¡MEJOR NO!, ME ESTOY CUIDANDO (no entro en el molde)

por Ana Serrano
Impulsora de la ley de talles en la provincia de Buenos Aires

Cuando yo era chica, ¡y no hace tanto tiempo! vivía en un barrio de la provincia. Un barrio donde los chicos salíamos a la calle, que era naturalmente una prolongación del patio, a jugar a las bolitas, a remontar barriletes, a jugar a la mancha o a hacer macanas.

Un barrio poblado de inmigrantes, la mayoría italianos o polacos que vinieron después de la guerra. Poblado de italianas blancas y rubias y pulposas. La vecina del fondo de mi casa, de la que nos separaba sólo un alambre (ah época dorada! cuando todavía no vivíamos atrincherados!) salía a colgar la ropa con un pañuelo en la cabeza y un enorme sombrero para que ni un rayito de sol tocara su inmaculada piel de marfil.
La blancura de la piel era una condición absoluta de la belleza para aquellas mujeres europeas de los años 50.
Ya un poco después, cuando nos juntamos a la tardecita con las chicas de barrio, delirando con la fiesta de los l5 y los primeros tacos y cuchicheando en voz baja sobre las cosas prohibidas (el sexo bah!) de las que sabíamos tan poco, horrorizadas criticábamos a la verdulera que lucía unos hermosos mostachos y una mata de pelo ensortijado en las axilas.
Aquellas mujeres meridionales no se depilaban. Y eran hermosas. Como la Rosita, la flor del barrio, rubia, blanquísima y tetona, por la que varios chicos y no tan chicos se desafiaron en “el campito” y se reventaron a trompadas.
¡Una mujer sin tetas no se casaba.!
Yo tenía una tía muy bonita. Hija de catalanes (mis abuelos) inmigrantes de la primera oleada, cumplía ampliamente con el canon establecido, pero ¡horror! ¡No tenia tetas! Y entonces todas la mujeres de la familia le acercaban recursos para el disimulo. Corpiños tejidos al crochet, corpiños con relleno, formulas secretas de menjunjes para aplicarse, crema Tortulán (alguna se va a acordar) que, decía la publicidad de la época, hacia crecer “el busto”. Y para colmo, perdidamente enamorada de ¡un señor casado! a quien, a pesar de estar separado desde hacía muchos años, sus tres hermanos varones se encargaron de persuadir con la contundencia de sus palabras y el filo de tres cuchillos de cocina que llevaron a la cordial entrevista.

“Has recorrido muchacha un largo camino” anunciaba por los años 60, el slogan publicitario de una marca de cigarrillos pensado para mujeres, que venían en una cajita muy pituca y que eran muy finitos.
¡Las tetas!, hoy las niñas de l5 años piden como regalo a cambio de la fiesta, rito de iniciación si los hay en esta sociedad occidental y cristiana, una operación estética ¡para achicárselas! Y los padres actuales, cancheros, modernos, piolas, más “amigos” que padres de sus hijos, incapaces de poner límites, se lo conceden.
¿Qué es la belleza? ¿Es objetiva o subjetiva? ¿Esta en el objeto que miramos o en los ojos del espectador?, Pregunta sin respuesta, o respuesta distinta para cada corriente filosófica. En algún momento de la historia la Belleza se equiparó con el Bien.
En “La vida es sueño” de Calderón de Barca, la belleza ambigua de Rosaura (estaba vestida de hombre) deslumbra de tal manera a Segismundo (quien hasta ese momento había vivido encadenado como una bestia en una cueva, sin ningún contacto con otro ser humano desde su nacimiento) que lo transforma, lo humaniza. Tal era el poder de esa Belleza que el animal se convierte definitivamente en hombre.
Si la belleza se equipara al bien, indudablemente se asocia a la Salud. Y apareció la cuestión, ¿Qué entendemos hoy por cuidarse?, ¡No hay duda! ¡Cuidarse es hacer dieta! Caramba cómo cambia el contenido semántico de las palabras, Cuidarse ya no significa tener una vida lo más sana posible, ir al dentista, hacerse chequeos, comer sano, respirar aire puro, caminar por la plaza, tomar mate debajo de un árbol, amar, hacer el amor con amor, quererse, tratar de ser feliz.
!No señores! Cuidarse es exclusivamente privarse del postre con muchas calorías y comer uno liviano como nos enseña la publicidad, cuyo slogan usé como título. Cuidarse es mantener un peso ideal (al que generalmente nunca se llega) Cuidarse es estar flaca para entrar en el molde. Para ser bella. Para tener éxito social, trabajo, dinero, PARA CASARSE! Igual que mi tía que se rellenaba el corpiño.
Como hace 50 años cuando se reúnen “Las muchachas en flor”en esas “charlas de mujeres precoces” hablan en el fondo de lo mismo: “el dulce misterio de la vida”.
Los temas son distintos. Si nosotras soñábamos con los primeros tacos, hoy sueñan con ponerse el Jean de marca que no les entra por esas perversidades del mercado de una sociedad consumista. Mercado que establece el MOLDE al que se debe entrar a cualquier costo (incluidas la bulimia y la anorexia).
Antes la discusión sobre “¿Qué es lo bello?” la sostenían los filósofos, los grandes pensadores. Hoy, los empresarios, los publicistas. ¡Los mercaderes, bah! Aquellos que fueron sacados del Templo a latigazos.

Amen