Quien tenga la verdad que la guarde
por Matías Di Loretto

Para encontrar hoy día una Verdad que anime cuanto retazo de mi existencia fuese posible, he trajinado bastante. Inclusive afirmando esto, no siempre me convenzo de que pueda funcionar plenamente como tal.

De todas maneras, esbozaré aquí una especie de itinerario:
Las inquietudes que bullían en mi cabeza a la manera de un chorro de agua en un embudo, desagotaron un día en una especie de epifanía: estaba en Jujuy, en Pampa Blanca, en el patio de mis tíos, viendo la tarde pasar, arriando llamas perdidas. Mi tío salió entonces de la casa y me sacó del letargo: sobre unos tablones que cumplían funciones de mesa había un balde blanco
–como el de las heladerías— con la boca cubierta por una bolsa transparente. Hasta entonces no había reparado en él y esa ceremonia silenciosa que inició mi tío revistió de puro misterio el contenido que allí había. Me acerqué en el momento en que con sumo cuidado retiraba el nylon del balde de donde emanó un suave olor almidonado, y en donde se podía ver una costra negra que a su vez recubría un líquido. Mi tío me miró, metió una mano y sacó un trozo de esa capa oscura que resultó ser un puñado de chauchas de algarrobo, en plena fermentación.
El hombre interactuaba conmigo a través de su mirada, que traslucía un brillo de alegre ansiedad: “Ya va a estar la alojita”, dijo después de quebrar una chaucha por la mitad y comprobar que el proceso iniciado hacía unos días funcionaba a la perfección, igual que hace centenas de años. Entonces fue que me contó cómo es que se preparaba la bebida, machacando y mezclando con agua los frutos del algarrobo, recogidos durante los meses de diciembre y enero, en el tiempo en que el horizonte de hombres y mujeres está en el Carnaval.
Su emoción agazapada es la que la tríada compositora Caniglia – Espinosa – Ponferrada capturó en la vidala chayera “Algarrobo algarrobal” y que en uno de sus pasajes dice: “Algarrobo algarrobal, qué gusto me dan tus ramas cuando empiezan a brotar; señal que viene llegando el tiempo del carnaval”.
La Espera resulta ser en estas personas uno de sus motores principales, vitales, que configura el gesto en sus rostros: esperar un trabajo digno y menos sacrificado, esperar un futuro mejor para los suyos, esperar –en fin- que las injusticias se reviertan. Estas Esperas, amargas y eternas, son compensadas entonces en una que se resuelve infalible y que da felicidad a quienes reparan en ellas.
Mi tío se enciende con los signos que le ofrece la naturaleza y con los brotes del algarrobo florecen también sus mejores ánimos. Allí, en ese reparo encontré una certeza para movilizar cuanto retazo de mi existencia fuese posible.

Nada más que la verdad
Supongo que por Verdad quienes a lo largo de estas páginas expresen sus pareceres, coincidirán sobre determinados enunciados que sin dudas comparta, con alguna que otra diferencia sobre la sustancia. Después de todo, macerados en el mismo lodo cultural, las discusiones girarán en torno al estatuto de Verdad (qué es y qué no es); si la Realidad está ahí o si es apenas una interpretación producto de nuestra imaginación; o si hay tantas verdades como individuos. Y seguramente estos debates también podrían girar alrededor de la idea del Poder que otorga la Verdad a quien dice detentarla, creando relaciones de dominados y dominadores.
A modo de muestra de este tipo de relaciones, les ofrezco un ejemplo histórico que tomé prestado del libro “Chicha peruana, una bebida, una cultura” (Universidad de San Martín de Porres, Fondo Editorial) para graficar de alguna manera las consecuencias fatales que producen estas relaciones de poder, cualquiera sea la Verdad esgrimida.
El ejemplo en cuestión, en fin, habla de un encuentro en el corazón del imperio incaico en el que se sentenció el futuro de un pueblo:
“Cuando Atahualpa ingresó a la plaza de Cajamarca se sorprendió al verla vacía, él había esperado encontrar al jefe de los barbudos. En su reemplazo apareció el sacerdote dominico Vicente de Valverde acompañado por un intérprete, el tristemente célebre Felipillo. Después de mirar con atención, Atahualpa le alcanzó al sacerdote español un quero (qiru en lengua quechua) de oro lleno de chicha, para brindar en forma ritual y poder comenzar una conversación entre seres civilizados, según la manera andina. Valverde se asustó, creyó que lo querían envenenar y arrojó la chicha al suelo.

