LUZ, CÁMARA, ACCIÓN EL SHOW EN LA POLÍTICA ARGENTINA

por Sabrina Perotti

«Buenas noches ladies and gentlement bon soire sean bienvenidos a la primera función del Circo Beat.
El circo más sexy, más alto más tonto del mundo, desde ahora y para siempre
cualquier semejanza con hechos reales correrán por vuestra propia imaginación»

Fito Paez «Circo Beat»

«La estética de show logró convertirse en necesaria para la clase política: hoy la mayoría de los políticos están convencidos de que deben presentarse como estrellas mediáticas. Por lo tanto, tratan de cultivar una imagen carismática al mismo tiempo que acuñan frases fuertes que puedan funcionar como slogans publicitarios»declara la escritora Adriana Schettini.
¿De qué manera podemos vislumbrar la construcción del personaje político? ¿Cómo es posible que seamos convencidos por los políticos que posan con sus caras apacibles en los grandes afiches? Mi intención lejos dista de creernos imbéciles que siguen a la primera persona que nos atrae. Mi duda es más remota ¿Qué artificios utiliza el aparato político para que el votante deposite su voto electoral (y sobre todo de confianza)?
Dejaré de lado las cuestiones obvias de elección que transitan por la cabeza del votante: la conformidad con la plataforma política, la coincidencia con el accionar político del candidato, entre otras, y me sumergiré en las cuestiones psicológicas, inconscientes, instintivas que un ciudadano no tiene presente pero que a los políticos no se les olvida.
Mi propósito será plantear algunos casos sobre cómo la construcción de un buen espectáculo político consigue que los votantes devenidos en espectadores sigan y veneren al candidato
devenido en personaje.

ACTO I
Hace unos sesenta y dos años, y con más de la mitad de los votos, Juan Domingo Perón era elegido presidente de la Argentina por primera vez. La elección entre «Braden o Perón» que debían realizar los votantes del ´46, quedó marcada a fuego tras el discurso que Juan Domingo proclamó ese mismo año: «La disyuntiva en esta hora trascendental es ésta: ¡O Braden o Perón! Por eso, glosando la inmortal frase de Roque Sáenz Peña, digo: Sepa el pueblo votar.»
Varios estudios han abordado el análisis del fenómeno discursivo peronista y su construcción del adversario político. Esta técnica discursiva contra la oposición es una de las miles de tácticas que el peronismo supo implementar para llevar a cabo una gestión exitosa. Y sobre todo de gran apoyo social.
La marcha peronista es una de las canciones populares más famosas que existe y fue implementada como signo de distinción y pertenencia al partido peronista y en la cual se ensalza la figura del líder con la conocida frase:«Perón, Perón que grande sos.»
El concepto de pueblo también se entiende como una creación del peronismo, al cual los supuestos sucesores de este movimiento político se dedicaron a ultrajarlo y hacerlo desaparecer, teniendo una asombrosa prudencia de promulgar en su lugar las palabras «gente» o«sociedad».
El escritor Marcos Aguinis describe a Juan Domingo de una manera muy singular: «Juan Perón tenía un estilo que combinaba tres elementos: su formación castrense, la picardía del paisano y la chabacanería del porteño. Seducía en la intimidad y enardecía en las plazas. Su palabra era fluida y subyugante; su sonrisa, gardeliana, abrazaba a casi todos los que se le ponían delante y saludaba con los brazos en alto, de manera cálida y triunfal. Cuando se dirigía a la multitud desde el balcón de la Casa Rosada, no temía el ridículo de preguntarle si estaba conforme con su gestión. Las masas, hipnotizadas por su magnetismo, bramaban un furioso «¡Sííííí»!, que funcionaba de plebiscito. Instauró un clima mágico y desató un amor desenfrenado. También odios.»
Con respecto a Eva Perón, la presencia de lo espectacular la acompaña en todo momento. Elegida como la «abanderada de los descamisados» era reverenciada y venerada cual estrella de rock internacional. Y no es tan errada la comparación ya que su vida llegó a ser interpretada por la polémica cantante Madona. La vida de la ex – primera dama, además se convirtió en uno de los más famosos shows musicales de Broadway: «Evita el musical».
¿Quién hubiera imaginado este gran éxito de Eva Perón en la tierra de Braden?

