ESTESERÁMIFUTURO

Por Alicia País

No existía duda alguna en que Eloísa siempre fue afable y soñadora.

Elegía rincones dentro de la casona o en el amplio jardín, solamente para imaginarse alguna historia con final absolutamente feliz.

Solía fantasearse como una princesa, bella y esbelta, dulce y culta de un remoto reino llamado “Esteserámifuturo”.

El viejo rey de esa comarca se encontraba tan enfermo que no tenía ya la fortaleza para dirigir los destinos de “Esteserámifuturo”

Su hijo, un encantador príncipe de inmensos y profundos ojos azules recibió los atributos reales al abdicar su padre en su favor.

Una mañana libre y neblinosa, el príncipe y su séquito salieron de cacería por los bosques tupidos de “Esteserámifuturo”.

Las maravillas del príncipe como apuesto caballero, hábil cazador, noble y generoso soberano, llegaron a los oídos de las doncellas de la comarca.

La caza había sido productiva y el día bastante agotador por lo que se sentaron a descansar en un claro del bosque.

Un consejero del nuevo rey insistía con la idea de hallar una hermosa reina, casi lo único que podía faltar para que “Esteserámifuturo” fuera el mejor lugar del mundo para habitar.

El rey prometía analizarlo pero no había aparecido aún el encastre perfecto para sus sueños y aspiraciones.

La princesa Eloísa, también compartía nombre con la joven soñadora, salió a trotar en su caballo de blanco impecable, por los bosques de “Esteserámifuturo”.

Parece ser que muchas veces las fuerzas del destino se confabulan y surgen los encuentros mágicos.

Circo | Marc Chagall

Aún así a la joven Eloísa le producía placer prolongar en las escenas de su pensamiento, los momentos en que estallaría el amor en un encuentro casual entre el rey y la princesa. El soberano se apeó de su caballo y con las manos cruzadas en su espalda y la mirada hacia la tierra húmeda del bosque, caminaba lentamente en tanto reflexionaba sobre su futura reina. Finalmente el rey y la princesa se encontraron frente a frente y como si los hubieran alcanzado polvos de hadas, los sorprendió un sentimiento súbito y amoroso. – ¡Eloísa! Gritó su madre. ¿Siempre tengo que llamarte para que hagas tus tareas? ¿Dónde estás? – Voy mamá. Eloísa reapareció decepcionada desde su escondite, tratando que no descubrieran su espacio íntimo. – No tengo opción, dijo para sí. Pero algo había descubierto. Perseguir utopías sería su destino final.

FIN