MÚSICA Y POLÍTICA, Paralelismo y dimensiones de una relación particular…

por María Cecilia Agnusdei
Lic. en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales

¿Podemos detenernos unos minutos de la vorágine en que vivimos, y desde allí, pensar que relación existe entre estos dos mundos tan aparentemente opuestos..?

Tanto la Música como la Política siempre han acompañado y han transcurrido su evolución y retroceso a la par del hombre.
Es indiscutible que la Música como retrato y reflejo de una época, es constitutiva de los procesos políticos de su tiempo. Solo pretendo brindarles un preludio juego racional-musical, que los introduzca a ahondar, y capturar parte de esta singular relación, hoy. Que nos complemente la observación política de lo que acontece en nuestro entorno. Poder, en definitiva, agudizar nuestro “oído” político y musical.

Definiciones

En la medida que entiendo a la Política como el arte de moldear diferentes fuerzas y tender al orden social, ésta se encuentra íntimamente relacionada con el concepto de poder….y no estrictamente con el Estado. No hay política sin poder. Y a este concepto, podemos definirlo como “la posibilidad o capacidad de producir consecuencias sobre ciertos objetos, el poder supone un sujeto potencialmente actuante, un objeto sobre el cual se puede y unos medios (físicos o ideales) con cuyo concurso es posible la actuación”.1
Según el compositor Claude Debussy2 la Música es “un total de fuerzas dispersas en un proceso sonoro que incluye: el instrumento, el instrumentista, el creador y su obra, un medio propagador y un sistema receptor”. Es la construcción de un lenguaje espiritual mediante la sucesión de melodías, que finalmente conforman un hecho musical. La Música basa su razón, en ser un medio para la expresión….para dotar de arte, belleza, musicalidad y placer a la humanidad. Es un “decir musical”, a diferencia del hacer político que como “deber ser” cristaliza esfuerzos, en pos de la mejora de la sociedad, en términos de inclusión, seguridad, educación, cultura, etc. Ahora bien, si hacemos un poco de memoria podemos identificar que los actos políticos tienen “telones de fondo musicales” que sostienen tanto musicalmente como políticamente a sus líderes.

En el caso de nuestro país, los ejemplos son variados, y van desde un Discépolo apoyando a Perón desde su personaje radial, a Jairo expresando su preferencia confesa al radicalismo en épocas del presidente Alfonsín y de la Alianza. Como las muy difundidas letras de Palito Ortega en pleno Proceso Militar (1976-1982) y la existencia de las “extensas listas negras” de músicos que debieron emigrar a otros destinos, para poder hacer su trabajo en libertar y a tono con sus ideologías. Cabe destacar también, el empujón recibido por los músicos del rock nacional frente la guerra en Malvinas contra Inglaterra (1982), expresiones jóvenes marginadas en momentos del régimen militar. El episodio más cercano a nosotros, sucedió en la campaña política del candidato Filmus en carrera hacia la Jefatura del Gobierno porteño, donde músicos como Teresa Parodi, ofrecieron al público su cantar, su música, en suma y adhesión a un proyecto político. Este simple hecho pone el acento en la música como práctica cotidiana, pero también como constitutiva de los procesos políticos, económicos y sociales que imprimen y caracterizan una época.

Razones y Valores para la creación….

La historia nos regaló otra interesante paradoja: el pueblo griego precursor del sistema democrático, también fue el que más apreció a la música como actividad recreativa del alma. Los legisladores griegos,3 la consideraban como parte esencial de la educación y de la instrucción, creyéndola necesaria al Estado como sostén del espíritu y de la fuerza nacional.
Dentro de este marco, observando la vinculación entre Música y Política, puede explicarse y describirse el nacimiento de variados ritmos y formas musicales.
El listado es diverso, puede citarse como ejemplos significativos: el surgimiento del blues, profundo y melancólico canto de la raza negra y sometida, de un sector excluido en los suburbios de Estados Unidos; las grandilocuentes historias sonoras de lasóperas de Verdi, vitales reflejos del poder real en su máximo esplendor. La vinculación de la música de Wagner con la ideología del nazismo, producto vivo del nacionalismo alemán en todo su esplendor ideológico y orquestal; el advenimiento del rock-and-rollcon sus mensajes contestatarios, junto al movimiento juvenil hippie de los años ’50 y ’60 frente a la descolonización de Asia y África y los nuevos aires de libertad de los pueblos oprimidos; las canciones de protesta como Víctor Jara en Chile o Silvio Rodríguez en Cuba; la música punk plagada de marcadas pinceladas electrónicas de diferencias con el sistema neoliberal; la trova centroamericana, representativa de la idiosincrasia del sur que revelaba al mundo la vida diaria en el continente; la cumbia villera, detonante y expresión viva de reclamos sociales y clara expresión de la cotidianeidad que sufren día a día los sectores más vulnerables del conurbano bonaerense.

Todos hechos musicales en sí mismos acreditan una correspondencia no sólo con un sector social, sino además con una tendencia ideológica, acompañada de códigos propios de grupo y con una impronta musical y política simultánea.