Atahualpa tomó este acto como una grave ofensa, pero se contuvo. Luego el dominico leyó unos párrafos de la Biblia, mientras crecía la rabia de Atahualpa pues solo escuchaba frases incomprensibles y sin sentido. El inca alcanzó a preguntar: “¿De dónde salen esas palabras?”. El fraile le contestó que del libro y se lo alcanzó. El inca lo examinó sin entender su contenido y, muy contrariado, lo arrojó lejos de sí. Luego sobrevinieron la matanza y la prisión de Atahualpa”.
El máximo referente de los incas por aquel entonces, se atrevió a profanar la palabra de quien proclamó ser “el Camino, la Verdad y la Vida”, la palabra de Dios. Por eso mereció la muerte, de la misma forma en que a través de los tiempos la reprimenda de los que empuñan la verdad hacia el prójimo se mantuvo, con violencia las más de las veces.
Sin ir más lejos: “A” es un niño y está privado de su libertad en un instituto de menores de la ciudad de La Plata. Su situación está legislada –entre otras- por la ley 13634 (1), sancionada en el año 2006, y que prevé un cúmulo de derechos y garantías impensado años atrás. “A” participó de un taller de comunicación junto a varios de sus compañeros de encierro, en el que un día debatieron sobre parte del contenido de dicha ley. “A” y sus compañeros fueron alentados a hacer uso y abuso del artículo 3, que hace mención al derecho “a ser oídos en cualquier etapa del proceso, a peticionar, a expresar sus opiniones y a que éstas se tengan en cuenta en las decisiones que afecten o hagan a sus derechos, considerando su desarrollo psicofísico”.
Sólo que “A” tenía una anécdota para reflexionar sobre lo dicho, aconsejado y legislado, corroborando aquella asimetría de poder que establecen quienes poseen la Verdad:
“Cuando me llevaron a declarar yo hablé con el juez, hablé con el defensor. Le dije que a mí me re verduguearon; yo ingresé con un palazo, todo morado tenía y le mostré. Cuando me llevaron a revisación médica, a mi compañero lo llevaron con la boca rota, todo lastimado, y le dijimos que qué iban a hacer; y nos dijeron que no podían hacer nada en contra de la policía.
Y yo le dije al juez: me sacaron muchas fotos, a mí y a mi compañero; al otro le pegaron más y habló todo. Y a nosotros que no queríamos decir nos daban palazos, puntinadas, esposados, tirados en el piso de la comisaría. A mi compañero le asustaban que le querían quemar los dedos, que le querían cortar los dedos (…) Nos decían ‘te voy hacer lavar el patrullero, te voy a hacer lavar el piso’… Y bueno, nosotros no hacíamos nada y nos verdugueaban peor. Nunca hicimos nada, nunca hicimos el favor de ellos pero siempre nos sacaban todo (…) Después hablamos con otros defensores y nos dijeron ‘¡cómo les pegaron!’; entonces les dijimos ¿van a hacer algo? ‘No podemos hacer nada, ellos son la policía; ellos son los que los agarraron a ustedes, andá a saber lo que les hicieron para que les peguen así tan mal’”.

Leonardo Liñares | Ilustrador – Diseñador Publicitario. / Ilustración / “Verdad”.

 

“A” relató su episodio de torturas con los ojos bien abiertos, como quien ha visto el horror y no puede sacárselo de la mente. Su endeble hilo de voz hace temblar casi todo un andamiaje jurídico, en el que se estila preguntar: “¿jura decir la verdad y nada más que la verdad?”.

“No sirve para salir al sol”
En esos reportajes que parecen pergeñarse con premeditación y alevosía para pasar sin más trámites a la posteridad, a Violeta Parra le preguntaron qué es lo que prefería entre las diversas actividades que realizaba: poesía, canto, recopilación, música, bordado, pintura. Inmediatamente, Violeta admitió: me quedo con
la gente.
Gran elección la de esta mujer, eligiendo al Otro como dador de sentido a su vida. Compartiré –si me permiten- esta elección como reconocimiento a las personas que me reconcilian con el mundo, por encima de todos aquellos relatos que se presentan o me fueron presentados como Verdades y en nombre de los cuales día tras días se cometen actos nefastos.
Empecé evocando a mi tío, pero también puedo mencionar la vez que compartía una ronda alrededor de una fogata. Reinaba el silencio en aquel desvelo, ardiendo cada uno en su pensamiento. Hasta que uno de mis amigos señaló, “¿vieron? El fuego es, junto con las olas, dos cosas que jamás se repiten. Las olas siempre llegan de otra forma a la playa y las llamas siempre arden diferentes”.

O puedo, si no, rememorar la vez que leí en el poema de otro amigo este verso, en el primer libro propio que publicaba: “Nadie pensó al sol sin deslumbrarse con él primero”.(2)
Son pequeños axiomas que me invitaron a pensar de otra forma, contemplando con sorpresa mi alrededor, descubriendo una y otra vez aquello que resulta inexorable, a la vez que imperturbable.
En este campo de batalla que resulta ser la Verdad, han sucedido y suceden actos en el que el perjuicio para los más débiles suele ser irreparable, siendo algunos de sus extremos el encierro y la muerte.
Por eso es que quisiera compartir unos últimos versos, que aparecen como un mantra en la canción “Eventuales panes”, de Castañas de Cajú (3). Esta agrupación musical con génesis en la ciudad de La Plata y con integrantes oriundos de diferentes localidades del interior del país, dice en su estribillo: “quien tenga la verdad que la guarde pues no sirve para salir al sol”.


(1) – www.senado-ba.gov.ar: Ley 13634, Establece los principios generales del Fuero de Familia y del Fuero Penal del Niño. Disuelve los Tribunales de Familia actualmente existentes. Crea Juzgados de Familia. Suprime la denominación “Asesor de incapaces exclusivo para Tribunales de Menores” que se designarán “Asesores de incapaces”. Integración del Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil. Modifica los Decretos-Leyes 7425/68, 7967/72, 8031/73 y las Leyes 5827, 12061 y 13298.

 

(2) – Poema sin título aparente obra de “El Negro” Rossi, aparecida en una compilación de sus poemas que formaron parte de una embajada literaria de escritores independientes, organizada por La Casa de la hermandad Argentino-cubana y que partió rumbo a Cuba en Noviembre de 2011.
(3) – La canción que aquí se menciona, aparece en su primer disco, “Entrelunaslashojas” (La Plata, 2010).
Para más información:
www.castañasdecaju.com.ar
www.myspace.com/castanasdecaju
Facebook: castañasdecajú.