Qué culpa tiene el destino

Por Mariana Isadora Rodríguez  

En la cama- Henri de Toulouse Lautrec

No lo diseñé, no lo esperé, no lo busqué, no lo cree. Pero así se fueron dando las cosas. Cosa de creer o reventar. Ahí fue que lo vi. Y fue por ese maldito vicio de besar que me pegoteé. Muchas cosas en común, pero no había mucha piel o si. Lo que no había era mucho sexo. Y por esas cosas del destino, no va que me quedo embarazada en uno de los primeros intentos.
Él no quería saber nada con la idea de ser padre. Y yo qué? Qué se yo… apenas con 18 años, comenzando la universidad, con trabajo temporario. Nada fijo. Ni siquiera sabía si lo que estaba estudiando me gustaba.
Y este caballero aparece justo ahí, en un momento de muchas preguntas, de muchas inseguridades y en el preciso momento cuando estaba descubriendo el mundo. Comenzaba a tener nuevos amigos. A pintarme como una puerta y buscar ropas que se amoldaran a mi cuerpo y ocultaran mis defectos.
Toda mi vida haba tenido piernas delgadas y cara de nena. Quizás por eso, no había tenido novio en la secundaria. Y me sentía aislada, no tenia de que hablar con mis compañeras del colegio que ya tenían experiencias sexuales. Yo nada, no conseguía más que enamorarme en silencio. Amores platónicos.
Y de repente, Nico. Así de la nada. Me gusto su cara de niño, su cuerpo poco musculoso. Sus cosas raras. Era realmente raro. Pero en ese momento, no podía darme cuenta porque era  extraño. Nos gustaba estar horas y horas abrazados.
Él tenía algunos amigos y nos reuníamos bastante con ellos. Siempre estaban organizando fiestas de disfraces. Era muy sano. No consumía drogas y tampoco mucho alcohol. Escuchábamos música y nos encantaba bailar. A Nico le encantaba disfrazarse  de mujer vampiro y atacaba a mordiscones a sus amigos. Y con uno de ellos se besaba en la boca. Lo hacía como un juego, claro.
También nos cambiamos la ropa con Nico. Él se ponía mis plataformas y se maquillaba. Y yo permanecía en calzones al lado del. Y sus amigos nada. Ninguno decía algo sobre mi cuerpo. Siempre creí que era porque era demasiado lánguida y no llamaba mucho la atención. Casi sin tetas, un cuerpo como de nena. Todas las tallas me iban grande de caderas y muy cortas de piernas. Parecía un espantapájaros. A no ser por el maquillaje, mis labios gruesos, rojos y carnosos. Era una mujer sin gracia. Pero no, sólo era una mujer sin exuberancias.
Yo lo amaba. Nos amábamos. Yo no podía estar sin él y el sin mí. Como no lo iba a amar, si fue mi primer hombre. Y respeto mis tiempos. Era muy respetuoso de eso. Muchas veces, pensé que era porque yo era muy poco atractiva. Pero éramos muy parecidos en eso los dos. Él era igual un tanto celoso de mis amigas. No quería que hablara mucho con ellas. Pero de sus amigos, nunca una escena de celos, nunca una mala cara. Mi hermano más chico, viste como son de celosos los hermanos menores. Bueno, él  decía que Nico era maricón.
Para mi Nico era lo más. Era callado, medio tímido, alegre y muy original. Tenía su forma de humor. Y me gustaba eso. Porque siempre estaba dando vuelta el mundo. Mirándolo de otra manera. Se enojaba cuando yo me ponía una minifalda o con push up, me armaba las lolas. Y yo lo hacía por él. Para estar más sexy. Pero él amaba mis uñas negras, mis zapatos de cordones. Y hasta me corte el pelo para parecer un anime japonés, que el adoraba. Estábamos mucho tiempo junto. Casi todo el tiempo posible.

