MARÍA ANDERSEN
por Mariana Isadora Rodriguez

Mi nombre es María Andersen, soy de Tailandia, y trabajo como asistente de enfermera
Así se presentó María en la primera clase de integración y lengua que ofrece el estado a todos los migrantes que desean vivir en Dinamarca.
Lo dijo en perfecto inglés y con un acento particular.
Le seguía Chian, Young, de Bangkok que estudiaba un post grado en medicina en la universidad de Aarhus.
Después se sentaba Jim, un médico de sud África con tanta linda energía que era imposible no quererle. A su lado estaba Moioo Moiooo, una chinita a la que apodamos Cat, tan bella como divertida. Al lado, se sentaba Cristina de España, una mujer con alas.
Después venían un par de bellas y angelicales jovencitas de Latvia.- Nallely, la mujer mexicana con una ternura alegre y convocante.
Teníamos también en la clase unos ruidosos estudiantes de Bulgaria, un grupo de jóvenes trabajadores de Polonia y una pareja de Rumania.
Y entre ellos estaba yo de Argentina, que por llegar tarde a las primeras clases me sentaba en la última silla junto a una chica de Siria.-
Y también el profesor Pier, que sólo conocía Alemania, además de Dinamarca.
Así comenzaba nuestro curso de integración, con una ensalada de acentos, con una amalgama de búsquedas, y con un libro con varios tomos de experiencias.
De religión y de política no hablábamos, esa era una regla. Pero deportes si y bueno… yo salía a gambetear con el idioma y con los nombres. Si nos conocen afuera es más que nada por deportistas y sobre todo por futbolistas.- ahí tenía tema para rato, eso es lo que pensaba yo.
Pero después me fui dando cuenta de que en china son buenos en deportes artísticos y en ping pong, de que en España y Latinoamérica el fútbol es importante, pero es cosa de hombres.
En los países del este de Europa el fútbol es netamente masculino. Con Jim, podíamos hablar de fútbol porque el mundial se realizaba en Sudáfrica, en su país, entonces más que nada era conocer culturas en relación a una actividad.
Hablar de profesiones, se complicaba un poco.
Cada uno con experiencias diferentes, diferentes realidades y
el saber local que actuaba como árbitro. Porque sobre lo local no había comparación, más bien se lo utilizaba como la medida, como el código de validación.
Y ahí uno se daba cuenta que tenía que empezar de nuevo y comenzaban las resistencias a no perder lo ganado-Las primeras resistencias y las primeras incriminaciones-. La validación de la experiencia y el lugar del saber.-
La comunicación era un desafío y lo continúa siendo.- porque para aprender danés, tenés que saber inglés. Y saber inglés implica que tengas un nivel alto de idioma.
Porque saber para aprender, no es saber… eso lo entendí.
Y ahí comienzan las discriminaciones en cuanto al uso de la lengua y a las habilidades comunicacionales.
Los nórdicos tienen una cualidad destacada, en cuanto al uso de las lenguas, normalmente, hablan dos o tres lenguas y las hablan muy bien. Y pueden aprender otra sin demasiada dificultad.
Pero ese no es mi caso. Soy de Sudamérica y allá hablamos un solo idioma, a no ser el portugués que entendemos con facilidad y alguna que otra frase en italiano, lo demás es en castellano.
Y aquí, todo el acento esta puesto en la lengua para poder integrarte. Y tenés que aprenderla para comunicarte y expresar tus ideas.
Después te das cuenta que no importa lo que vos pensas. Sólo importa la adecuación a las reglas y a la cultura. Y adecuarse implica asimilar como natural lo que es propio de una cultura en particular. Y aparecen las imitaciones o las situaciones que fuerzan por ser a cualquier precio.
Ya sabes que no sos danés, pero tenes que parecerlo.
Y es como si quieran hacerte creer que esa remera de River es de Boca.
Todos vemos que es de River y vos insistís en decir que es de Boca.
Qué te podemos discutir, eso ya roza la locura.
Y con eso quiero marcar que la identidad no se pierde, aunque se simule hasta la banalidad o hasta la locura. La identidad es de uno mismo. Y aunque me pinte el pelo de blanco, me ponga lentes de colores, deje el mate por el café, llegue puntual a cada una de mis citas, no dejare de ser Mariana, una sudamericana en tránsito.
No podré evitar darme vuelta cuando escuche una palabra en español, o cuando vea los colores de mi bandera estampados en una remera y ni hablar que diré siempre que Messi es argentino.
Pero retomando el tema de discriminaciones e incriminaciones, vuelvo a la clase, a mi primera clase de integración a la lengua.

Guarda el parche que dije integración a la lengua y le agrego Danesa y en este tema vuelve María.-
Volviendo al principio.-
María, una especie de sirenita oriental. Diminuto cuerpo muy bien dibujado y sin exageradas curvas. Una abundante cabellera negra hasta la cintura.
Una mujer perfecta, coqueta, femenina y de finas expresiones, a no ser por su labio leporino que le daba un toque especial en el rostro y en el tono de su voz. María Andersen es una incógnita.
Su nombre original no lo sabemos, pero para borrar identidades se llama María.
Lo de su apellido es muy curioso. Es el apellido de unos de los tantos pacientes de su trabajo.
María sueña con visitar Londres, New York o veranear en España y manejar un auto rojo. Tiene sueños de princesa.
María se casó con el Sr. Andersen. Ella cuida de su paciente esposo. Él se alimenta con una válvula, anda en silla de ruedas, tiene un pulmotor para respirar, casi no habla, ni danés ni otra lengua.
Pero su esposo puede mirar con los ojos de María, viajar con María, Bailar a través de las danzas de María. Ella cuida de su esposo que vegeta en silla de ruedas y ama en el silencio y habla
con los ojos y vive por María.
Pero María no vive con él. Ella vive con un grupo de chicas de Tailandia que para poder trabajar en Dinamarca necesitaron casarse con parejas danesas. Y de día son esposas y enfermeras y de noche son mujeres que resignan su amor con amor.
María viaja cada tanto viaja a Tailandia a visitar a su familia y les regalas momentos de bondades, paseos en barcos, fotos espectaculares, les regala comida rica, la ilusión de ser dignos por unos días.
Y Maria sueña también, vivir con su familia, vivir con dignidad. □

Fragmento de “Yo, tu, nosotros” – Adela Norma del Carmen Balmaceda Concurso Anual Internacional de Artes Plásticas “Crepúsculo”