UTOPÍA

Por Miguel A. Montoya Jamed

Literalmente, “utópico” significa “lo que no está en ningún lugar”.
Tomás Moro acuñó el término “utopía”, que describe una sociedad perfecta en todos los sentidos.
Utopía fue publicada, por primera vez, en Londres en 1516, en latín y con un texto inexacto.
Moro lo corrigió y se lo envió a Erasmo, que salió en París en 1517, también con errores. Luego Erasmo publica una tercera, en Basilea en 1518.
Moro pretendió describir un Estado ideal. Un Estado al que no hubieran llegado los principios cristianos y que estuviera dominado por la razón natural. Ese Estado, sería Utopía. (Tomás Moro- Utopía-Ed. Edicomunicación, S.A.- Año 1994)

Desde entonces, “Utópico”, dice de lo “modélico”, de lo “perfecto”.
Lo que no está en ninguna parte es “utópico”.
Como ser-en-el-mundo, el Hombre es “ser descubridor”. El concepto de Verdad, es “estado de descubierto”.
Por eso a los Hombres nos moviliza una Utopía.
Seguramente, no desde entonces. Si no que desde la acuñación de Tomás Moro ese “algo” en el Devenir, tuvo un nombre.

El Hombre debe buscar un camino. Un “camino con corazón” y habitarlo. Y eso es la Vida. El ser del Hombre es la acción, dice Hegel.
El Hombre busca “ese lugar”… lejano y tal vez, como incertidumbre, no inexistente. Por eso va hacia la utopía que lo moviliza.
El Hombre busca ese territorio donde sea posible la Tranquilidad- asimilándolo a la definición de Tomás Moro.

Yo conceptualizo la felicidad en el concepto de Tranquilidad.
Tranquilidad: conformada por objetos esenciales de la Vida, como: Salud, Relación con el Otro y con el otro, Trabajo -no en el concepto capitalista- o al menos teniendo esto en disputa. Tiene como sinónimo “felicidad”.
Tranquilidad es el concepto.
Felicidad es un sinónimo; que se relativiza, se frivoliza, se desgasta y confunde, se utiliza. Es objeto de intercambio del mercado. Es un vocablo debilitado en los discursos del poder político.

El Hombre busca ese “Estado”, ese Territorio para habitar. Tiene necesidad de ese estado de Tranquilidad.
Tal vez en la salida del mundo animal hacia la construcción de su mundo histórico y hablante, el Hombre construye esa necesidad primitiva, de “llegar” a ese Lugar donde puede realizar sus Deseos. Donde sea posible su estado de Tranquilidad. “Llegar” desde la búsqueda.
Y ese “lugar”, que se convierte en “no-lugar”, al fin es uno de los objetos que constituyen la in-conclusión del Sujeto.

Sobre esto digo:

El Hombre es el Tiempo

Sujeto:

Al concepto de “Sujeto” lo constituye “la in-conclusión”, el “haciéndose- Sujeto”.
Contiene: “el Ser” y “el no-Ser” como lo uno y lo mismo.
El Sujeto es y no es (Heráclito: “el Ser es y no es”).
El concepto de Sujeto manifiesta el Devenir.
Sujeto es: Ser Sujeto haciéndose Sujeto.
Decir Sujeto, es proponer en la cotidianeidad una representación de la Vida, que es Devenir, puro Devenir; que es: “el haciéndose”, que es: el ser-otro siendo el mismo, que es: Voluntad como: “ir a lo que adviene”.
Todo esto expreso cuando digo Sujeto – por eso algunos dicen: que es una palabra pesada; claro: es una palabra de Filósofo, de quienes han logrado entrar con su pensamiento individual en el pensamiento colectivo.

Entonces: El Presente es Devenir

“Lo racional y lo concreto es la realidad determinada por el principio del cambio” (p.65- “La dialéctica de Hegel” – Gadamer)

El ser del Hombre es el Devenir; como bien lo dice Nietzsche.

El presente es Devenir; y ahí está la dialéctica de la realidad. Esto determina la dialéctica de la realidad.