ACTO II
Siguiendo un orden cronológico llegamos a una de las etapas más críticas por las que transitó la sociedad argentina: el menemismo. El panorama era el siguiente: fines de la década del ‘80, terminaba el pésimo gobierno de Raúl Alfonsín quien adelantó las elecciones presidenciales por la crisis incontrolable y la presencia de la hiperinflación que era acompañada de un índice de pobreza del 25%.
Es así que el 9 de julio de 1989 asume Carlos Saúl para controlar la situación. Una gran paradoja si analizamos las tremendas secuelas que dejó su mandato, las cuales todavía hoy estamos presenciando. Pero más allá de todas las estrategias económicas, culturales y sociales que llevó a cabo este gobierno, quiero detenerme en el espectáculo que rondó a Menem durante esa década.
Carlos fue quizá uno de los personajes más ricos en materia de análisis respecto a la construcción de un personaje frívolo. Este riojano, cholulo y canchero, agasajaba repartiendo «pizza con champagne» en sus reiteradas celebraciones. Se sacaba fotos con las más famosas figuras de la farándula, la música y el deporte. Tal como relata el escritor paraguayo Luis Agüero Wagner «Menem llegó al poder con un look prestado del caudillo federalista Facundo Quiroga para terminar convirtiéndose en la contrafigura de los nacionalistas y arraigados defensores del interior mediterráneo argentino del siglo XIX».
Pero al llegar al gobierno se deshizo del atuendo del interior argentino, se acortó las patillas, y se hizo un lifting que él siempre negó (prefirió decir que había sido picado por una avispa).
Y cómo olvidar aquella promesa tan exuberante y efímera, similar al clima de los noventa: la licitación de un sistema de vuelos estratosféricos «desde una plataforma que quizás se instale en la provincia de Córdoba. Esas naves espaciales van a salir de la atmósfera, van a remontar a la estratósfera y desde ahí elegir el lugar donde quieran ir de tal forma que en una hora y media podamos, desde Argentina, estar en Japón, en Corea o en cualquier parte». Esta cita me hace experimentar una especie de deja vú cuando leo sobre las tres horas que tardaremos de Buenos Aires a Rosario en el extraordinario tren bala.

ACTO III
Con el fin del gobierno de Menem comienza una era totalmente distinta. Ni mejor ni peor, diferente. El 10 de diciembre de 1999 asume la presidencia Fernando De La Rúa. Los cambios no se dieron solamente en materia política, económica y social sino también en relación al clima de derroche y fiesta que había instalado el menemismo durante la década anterior. Se iniciaba una época seria y responsable, no más «pizza con champagne», no más Ferraris, comenzaba… el simple aburrimiento.
«Dicen que soy aburrido» es una de las frases más famosas que los spots publicitarios hayan dado a luz. Ramiro Agulla y David Ratto, los publicistas de De La Rúa, tardaron horas en convencerlo para que Fernando dijera el versito. Muchas personas del entorno cercano al presidente se oponían a tal absurdo spot. Muchos más creen, hoy en día, que gracias a esa propaganda resultó ser electo por los argentinos.
El espectáculo de la imagen «aburrida» que se formó alrededor de este personaje comportó un arma de doble filo: por un lado, y sobre todo en la etapa previa a las elecciones, contribuyó a mejorar su imagen, a ganar adhesión del público y a brindar una aspecto de seriedad y mesura en su accionar político. Pero por otro lado, luego de la asunción, este perfil sobrio fue desvaneciéndose como arena entre los dedos y De la Rúa pasó a ser el hazmerreír de la política argentina. Su imagen exhibía a un hombre torpe, débil, olvidadizo, lento, distraído y adormitado y, sin ir más lejos, a fines del 2000 demostró que todas esas características no eran inventadas ni guionadas. Ante más de tres millones de argentinos que veían diariamente el «Show de Videomatch», programa de TV conducido por Marcelo Tinelli, el presidente se dirigió equivocadamente a la salida, dio media vuelta y volvió a cruzarse por detrás del conductor para finalmente
salir del set. Un tremendo plagio a su imitador, que no tuvo más remedio que retirarse porque su trabajo cómico carecía de sentido. El mismo presidente era el que daba risa.
La figura de De la Rúa no hacía más que irse en picada, hasta el punto que el portavoz del Gobierno, Juan Pablo Baylac, tuvo que pedir a dibujantes y guionistas que moderaran sus críticas. Una abogada contratada por el presidente presentó una querella por daños y perjuicios contra Nik, el humorista del diario La Nación, por sus caricaturas cómicas en donde se lo mostraba vestido con un pijama celeste y con una almohada atada a la cintura bajo el título de «Ese lentísimo Sr. Prescidente».