Vinculaciones entre el campo musical y el político

Desde esta concepción, se puede describir ciertas similitudes entre los conceptos madre, que bajo una primera mirada parecerían alocadas e irrisorias.
Los sujetos vivificantes de la Política y de la Música (entiéndase por ellos: un político o un músico), poseen un mismo objetivo: cautivar al público, sea éste un votante o una persona común que ocasionalmente escucha un tema musical en un espectáculo o muy cómodo mientras maneja. Ambas necesitan de la legitimidad del público. El político, el compositor, el instrumentista, el cantante viven de esa legitimidad y desde allí pueden perdurar y continuar su carrera hacia el tan ponderado y bien visto “éxito”.
Si en cambio, nos referimos al objeto por el cual se cautiva al público, aparecen rápidamente el discurso político y el propio lenguaje musical como “medios para convencer, para emocionar, para adorar”, como simples herramientas para llegar al otro.
Además, tanto una como la otra se componen de un elemento fundamental que es la belleza. La Música es arte porque de alguna manera es bella…en su armonía, en su ritmo, en su contenido literario, en su decir particular. Porque su esencia es puramente espíritu y esgrime una estética especial, diferente. Sin embargo, la Política, en cierta forma también es bella porque es seducción. En los actuales tiempos del uso-abuso de la industria de la imagen, el cuidado tanto del discurso como de la estética de los candidatos para persuadir, son elementos esenciales de la política, como resultado positivo de la acción que sus sujetos desempeñan o esgrimen desempeñar, principalmente si hablamos del medio televisivo.

Sobre Presiones, Sensibilidad y Subjetividad

Las presiones conforman un motivo de reflexión en relación directa con la Música y la Política, ya que ambas tienen algún tipo de relación con el poder. Una puede sufrir influencia y aquí lo recíproco de la presión. ¿Cuántos regímenes políticos han prohibido compositores u obras por creerlas “peligrosas” para la estabilidad de sus gobiernos? Puede citarse a China dominada por el régimen de Mao Tse-Tung4 en sus políticas denominadas “La Gran Revolución Cultural y Dejemos que Florezcan Cien Flores”, cruel campaña contra la cultura y la educación proveniente de occidente, que sirvió para diezmar el pensamiento contrario del sistema político nacionalista del momento, que por ejemplo interrumpió la práctica de la música clásica en China. O ¿cuántos artistas presionaron mediante sus letras y lo siguen haciendo al poder con las expresiones musicales cuestionadoras del statu quo?

Dentro de este análisis, otro aspecto a tener en cuenta, es el rol de la sensibilidad. Este adquiere vital importancia, tanto para el político o el elector como para el músico. La sensibilidad determinará o no, la emoción, el placer y la admiración de quien escucha ese particular lenguaje. A su vez, existe irremediablemente, una dosis de subjetividad, difícil de explicar en términos racionales, entre por ejemplo la emotividad que puede causar a una persona la ejecución de un preludio de Chopin por un determinado artista y no por otro. O ese instante determinante antes de entrar al cuarto oscuro en una elección que hace votar a un candidato y no a otro…¿Qué magia o espíritu especial nos envuelve en esos momentos? ¿En qué lugar queda guardado lo puramente consciente y lo racional?
Tanto la música y la política como arte aspiran al reconocimiento.
Ambas son expresiones humanas innatas, síntesis interna del hombre con intención y virtud de perdurar y trascender (bajo diferentes métodos) en las ideas y en el sentir de la humanidad.

Algunas divergencias…

La materia prima natural de la Política es el poder, es decir, esa posibilidad de generar acciones y consecuencias sobre los otros. Este concepto se afirma principalmente en la realidad. El verdadero poder se tiene hoy o no se tiene. No es un concepto en potencial. En contraposición, la Música fusiona el ideal de belleza con la realidad de su concreción en el hecho musical. Tal vez, ésta sea la mayor distinción que encuentro entre ambos universos. La Música nos deleita y nos invita a evadirnos hacia una seudo- realidad, en contraposición con la Política que trabaja exclusivamente con el medio y sus circunstancias e induce a comportamientos, no siempre percibidos por el colectivo social, ya que posee el monopolio de la fuerza y de la legitimidad social.
En cierta forma, tanto la Música como la Política (ésta bien entendida y bien ejercida) son preciados bienes terrenales que nutren a la sociedad y la cultivan, otorgándoles el privilegio de ser partícipes de un tiempo histórico único.
La Música como la Política son genuinos “artes”. Ambos capaces de suscitar estímulos que afectan y modifican el sentir, la manera de pensar y accionar del otro…Conforman un mensaje de recambio constante y que trasciende fronteras.
La invitación a pensar sobre esta relación particular ya comenzó…..Solo nos queda seguir indagando en nuestro entorno, en nuestro cotidiano vivir… qué similitudes aún puede encontrarse. Ejemplos nos sobran…

1 Torcuato Di Tella. Diccionario de Ciencias Sociales y Políticas.Ed. Emecé.
2 Claude Debussy, célebre compositor francés (1862-1918).
3 Diccionario de la Real Academia Española.
4 Mao Tse-Tung estadista y líder comunista y nacionalista chino.(1893-1976)
5 “Daniel Barenboim, en son de paz”. Revista Clarín. Agosto de 20005.

Un inusual proyecto musical en accion:
“West eastern divan”

En la actualidad, el mayor exponente de esta “relación especial entre música y política” creo que lo conforma la efectiva concreción del proyecto musical “west eastern divan”, bajo la idea de daniel barenboim y edward said con el ambicioso objetivo de reunir en una orquesta a instrumentistas jóvenes palestinos e israelíes.
Este sueño nació en el año 1999 al reunirse daniel barenboim (director orquestal y pianista argentino, radicado desde los nueve años en israel) y el escritor edward said de nacionalidad palestina. Así se dio surgimiento a la primera orquesta árabe-israelí que es reflejo directo del objetivo primitivo de integrar a los pueblos en un proyecto, más allá de la política y de las ideologías. Esta meta, no es menor, dada la complejidad y los años de descarnada lucha entre árabes e israelíes.
Sobre esto, barenboim afirma “esta orquesta es una celebrada experiencia de entendimiento y convivencia, que deja atrás los odios y la violencia de medio oriente para intentar el camino de la paz y de la tolerancia. Una orquesta es el espejo de una sociedad y allí, sus integrantes dialogan”.