EL MAPA ES EL SUEÑO

Por Noelí Mastandrea

La cosa empieza más o menos así…

Allá por el 1516 un tal Tomás Moro, planta un libro al que llama “Libellus”… libro del Estado ideal; se siembra ahí la posibilidad de pensar/ soñar/ilusionar una República en la nueva Isla de Utopía… (Y ¡zaz!, caíste). El libro se desarrolla en dos partes; la primera se traza en un diálogo que girando en filosofía, política y economía (inglesa, claro) presenta, como quien se dispone a jugar un chinchón con las cartas en abanico, la República posible…; es ya en la Segunda parte del libro (donde el don se juega a cortar la mano con menos diez) en que desde la narración unipersonal de un imaginario versa sobre la isla de Utopía, planteándose ilusoriamente un no-lugar… ¡y ahí te ves!, allá empieza y acá estamos.
Utopía era una isla idílica, ubicada cerca de las costas de América del Sur; sus habitantes habían logrado el Estado perfecto: convivencia pacífica, bienestar físico y moral, y el disfrute común de los bienes. Una comunidad… pacífica (ficticia, y pacífica), donde se establece la propiedad “común” de los bienes (sin dueño) y donde las autoridades son determinadas mediante voto popular (no olvidar que a esto… Siglo XVI).
La sociedad creada en el pensamiento, idealizada, con su capital Amaunoto (del griego sin muros), regada por el Río Anhidro (sin agua) y regida por Ademo (sin pueblo), de ahí la conducción de la palabra hacia no-lugar. Y como brochecito, ¿cómo es que el personaje protagonista descubre éste lugar?, ¡pues claro! Desviándose de su ruta.
Don Tomás plantea esto en pleno reinado de Enrique VIII, a quien le “servía” (no de serle útil, claro) las palabritas que éste quería leer. No hace falta ser un clarividente para dibujar la suerte de éste muchacho atrevido que sueña otras Repúblicas posibles, sin propietarios de propiedades, sin muros y con trabajos rotativos a modo de enriquecer el espíritu de quien quisiera asomarse a un quehacer con la posibilidad de llevarlo a cabo de a seis horitas diarias, con ocho para dormir y con el resto para dedicarse al arte, a la música o a lo que su corazón de ser libre le dictara… ¡pues claro! Adivinó señora/señor…. Un 6 de Julio la suerte de la guillotina cayó sobre el cuello que sostenía ésta cabecita soñadora (ups!).
Es así que desde los albores éste bello concepto no se anda con chiquiteces… Por estas horas estamos en condiciones de pensar que utopía es ya un constructo (1) …, simbólicamente, el mapa es el sueño.

… Lunes 3:00 A.M.

Por alguna de esas razones por las que uno comienza a mover las fichas (o a descartarse, si seguimos en este plan de jugar chinchón con las palabras, para encontrar esa carta que siempre te queda en la mano imposible), es que se presenta la posibilidad de andar un viaje. El camino comienza en la propuesta de un amigo, como quien no se da cuenta que de pronto te convida agüita de manantial en medio del desierto que muchas veces pueden ser los días. La cosa es que en medio de la comunión que es la conversación con la gente querida sale esto; (en ya otro encuentro): “vos sabes que un amigo que anda ahí en un espacio de escrituras me chista pa´que me ponga a decir alguito acerca de la Utopía” (¡vaya convite!). La respuesta del interlocutor es contundente, una catapulta al pensamiento del constructo: “¡que lindo, un desafío ché!…, porque podés escribir el mejor texto de tus días, lo más lindo, o lo que más se acerque a tu pensamiento….y nunca va a estar terminado”, (y sigue), “Aún teniendo la genialidad y capacidad de síntesis de Galeano, (cita sobre cita/ meta-cita)… “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”. Y ahí te ves, al decir del querido Julio C., me caigo y me levanto.