ACTO FINAL
Vestidos de Susana Ortiz, zapatos de Claude Bernard, carteras de Channel, extensiones de Alberto Sanders, relojes de Rolex, componen, entre otras marcas, la figura de la actual presidenta de la Nación: Cristina Fernández de Kirchner. Hartos son los artículos escritos acerca de su look moderno y elegante, de su obsesión por la imagen, de su cuidado personal. Hasta el diario londinense «The Guard» la nombró entre los diez políticos que más cuidan su imagen y más ostentan. La elección se basó en «ser unícono de la moda, el lujo y la ostentación de riqueza dentro del mundo de la política». ¡Vaya fundamento!
Ni siquiera la banda presidencial quedó afuera de la obsesión de Cristina. La presidenta pidió que fuese de terciopelo y que tuviera un bordado especial, con lentejuelas y canutillos alrededor del sol.
Hay muchas notas, como dije, que comentan el fanatismo de Cristina por la indumentaria. Es tildada de «Mariana Nanis» por las recurrentes compras en shoppings nacionales e internacionales, pero pocos señalan el origen de los fondos para tales adquisiciones.
Este personaje político no se circunscribe solamente a cuestiones comerciales, también el propio matrimonio Kirchner comporta una especie de obra teatral. Él, un flaco bizco, desgarbado, con cara graciosa y una voz, todavía más chistosa. Ella, la mandona, quien reta constantemente a su marido y lo regaña frente a toda la nación. Él la deja, ella se enoja. Él hace chistes, ella es seria. Pareciera ser que una pareja sacada del programa «Matrimonios y algo más» que tienen pocas cosas en común, excepto la que se basa en su unión: la inagotable búsqueda de poder.
Por eso, pensemos, detengámonos a reflexionar acerca de los políticos y sus espectáculos, sus escenas, sus apariciones, sus líneas. Prestemos muchísima atención a sus perfiles, a sus improvisaciones, a sus actos, a su público, porque existen más conexiones de las que creemos entre la política y el espectáculo.
Como diría el gran Tato…. vermouth con papas fritas, y Good Show!!!

Show Internacional
Nicolás Sarkozy pasea con su reciente esposa, la cantante y actriz, Carla Bruni cual pareja de Hollywood. Retratados junto a las Pirámides de Egipto, en los Jardines de Versalles y hasta en Euro Disney, son perseguidos con acoso por los paparazzi como si se tratara de Angelina Jolie y Brad Pitt. Sin ir más lejos, su casamiento secreto sufrió millares de rumores e hipótesis en la prensa gráfica francesa. Todo el país se revolucionó por la pareja. Sin embargo, «Sarko», como lo llaman en Francia, estaría perdiendo popularidad entre los ciudadanos. Varios sondeos realizados el pasado febrero marcan la caída de su imagen y la pérdida de confianza que el pueblo francés manifiesta por la «impresión de distancia» que brinda el presidente. Los viajes, el lujo, el romance, el jet set, darían la impresión de que Nicolás Sarkozy «vive como alguien de la farándula, que tiene un romance con una modelo y que se toma vacaciones de lujo», según afirma
Roland Cayrol, presidente de la firma de encuestas CSA.
Otro de los asuntos mediáticos que invadieron a la política en los últimos años fue el escandaloso caso entre Bill Clinton y Mónica Lewinsky. Todo comenzó en 1995, cuando trasladaron a Lewinsky, de tan sólo 21 años, al despacho personal del secretario del presidente Leon Panetta, a pocos metros del Salón Oval, donde dicen que ocurrieron varios de sus encuentros sexuales con el presidente. La noticia se dio a conocer en 1998 y el escándalo surcó todos los países del mundo asumiendo un carácter internacional y mediático que podría hacer flaquear al presidente de los Estados Unidos.
Sin embargo, el affaire de Clinton fue asumido y diez años después su esposa se postula al cargo de presidente en las elecciones norteamericanas de noviembre próximo. Parece ser que Mónica fue olvidada y el matrimonio está más unido que nunca.