No, No Pasaran
por Luis Straccia

Son tiempos difíciles, son tiempos de resistencia. Parapetados, con suficientes provisiones como para resistir 3 o 4 inviernos, aguantamos. Las fuerzas están bien, dentro de todo. La moral, no vamos a decir que está en alta, pero zafa…Son momentos de resistencia, pura resistencia.

La primera guerra mundial se caracterizó por ser estática. Metido en mi trinchera me asomo y disparo, pero no me muevo.
Aguardo y si encuentro la posibilidad, disparo. La segunda guerra significó el triunfo del despliegue de movimiento, del desplazamiento. Barcos, aviones, tanques, trenes, transportes, permitieron el avance de las tropas.
Hoy? Y hoy estoy, estamos…Cuesta pensarse en acción, en trasformación.
Pero al menos hacemos el intento de pensarnos y consecuentemente de problematizarnos, cuestionarnos, reprocharnos la quietud…aunque eso duela. Y eso no es poco, porque de ahí surge la posibilidad de reconocernos como lo que somos.
Comienza, o mejor dicho sigue y se intensifica la lucha. Junto los mangos y llego. Sí es cierto, a duras penas, pero llego. Y completamos la colección Robin Hood. Junto los mangos, y trato de llegar y araño algún que otro número de Asterix.
Entonces vamos sumando aliados. Que se saben también en desventaja frente a la oferta cuasi obscena de sus rivales. Pero se plantan bajo la bandera que Grita Resistir, esa es la consigna.
Las responsabilidades que no han tocado en este combate las asumimos, no les esquivamos el bulto. No optamos por la salida facilista de refugiarnos en una adolescencia eterna, y han de pagarse los costos que sean necesarios. Como otros lo hicieran antes que nosotros, aunque a muchos les parezca que deben resignar “muchas cosas”, que no son más que falsas promesas de placeres egocéntricos.
En realidad, creo, uno no resigna un carajo. Porque uno no es el mismo de ayer con un juguete nuevo –que ha de usarse y perderse en el tiempo-, uno es este de hoy con uno o más hijos, que lo definen como lo que es “padre”. Es eso, padre, o madre. Con todo lo que ello implica.
Y asumimos el reto, cada uno en su rol, con conflictos a veces, pero sabiendo que el enemigo no está adentro, que las diferencias pueden limarse para enfrentarse a ese poderoso contrincante, que nos mira con desdén, que nos sobra…nosotros sólo pensamos “confíate, nomás… confíate”
Es cierto que tenemos batallas pendientes. Armar un barrilete con caña, papel y piolín es una de ellas…
Pero no es menos cierto que hemos librado todas, o casi todas las que se nos han arrojado por la cara, aquellas con las que nos han intentado mojar la oreja. Sería por demás pedante decir que no hemos perdido ninguna. Pero aquellos que lo han logrado, saben del placer que da el poder ganar –o al menos empatar sobre la hora- algunas de ellas.
No
No ha de serles fácil.
Sabemos que estamos en desventaja, que peleamos desde abajo y con los pantalones rotos en las rodillas, pero eso que otros ven como falencias, son nuestras fortalezas.
No
Si no te ha de ser tan fácil.
Hechá pa atrás.
Para vos es un número más, un billete más.

Hechá pa´atrás, que a nosotros nos va la vida en esto. No sólo la mía. Que nos va la libertad, las ganas, los sueños, los nuestros y de nuestras hijas.
Y esas son cosas que no te las vamos a dejar así nomás.
Que esto genera cierta soledad, si puede ser.
Pero también es cierto que hay otros como uno. Que nos reconocemos con contraseñas. Sutiles. Delicadas. Una frase que descoloca, una ironía acertada, el tararero de cierto tema musical, el recuerdo de hechos compartidos de manera similar sin habernos conocido.
Ahí nos miramos, mientras esperamos que los chicos salgan de la escuela. Sin hacer alardes, no son necesarios. Porque contra lo que uno pelea es contra lo artificioso, sea del mercado de consumo, sea contra los estereotipos de la alternatividad que se define a sí misma como lo opuesto “a”, pero que nada sería si ese “a” no existiese.
Simple.
Simple canto a la individualidad, que no debe confundirse con el individualismo. Con negociaciones, con contradicciones, pero conscientes de las mismas, o de que se puede llegar ser conscientes de ellas aun sin reconocerlas.

COMBATES

Las miradas que buscan un horizonte, con las pupilas que se dilatan, con ojos que perciben el movimiento, se contraponen valientemente, corajudamente, a las miradas estáticas, vacías, perdidas que tienen como destino la pantalla de la tele.
Esta no se niega, no se reniega de la misma, se disfruta, se mira y se discute. Se la incorpora, más no mansamente, sino, haciéndole pagar al menos un costo por meterse en nuestra casa.
A la televisión nocturna, le oponemos una vocecita que nos dice “apagá la luz, apagala, que me quedo pensando cosas lindas”
Pero antes que nada, le atravesamos cual barricada, el sacrificio de la flaca que aunque llueva, hiele o haga calor, todos los días a las 22, destina 30 ó 40 minutos a la lectura.
Primero ataca con un Pin Pon cumple años, le sigue un Alejo el Conejo. Ambos –combinados con otros- han de repetirse de manera ritual noche a noche.
Luego se disparan las Crónicas de Narnia, lo los relatos de Fernando de Vedia, o las ya citadas Asterix y Obelix.
Si el enemigo nos bombardea con una Barbie, con un Transformer. Resistimos, incorporamos, resignificamos.
Marche un Patoruzú.
Que avance un Don Gato.
Que resuenen los cantos triunfales de Pedro Aznar, de Charly, de Inti Illimani, de Markama, de Sabina o de la Guardia Hereje. Que convivan junto al sapo pepe y a otros estribillos repetitivos, que se muestren como opción.
O sino apelamos a nuestro poder de ser padres, que de eso se trata. Entonces, depositamos suavemente en la vereda esa tabla de planchar de plástico- y la planchita también- que un ¿amigo? le regalara a nuestra hija a los 3 años, mientras cantamos la marcha internacional de “muerte al estereotipo”.
Insisto, no se trata de negar lo que se nos ofrece, sino de dar a conocer otras cosas, y que en definitiva se trata de asumir el rol –con sus derechos y sus deberes- de ser padres. Aunque uno se equivoque. Pero asumir y asumirse, y de no dejar que sean otros los que eduquen a nuestros hijos.

«La Lucha» de Yolanda Salomon Silva
II Concurso Anual Internacional de Artes Plásticas “Crepúsculo”

«Monumento a los que luchan por vivir» de André Arnaldo Granados Guerrero
II Concurso Anual Internacional de Artes Plásticas “Crepúsculo”