El Hombre es dialéctico porque su Ser es su no-Ser. Su presente es Devenir.
Dice J. Hyppolite en la Fenomenología: “El Ser del Hombre, no es nunca lo que es, siempre es lo que no es”.

En cuanto al Tiempo:

Sólo hay devenir y pasado.
Esto es otro modo de decir que somos el Tiempo.
El pasado es la consecuencia del devenir; puedo decir: sólo somos Devenir.
Entonces: No hay Presente
                     El Presente no existe
                     El Presente no tiene extensión
Ser-ahí
¿Será eso, ese instante del pasaje y lo que queda en el pasado, el Hombre, la Vida humana?
Y por otro lado: (puedo decir) Sólo hay Presente: el Ser-ahí (Sujeto) es el Presente.
(Presente: como la conversión de devenir en pasado).

Conceptualizo Voluntad, como:

Voluntad: es ir al encuentro del Devenir.
Es estar expectante al Devenir.
Es disponerse al Devenir.
Ir, estar, disponerse es construir-construyendo la (libertad) Voluntad.
Libertad y Voluntad no son sinónimos, pero se asimilan.

Entonces, puedo decir que la Voluntad tiene relación con la Razón; ya que (Kojeve, página 47, de la “Dialéctica del Amo y del Esclavo”), dice: “La Razón nace de la Acción (negadora de lo dado)……”
La Voluntad que es el ir al encuentro del Devenir, despliega una acción en el sentido de la Razón (negadora de lo dado).

Otro concepto que propongo, que no se opone al anterior, es:
Voluntad: Es una constitución en el pensamiento y después una manifestación en el cuerpo. Se constituye como ser del carácter.
Voluntad obstinada: es tener conciencia de esta Voluntad, darse cuenta de la Voluntad. Es La Voluntad en sí misma.
Y a estos conceptos propios de Voluntad, me remiten:
Hegel, dice: “El Ser verdadero del hombre es su acción”.
Nietzsche, dice: El Ser es devenir.
El ser es lo vivo.
Entonces: puedo pensar al Ser como Voluntad. Y ahí asimilo Acción Hegeliana con Voluntad, si es que acción es: ir al Devenir.

Camp / Die Brücke | Wols

Por lo tanto: el Devenir debe tener un contenido, en el dominio de la Conciencia – puesto en la Conciencia- y ese contenido es “Utopía”.

No está bien asimilar Utopía a proyecto. Un proyecto es referente a la construcción de nuestro mundo histórico.
La utopía trasciende eso y lo trasciende desde objetos de esa construcción del escenario de la Cultura, en la que somos protagonistas. En el proceso de humanización.
Somos humanos-humanizándonos.

Unas preguntas, a esta altura de mi reflexión, es: ¿Todos los Hombres tienen una utopía?
Y aquí las respondo, como “un pensamiento abierto”:
No todos, al menos conscientemente.
El pensamiento calculador, el mercado en lo cotidiano, obstruye la significación del contenido del Devenir, que apunté anteriormente. Lo captura al Hombre y lo deja dando vueltas alrededor de la apelación de lo que hace falta y no lo deja escuchar la apelación de lo conforme a esencia.
Y esos Hombres coaptados por la construcción de artificios, cargados de necesidades superfluas, en un proceso continuo de De-Subjetualidad, sólo tienen proyectos de adquisición y acumulación. “Patología de la normalidad” de la sociedad contemporánea. (entre comillas, un concepto de Erich Fromm)
El contenido de la Utopía lo llevan en el Inconsciente (personal), en el dominio de lo reprimido, y en tensión con la satisfacción de sus necesidades creadas por el sistema de convivencia, les provoca estados neuróticos. Nuestra sociabilidad es neurótica.