Las-manos – Edvard Munch

Yo tenía muchas dudas sobre el sexo. Les hacía preguntas a mis amigas. Ellas eran expertas y salían con pibes más grandes, con hombres casados, con viejos, bah con tipos de más de 30 años. Una de ellas tuvo que hacerse un aborto. Y entre todas juntamos el dinero para que pudiera hacérselo sin decirles nada a sus padres. Y el tipo se borró con eso de que era casado, tenía familia y ella le estaba generando problemas. Que si la mujer se daba cuenta, si rompía su matrimonio y sus hijos y no sé cuántas cosas más.  Él tenía hijos, una familia y un trabajo. Era un tipo feliz. Y Male? Male estaba fascinada.
Una vez, recuerdo, que se habían emborrachado tanto que terminaron teniendo sexo en una playa de estacionamiento en pleno día! Y la mujer de él, llamaba y llamaba, hasta que el atendió el teléfono. Entonces en un santiamén, todo cambio. El obligo a  Male a ponerse la ropa rápido, limpiar el auto y se fue rapidísimo porque tenía que buscar a los chicos a la escuela.
Y Male, me llamo a casa, para que la fuera a buscar a una estación de servicio en el acceso oeste, cerca de Merlo. Male no tenía un mango y le tipo la había dejado ahí. Male se reía, estaba todavía borracha cuando llegue. Se reía  de la locura que habían hecho, del  sexo que habían tenido. Male decía, que él tenía un pito muy grande y cogía muy bien. Y que la mujer estaba fuera de estado. Que había perdido la figura, después de los embarazos y se había puesto exigente con él. Y bueno,  Male estaba enamorada. El la llamaba a cualquier hora. Male decía que él estaba loco por ella. Y Male se escapaba de su casa. A veces de madrugada, otras veces en pleno día. Otras veces ella se tenía que esconder porque pasaban amigos de la familia y podían verlos. Y ellos nunca andaban de la mano. Solo hacían el amor cada vez que se veían. Y se veían solo para tener sexo. Male no entendía  mi relación con Nico. Nosotros íbamos juntos para todos lados, pero no teníamos mucho sexo. Y del destino?  Qué se yo… Male lo estaba descubriendo, él lo estaba padeciendo.
Edith, mi amiga de la infancia. Con ella mucho no podía hablar. Porque ella tenía otro destino, ya desde muy chica. Su familia era de una religión protestante muy estricta. Con nosotras se soltaba y hablaba cosas así de impíos. Cosas del mundo. Pero se rescataba rápido y se iba.
Cuando hablaba de amor, era así como que estaba predestinado y que ella no iba a contradecirlo. Y lo decía tan segura que era creíble. Ella andaba con el hijo del pastor. Y hacían cosas interesantes juntas. Salían a evangelizar, organizaban actividades para los jóvenes de la comunidad religiosa. A veces, se iban de campamentos a lugares hermosos y se encontraban con otros jóvenes. Ella era muy espiritual y el también. Y siempre decía que pedía a Dios para que la guiara a espantar los deseos de la carne y así, darse cuenta si ese era  el verdadero amor.
Ellos esperaban terminar sus estudios universitarios, y después enrolarse para trabajar en la obra del señor. Y si era la voluntad de Dios y estaba destinado a formar una familia, se casarían. Pero tenían que luchar mucho por conservar ese amor y no caer en la tentación, ni perderse en otros menesteres.
Edith nunca había tenido una relación sexual. Y nos sorprendía, porque ellos no tenían sexo. Pero ella decía, que si tenía la mente ocupada no le daba tiempo al diablo para que se apoderada de los deseos de la carne. Ella quería llegar virgen al matrimonio y ofrendarle a su futuro esposo, toda su femineidad intacta. Entonces como podía yo contarle a Edith sobre mi relación con Nico. Bueno quizás era un poco como Edith, una relación espiritual y no nos dábamos cuenta, quizás ese era nuestro destino.

Mujer en la oración – Vincent van Gogh

Un día, de casualidad llegue temprano a casa y la vi a mi mamá llorando. Ella estaba sola, papá se había ido a trabajar y mi hermano estaba en el colegio. Ese día, me sorprendió encontrarme con mamá. Normalmente  a esa hora, ella estaba en el instituto. Ella había retomado sus estudios de pedagogía. Cosa que me hacía muy feliz. Pero quien no estaba muy feliz era mi papá. Papá le reprochaba a mamá, que ella abandonaba las tareas de la casa, que no tenía que comer, que estaba todo desordenado. Que cocinaba siempre lo mismo.
Cuando mamá no estudiaba, papá llegaba a casa, prendía la tele y del sofá no se movía. Todo el tiempo diciendo Tesorito no me haces un té?, tesorito tengo frio, me alcanzas la manta? Mi reina, podes plancharme esta camisa para mañana? Mamá, podes hacer callar a esos chicos que quiero ver el noticiero?
No podíamos ni jugar cuando él estaba en casa. Y de mirar televisión ni hablemos. Todo era para él. Todo lo mejor. Él decía que podía comprarlo porque la plata era de él y era el único que trabajaba en casa. Pero si mamá lo hacía, él se enojaba. Y eran tan insoportables todos los reproches que le hacía a mamá, que ella terminaba por abandonar el trabajo, los estudios. Y así todo  eso se repetía cada tanto, durante muchos años.         Ese era el destino de mamá.
Pero ahora ella, se había puesto a estudiar para poder trabajar y ayudar en la casa. Tener su dinero, administrarse de otra manera, ayudarnos a nosotros y esas cosas. Eso  molestaba a papá y a la madre de papá.      Porque  decían que con eso de ir a estudiar, se estaba  juntando  con gente de ideas raras. Y esas ideas raras la estaban convenciendo a mamá. Parece que mamá se estaba rebelando y los abuelos decían, -”tarde le llega la adolescencia. “- Y papá se mofaba de eso. Hacia pantomimas de mamá comiéndose las uñas, con tics nerviosos, con blusas escotadas, polleras cortas y tacos como los míos. Mamá no decía nada. Seguía con sus cosas. Que paciencia la de mamá. Algún día se va a cansar, pensaba yo. Podrá cambiar de destino o de marido? O el marido que le destino le otorgo?
Otras veces, mamá se conformada diciendo que se parecía a su papá. Que era genético, que no lo podía cambiar. Que así era el destino, que en  la vida no todo era color de rosa.
Mi abuelo materno, había  tenido varias tragedias juntas. Sus padres habían fallecido cuando él era un niño. Se crió un poco con sus abuelos y otro poco con sus tíos. Después, se casó y por cosas de la vida, la Muerte le llevo su esposa y le dejo tres nenas.
Y el destino, nuevamente, puso en su camino una nueva mujer. No se llevaban muy bien. Vivian todo el tiempo separados y cuando estaban juntos peleaban mucho. Y los sábados iban a la iglesia a buscar soluciones.     El pastor decía que: -“lo que Dios unió, no lo separe el hombre.” Entonces hacían un par de oraciones y así comenzaban de nuevo. La paz les duraba apenas unas horas. Y así seguían y siguen todavía, cargando su destino.
El caso es que ese día me encontré con mamá en casa llorando y los apuntes del instituto desparramados por todo el living de la casa. Me senté al lado de ella y le pregunte que había pasado. Y mamá no quería hablar, se secó las lágrimas y se puso a juntar los papeles del piso.
“No pasa nada hija.” –  Me dijo – “pasa lo de siempre, que a tu papá no le gusta que salga de la casa, que está cansado de llegar y estar solo, de no tener que comer y etc., etc.,  y siempre es la misma cantata. Que también me descuidé de ustedes, que los dejo hacer lo que quieren, que no sé dónde están, que no me interesa la familia, que estoy tirando por la ventana,  todo el sacrificio que el hizo durante todos estos años…”

