Miró: transgresión en colores

  • Exposición en La Usina del Arte, en La Boca. A 120 años de su nacimiento exhiben 56 obras del maestro español que buscó romper las normas con el pincel.
  • POR BÁRBARA ALVAREZ PLÁ
PARA GRANDES Y CHICOS. El artista español tiene un estilo que cautiva al público de todas las edades.
PARA GRANDES Y CHICOS. El artista español tiene un estilo que cautiva al público de todas las edades.
Cuando a Joan Miró le preguntaban por su quehacer artístico su respuesta solía ser siempre la misma: “Yo trabajo como un jardinero”, decía este artista para quien la vida era un jardín maravilloso cuyos manjares hay que saber aprovechar. Por eso no es de extrañar que el título elegido para la muestra del genial artista español, que hasta el mes de enero se puede ver en La Usina del Arte de Buenos Aires, sea El jardín de las delicias. Un homenaje a este “jardinero del arte”, considerado uno de los más grandes artistas del siglo XX, cuando se cumplen 120 años de su nacimiento.

La muestra, curada por Massimo Scaringella, y organizada por el Gobierno de la Ciudad y La Fundación Tres Pinos – dedicada a la promoción del arte internacional– se compone de 56 obras originales, entre aguafuertes, litografías y xilografías (de las más de 1.000 que el prolífico artista creó a lo largo de su vida), realizadas entre los años 50 y los 80. Cuenta el curador que cuando vio la muestra en la Toscana italiana tuvo la idea de partir de las obras más antiguas y “armar una serie que representara la trayectoria de Miró”.
Y así, desde la colección privada de una familia italiana llegaron las obras para recorrer la Argentina, porque no es la Capital Federal el primer lugar del país que visita esta exposición: primero pudieron disfrutarlas los habitantes de Mendoza, Córdoba, Tucumán y Entre Ríos.
“Si Miró es considerado uno de los más grandes artistas del siglo XX”, explica el curador, “es porque tras tantos años de pintura figurativa y realista él volvió a lo irreal, a lo inconsciente. Es, quizás, el paradigma de una nueva forma de mirar al mundo y al arte”.
No hay más que entrar por la sala de la Usina que alberga la muestra, y al instante uno se da cuenta, es inconfundible: es Miró. Sus obras en apariencia simples, esconden un código propio, de líneas ágiles, veloces, y la paleta de colores básicos que, sin duda alguna, le pertenecen y que dan forma a figuras que podrían ser estrellas, mujeres, pájaros… El uso del negro para dar sensación de profundidad ( siempre contra todos los cánones), el fondo blanco de todos sus lienzos, los trazos bruscos pero no caóticos y un universo de rojos, verdes, azules y amarillos nos devuelven a un lugar simple pero lleno de explosiones creativas, a la niñez.
“Todo en él se relaciona con la infancia, con el arte de dejar volar la fantasía, su universo evoca la magia de una forma sencilla”, dice el curador. “Cuando me coloco delante del lienzo”, solía decir Miró, “no sé nunca lo que voy a hacer, yo soy el primer sorprendido con lo que sale”.
Miró experimenta con el color y busca los límites. “Su mensaje era claro”, explica Scaringella, “lo que quería transmitir era que las normas están ahí para romperlas, que siempre se pueden reescribir”.
El curador insiste: “el mensaje de Miró es la libertad de expresión, detrás de sus obras no hay nada más que la libertad de ser lo que uno quiere ser”.