¿Sólo tienen Utopías los Hombres que tienen ejercicio de reflexión?
No. El Hombre con tareas cotidianas y con urgencias cotidianas, que no tiene en esas tareas un ejercicio de reflexión. Tiene sus utopías guardadas en el Pre-Consciente, en ese lugar de lo reprimido pero que puede ser puesto en lo Consciente sin la ayuda del Analista. Lo pone en palabras en su intimidad y lo realiza en sus sueños. Tal vez lo confunda con “grandes proyectos”, con “locuras”, y de ahí la manifestación sólo en la intimidad.

Una figura sencilla y tomada de la cotidianeidad para significar la Utopía, es: esa reverberación que en verano se ve en el asfalto y simula ser agua en movimiento, y caminamos hacia ella con la intención de meter ahí nuestros pies y no nos es posible porque se aleja siempre está más adelante que nosotros. Eso es la Utopía.

No acuerdo a quienes asimilan Utopía a Esperanza.

La Esperanza; es un artificio que fuga de lo humano (Humberto Maturana).
No se relaciona ni con la Voluntad, ni con la Libertad.
No se relaciona ni con la Conciencia, ni con la Autoconciencia.
Tiene que ver con la seguridad de la nada. Reprime, desprecia, ignora la incertidumbre de algo. De un algo que adviene, puesto en, o desde un momento en la exterioridad, que es objeto de la existencia; que es lo que concluye la expectativa. Lo concluye con la inquietud, con la incertidumbre, con la inseguridad, que son humanos.

La Utopía nos pone en movimiento.

El mundo es eterno

“El Mundo es eterno”- Heráclito
Este es el misterio original.
Cada individuo construye su mundo. La construcción del mundo, son las actitudes frente a los misterios. Frente a las incertidumbres.
Todo es ilusión.

¿Por qué vivir, es: apostarle a la vida?

Una definición de Libertad

apostarle a la vida, es reconocer su brevedad. Es una actitud que considera la muerte.
Ahí: debe fundarse, la intencionalidad permanente por intensificarla.
La extensión es figurativa, aunque establecida, es determinable socialmente; es objetiva.
apostarle, significa al proceso de Subjetualidad; esto es: romper la extensión como determinativa, a modo de poner en un espacio y tiempo que inmediatamente figura límites, hasta des-figurarlos, hasta des- naturalizarlos, hasta entenderlos como la Utopía.
Los caminos son: el pensamiento, la razón, el conocimiento, la intuición, la reflexión, la duda, la Voluntad. El Deseo y la búsqueda de su realización.
El camino, es: el que proponga el Sujeto, para construir su Libertad.

La Libertad, es la ruptura de aquellos limites; de ahí lo utópico, lo vividente.

Si no reconociéramos –sin conocer- la muerte, no habría para qué apostarle a la vida.
La muerte le da el sentido, a la actitud de apostarle a la vida. Otra forma de la paradoja .

Autorretrato | Egon Shiele

No existe la meta, no hay un fin, no hay un camino que nos lleve a alguna parte. Eso es un artilugio inventado por algún artificio oculto del poder.
Lo importante es el camino, es lo que existe. Un camino para habitarlo. Y ese debe ser un camino con corazón.
(las enseñanzas de Don Juan, el Chaman Yaqui, a Carlos)

Vida

La Vida es la Vida; y eso es: está poblada con la belleza, toda la belleza está en la Vida.
Y está poblada con dolor.

Existencia y Vida

Pensar la Existencia, tener en cuenta permanentemente la Existencia, sentir la Existencia; es tener una voluntad obstinada por la Vida.
Si tenemos una voluntad obstinada por la Vida, la Vida misma nos recompensa; esto es: la Existencia se intensifica.

Dice Nietzsche, en “El Viajero y su Sombra”: “ y nos recompensa ya de toda mirada atenta que le lanza nuestro reconocimiento, que no deja escapar ninguna ofrenda de la vida, aunque fuese la más pequeña y la más pasajera. Ella nos da, en cambio, la ofrenda más grande que pueda darse: nos devuelve la tarea”.

Las Utopías sostienen o simulan lo inextenso del presente, son las que posibilitan ir al Devenir.
Tienen que ver con la Voluntad.