Madre e Hija – Egon Schiele

Mamá lloraba mientras hablaba. Lloraba mucho. Abrace a mamá y me puse a llorar con ella. Y llorando le dije:- “Y justo ahora vengo yo con un embarazo.”
Mamá me despego  de su pecho y me agarro fuerte de los hombros. Mientras me decía-”Que, que, qué?” oh no, Lolis. Yo sabía que esto podía pasar. Se agarraba la cabeza, caminaba y daba pisotones en el piso. Y yo ahí parada aun con la campera puesta y comiéndome las uñas. -“Bueno má, paso.” – le dije.
-Porque  no te cuidaste?
– Que dice Nico?
– Y la universidad ahora?
Parecía una máquina de hacer preguntas y sin respirar.
Má, – dije con voz fuerte para interrumpir un poco su monologo.
-” Nico no quiere tenerlo,  pero yo sí.” – Mientras mi vieja me miraba con los ojos bien abiertos, resoplaba y meneaba la cabeza. “
– Facu, ya sabe y él me puede ayudar a cuidarlo mientras estoy cursando.” Facu es mi hermano menor. Y es mi confidente también.
-Claro ustedes saben mucho de hijos y son muy responsables- gritaba mamá.  – Los tengo que despertar para ir a la escuela y hablan de cuidar un bebe como si fuera fácil! Que no se entere tu padre. Esto lo resolvemos nosotras. -Me dijo sentenciándome.
Como siempre mi mamá resolvió todo. Conseguimos el dinero, fuimos al ginecólogo y me hice el aborto. Mi tía, que estaba de visita por Argentina, me acompañó al consultorio.
Mi tía, otra que anda buscando el destino no sé por dónde. Nunca para, quizás porque nunca lo encuentra. Vaya uno a saber. Tantos destinos, como personas. O será que hay más de un destino para cada persona? Me pregunto a veces.
Pocos meses después paso la tormenta y nos dejamos de ver con Nico. El continúo con sus estudios de informática. Se lo ve con un amigo. Su mejor amigo. El de siempre. Y cada tanto aparecen fotos en su Instagram y Facebook. Ellos dos tomados de la mano, dándose besos.
Siempre pensé que su relación era de un amor muy fuerte. Nico decía que eran inseparables. Compartían secretos muy íntimos. A mí no me los quería contar porque decía que eso cambiaría la relación. Él tenía miedo que yo lo odiara. Y yo tenía miedo que él me odiara a mí, por querer tener un hijo suyo.
Será que el sexo condiciona el destino?
Por fortuna eso no paso, pero yo fui su primera y única mujer. Nico es y será una persona única para mí. Nos une, quizás, ese secreto  de haber derribado prejuicios y desafiado el destino.
Bah, que destino? Tal vez el de conocernos, el de disimular los defectos, el de jugar con las apariencias, el de ser capaces de elegir…
Qué hubiera pasado si todo hubiera sido al revés, o simplemente una cosa hubiera sido diferente?
A veces, me gusta hacer esos juegos mentales de inventar finales y trucar realidades. Y ni hablar que cuando saco un pasaje elijo un punto de llegada, marco un lugar de arribo y saco un billete para otro lugar.
Una manera de esconderme del destino o perderme por el camino. Siento esa simple felicidad que escribe Machado: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar.” A esa frase me la hice carne. Que hasta pienso que el destino es sólo un lugar de paso, un lugar de arribo, entre tantos caminos, atajos y vericuetos que se entreveran con el tiempo.