Los hijos de la sombra. Los que nadie reconoce como propios. Su deambular eterno, la infinita inquietud de su mirada ajena. Ajena a los demás, al vértigo insensible de los otros.
Sólo una foto o dos les restan del pasado o ni siquiera eso.
Memoria aniquilada. Aquellos que no la poseen como huellas de sangre.
Los hijos del silencio.
Los perdidos.
Los sacados al resplandor de un secreto de por vida.
Los arrebatados. Los solos.
La memoria es un espejo tardío.
Apareciendo en sueños, en relatos sin hilo. En los ojos del que busca y no encuentra.
La memoria rota.
Y los dedos arañando un segundo de luz que cae como vestigios del pasado, como lluvia sagrada.
Rescatar lo que se pueda, corroído por años de silencio.

Fotografía de Juan Carlos Campi