call”. Es decir, una canción enviada por Control de Misión en tierra a manera de alarma matutina, en aquella ocasión se trató de “Hello Dolly”, cantada por Jack Jones. Desde ese momento la música fue otro pasajero en el movimiento de la conquista espacial. Los tiempos de permanencia en el espacio se ampliaron y eso hizo que la música no solo fuera un despertador, sino una compañía necesaria en los momentos de inactividad de los astronautas.
En la Gemini estaban a bordo Walter Schirra y Thomas Stafford, quienes también fueron partícipes de otro hecho histórico. Reportaron el avistamiento de un objeto volador no identificado y durante sólo 17 segundos se escuchó la melodía de “Jingle Bells”, la canción navideña más famosa. Los astronautas habían interpretado la melodía en vivo con una armónica Hofner, “Little Lady”, y unas campanas pequeñas que la acompañaron. Esos fueron los dos primeros instrumentos tocados en el espacio, mientras los módulos se movían en órbita terrestre. El primer acoplamiento en movimiento y la primera interpretación musical en el espacio ocurrieron en una misión espacial que solo duró del 15 a 16 de diciembre.
Se había probado con demasía que el hombre podía dejar el planeta, orbitar en módulos a su alrededor observando la tierra y volver. Pero había algo más, una frontera que se podía ver todas las noches moviéndose en torno a la tierra. La Luna era ahora la frontera y donde el movimiento debía llevar al hombre en su próximo salto, no solo como exploración, sino como una demostración de poder entre el conflicto político que se desarrollaba entre Estados Unidos de América y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, conocido como guerra fría. Ambos países con movimientos políticos opuestos, capitalismo y comunismo.
Durante el viaje del Apollo 10 se recibieron varias “wake up call”, pero en ese movimiento de prueba antes de intentar la gran travesía los tripulantes llevaron un casette y un reproductor con varias canciones. Una de ellas fue “Going Back to Houston”, que se convirtió en una especie de talismán místico musical de los astronautas. También en ese casette estaban “Moonlight Serenade” y “Fly me to the Moon” esta última en la versión que tal vez más se conozca en el mundo, en la voz de Frank Sinatra. También esta canción fue protagonista de la siguiente jugada espacial.
El gran movimiento hacia la última frontera fue a bordo del Apollo 11 y fue una misión sin las musicales “wake up call”, los tripulantes Neil Armstrong, Edwin Eugene “Buzz” Aldrin y Michael Collins prefirieron escuchar en el viaje noticias y deportes. Aunque uno de ellos, Aldrin llevaba un reproductor de casette con el cual reprodujo “Fly me to the Moon” cuando llegó a la superficie lunar, convirtiéndose en la primera canción reproducida en el satélite.
Unos días antes de este hecho histórico, el movimiento creativo del gran David Bowie había lanzado al mundo un sencillo con la canción que terminaría siendo un clásico, Space Oddity, que sería parte del disco del mismo nombre que saldría en noviembre de ese inolvidable 1969. Su letra habla de un ficticio Mayor Tom y su viaje al espacio, incluye una cuenta regresiva, referencias a la falta de gravedad y a la soledad que produce el estar a miles de kilometros de todo. El final resulta bastante trágico, el regreso no es posible debido a un desperfecto en la nave: “Your circuit’s dead, there’s something wrong”, comunica el “Ground Control”. A pesar de relatar una tragedia, la BBC decidió que era la canción perfecta para usarse en la musicalización de su cobertura del alunizaje.
¿Los hombres habían derrotado la última frontera del movimiento? Pero ¿el universo que tan extenso es? Aún la capacidad del hombre de poder moverse más allá del satélite era limitada y casi nula. Los objetos que había construido para esos fines podían cubrir ese espacio.
Las naves Voyager 1 y 2 intentarían explorar más allá, en un movimiento que le llevaría décadas hasta terminar su recorrido destinado, perdiéndose en la inmensidad del espacio. Ambas hermanas exploradoras llevaban con sigo un disco de oro, en el sonidos e imágenes que representan la diversidad cultural, la tecnológica, la naturaleza y la biológica terrestre que fue seleccionado por la NASA y un comité científico que presidió el astrónomo, astrofísico y divulgador científico Carl Sagan. La música no podía estar ausente en este viaje espacial, así que otra sección del disco reúne veintisiete canciones de diversas latitudes y que van desde música aborigen a grabaciones del siglo XX, de Beethoven y Mozart a Louis Armstrong y Lorenzo Barcelata y el Mariachi México. Una pequeña anécdota es que Carl Sagan pidió permiso para incluir la canción “Here Comes the Sun”, de The Beatles. Ellos aceptaron, pero la discográfica EMI se negó, con lo cual evitó que una creación del cuarteto abandonara la Tierra.
En su afán de movimiento de exploración, en el año 1977, el hombre decidió mandar una muestra de lo que era y es al espacio. Con pruebas de como el movimiento del tiempo los había forjado a través de la historia en sus lenguajes, la biología, los sonidos de los habitantes de la tierra y su diversidad de movimientos musicales. Dos muestra de su identidad viajando en la oscuridad, más que exploradoras, muestras de lo que somos moviéndose en dos capsulas del tiempo alejándose de la tierra hacia lugares que los hombres no pueden imaginar.

Tamara en Bugatti verde – Tamara de Lempicka