Vuelta al barro, caminar entonces, ¿para que?, ¡andá saber!, ¿hacia dónde? La construcción de mundos posibles…, una idea que sabe a “tofu” (si, ese queso que no es queso, algo que está ahí… uno ve el tofu e indudablemente está ahí… pero no “sabe” a nada, en absoluto).
Tantas veces, en tantas otras conversaciones, cuando uno se encuentra versando en el súmmum del sueño, alguno saca la gomera y te tira con un “bueno, sí, pero…eso es una Utopía!”… y otra vez, al suelo cual paloma ingrata; entonces ¿utopía mientras se está en el aire?, sí… flota, es el cielo… de paja, de chapa, de bovedilla…, de ladrillos de estrellas, mirar pa´rriba y soñar posibilidades ¿entonces?, redoblo apuesta y tengo menos diez, ¿utopía? pa´volar.
A todo esto, el horizonte… los sueños, el anhelo, el deseo. ¡El deseo!: zanahoria del humano errante; el Quijote de estas tierras que no se contenta con que “es lo que hay”, esa necesidad de molino para andar y que… ¡Menos mal! … menos mal Dulcinea, menos mal Sancho Panza, menos mal… el camino.
Entonces, aún en el andar de la Utopía, personal, cara de la singularidad, no somos nada sin el otro y (frase gustosa) ¡qué con la otredad! La utopía sin el otro es andar sin el camino; el Quijote sin su compañero y su amada, sin molinos, el Quijote sin Quijote.
El sueño y la utopía, ¿es correcto nombrarlos así juntitos?, no lo sé, sólo se presiente que no uno sin el otro. Se teje así el cálido sueño pa´pasar el invierno. Tejer el movimiento sempiterno de los días, pero sobre una hamaca…, hamacarse estirando mucho los pies para llegar a la punta del árbol más cercano (y que está lejísimo). Del árbol al cielo, y la vuelta, encoger las piernas, con los piecitos en punta para tomar envión y otra vez estirarse porque ésta vuelta no, pero la próxima sí lo alcanzo…, Y así el árbol que cada vez más cerca, y los pies que cada vez más lejos, pero cae la tarde, y con ella el fresco, y los mosquitos, y hay que volver adentro, pero quizá mañana… Al decir de don Eduardo G. “Hay un único lugar donde ayer y hoy se encuentran y se reconocen y se abrazan. Ese lugar es mañana.”
La Utopía, que es un poco como los mosquitos del atardecer…, te pica justo donde no te podés rascar, para recordarte que es hora de volver a casa y mañana volver a la hamaca, momentánea pero sempiterna, infinita en el vaivén, esperando en el mismo lugar donde espera el árbol que nos queda, con la punta del pie estirado, más cerquita del cielo.

Deconstruimos entonces el constructo porque ¿hay una definición instalada o instituida?; la Utopía es de esas categorías con una fuerza, una carga de sentido que incluso excede su propia crisis.

… crisis y creación

En dichos de Don A. Artaud “Ya no creo sino en la evidencia de los que agita mis médulas”. Utopía como universo de posibilidad que conduce a… siempre en potencia.
Que te pregunten que pensás de la Utopía es como que te pregunten que pensás de la vida.

A todo esto supo cantar Don Serrat:

¡Ay! Utopía,
cabalgadura
que nos vuelve gigantes en miniatura.
¡Ay! ¡Ay, Utopía,
dulce como el pan nuestro
de cada día!

Y acá nosotros viéndonosla con nuestro derecho al delirio, ¡y sí!… “que el televisor sea tratado como la plancha y el lavarropas, que los políticos no crean que a la gente le encanta comer promesas, y que ya nadie, nunca más, muera de hambre”.

Composition VII | Kandinsky Wassily

Porque se encuentra el que busca en su camino, y porque si no nos dejan soñar no nos dejan dormir.
La utopía, laberinto en el horizonte… que está ahicito nomás, en la existencia lateral, silenciosa y periférica. Sin utopía no hay sueño, sin sueño no hay camino, y no hay camino sin el otro… y “allí donde el mundo termina, donde la tierra finaliza, allí en el linde del mismo misterio, vive la Utopía”, ese alimento romántico que es también aliento que envuelve y transforma toda acción individual en colectiva.
Entonces, simbólicamente el Mapa es el sueño.
Como decía el querido Yupanqui ser fiel a tres cosas: al hambre, a la libertad, y a la justicia. Ser un andariego, caminador, un nómade del mundo; el camino de sueños, amores por todos lados y nada entre las manos.
Es en ésta búsqueda que me encuentro con que también al Don le preguntan en una entrevista ¿Cuál fue su utopía?, su respuesta es hermosa… “Ser un día el rastro de una sombra, sin imagen alguna y sin historia. Ser solamente el eco de un canto, apenas un acorde que señala a sus hermanos la libertad del espíritu”.
La utopía es eso, una propuesta a la acción. Dirigirse por el sol y el horizonte.
“Soy la idea de una idea, y el vago sueño de un sueño, que sabe que la verdad es la ilusión de un misterio” (Don Facundo Cabral).
Y acá me encuentro…, y con la mano llena de tinta me animo a chorrear ésta posibilidad, total… este texto nunca va a estar terminado… entonces ¿para qué?, para eso, para caminar.


(1) algunos constructos no son ni falsos ni verdaderos, como los conceptos, las definiciones y las normas morales. Algunos constructos están con-formados por elementos/situaciones/convenciones/…, en un momento dado, y actúan sobre/en/desde la comunidad.