Lo Prohibido tiene cara de mujer

By 27 noviembre, 2014n.13 - pecado

por Lucía Di Salvo León a muger, quando a su marido non á miedo nin teme, nunca puede seer buena. SENDEBAR, Libro de los Engaños

Una mujer. Lo prohibido. El pecado. La carne llama a la carne pero la carne llama a la guerra. Ella contra el tiempo y la historia. Ella contra todo. De esta trinchera nadie se atreve a salir pero finalmente, el encuentro entre la bala con el cuerpo es inevitable. Frecuentar el deseo y todo aquello que se vincula con lo desmedido es caer otra vez en el lugar común, salir de la trinchera, entrar a la mujer.

Predicar con el ejemplo
Si nos situamos en la España de los siglos XIII y XIV, debemos pensar en la prosa como un fenómeno tardío con respecto a las primeras manifestaciones literarias (líricas y épicas) que eran orales y de carácter popular. Las com-posiciones más antiguas, destinadas a y compuesta por letrados, eran orales pero a finales del reinado del Fernando III el Santo y con el advenimiento de Alfonso X, surgen colecciones literarias de carácter ejemplar: los exempla, y los escritos sapienciales, es decir, colecciones de aforismos proferidos por filósofos clásicos.
Alfonso X el Sabio -su epíteto habla por sí solo- se embarcó en una empresa cultural de largo alcance: reunió pensadores, artistas y estudiosos de diferentes disciplinas para crear documentos de investigación (tratados de astronomía), escritos históricos (crónicas) y literarios. Pero la nota más singular de su proyecto radica en la vinculación del mundo oriental y occidental; de esta síntesis surge un único trabajo que conjuga el pensamiento cristiano, musulmán y judío. Que el rey de las tres culturas estaba en la avant-garde del medioevo, de eso no hay dudas.
Para absorber la fecundidad de las tres culturas es necesario contar con una escuela de traductores que puedan poner en lengua vulgar vernácula el conocimiento de estos intelectuales musulmanes y judíos. El rey Sabio tampoco dejó esto librado al azar. La Escuela Toledana de Traductores se encargó de tomar los textos en la lengua original y verterlos directamente al romance. Estos trabajos no sólo son valiosos por recopilar datos que iban desde los orígenes mitológicos hasta los reinados contemporáneos (1) por y profesar valores morales (2) sino también por cumplir la labor, no menos importante, de fijar la lengua vulgar, es decir, el castellano como vehículo para investigaciones intelectuales y difusión de conductas sociales favorables según la moral de turno

L

os libros traducidos del latín sufren una evolución diferente a los traducidos del árabe: los primeros comienzan por ser obras escritas y utilizadas por clérigos, más tarde los clérigos las adaptan a los seglares para exponerlas en forma de sermones o lecturas piadosas y por último, el elemento didáctico de las obras comienza a verse opacado por el elemento de diversión de algunos relatos. Los segundos preconizan una moral diferente a la del Cristianismo y a la del Islam, es decir, realizan referencias a Dios y a la virtud en un enfoque que refleja más bien los ideales vulgares de la vida cotidiana y no los de la mezquita. Este ideal provendría, aparentemente, de un pasado pagano preislámico. Quizás ello explicaría por qué en el Sendebar aparecen alusiones a la ferocidad y al engaño de las mujeres. La mujer es tentación y peligro. Prevenir a los hombres piadosos será tarea de éste libro de ejemplos.
La literatura, como elemento didáctico, conforma esa afinidad electiva entre la mujer y el pecado. La misoginia, en la Edad Media, es moneda corriente. Inclusos varios proverbios de la época ilustran la perversidad de la mujer. Basta con una muestra:
Mujer refranera, mujer puñetera

El arte de decir que no
El omne non debe loar […] a la muger fasta que sea preñada’ (Sendebar, 69).

Simple, débil… en definitiva: inferior. La mujer es lo otro. Ella existe en tanto y en cuanto exista el hombre. Complemento, parte, consecuencia: el pecado anticipa la perversidad de su sexo.
No vamos a decir que hoy no suceda, pero en el siglo XVI las convicciones acerca de las artimañas del género femenino estaban muy claras. No sólo hablamos de textos filosóficos o literarios, incluso las leyes le atribuían a la mujer un papel pasivo. Este es el caso de las Siete Partidas (cuerpo normativo del reino de Castilla) de Alfonso X el Sabio:

Ley 6: Casar pueden todos aquellos que tienen entendimiento sano para consentir el casamiento, y que son tales que no tienen embargo que les impida yacer con las mujeres (…) (3)

En el caso del Sendebar, también conocido como Libro de los engannos e esayamiento de las mujeres se ponen de manifiesto que los supuestos defectos son causa directa de la desgracia del hombre. Los cargos que tácita o explícitamente se le adjudican a la mujer en esta obra son varios, entre ellos, se sabe que: (1)tiende a la libidinosidad: comete y provoca el adulterio; (2) tiene gran capacidad para embaucar al hombre; (3) es insensible y fría, por lo tanto, no le es difícil dañar a otros en pos de su propio beneficio; (4) es mala consejera, lujuriosa, cruel y se la vincula, frecuentemente, con lo diabólico.

Pienso, de repente en El Caballero de Zifar -primer texto extenso de aventuras ficcionales en prosa romance compuesto hacia 1300- y en otros textos de la misma época que vinculan a la mujer on el diablo. En este punto es importante tener en cuenta las virtudes trasgresoras del género maravilloso y la figura femenina como disparador que conduce a la maravilla. La presencia de la mujer modifica el paisaje, no solo de manera estética sino también de manera histórica.
Durante la crisis del XIV, las formas sociales más sólidas y las jerarquías estáticas cambian por formas más fluidas. Las prácticas cotidianas experimentan una transformación muy fuerte y ciertos grupos, antes relegados del ámbito del poder comienzan a entrometerse en la escena. Es en éste punto donde lo maravilloso emerge como algo anacrónico, un resabio de una cultura pagana; con éste género aparece el lugar común de la seducción como esa piedrita que molesta en el zapato y la mujer como alma máter del arte de la tentación.

En libros como el Caballero de Zifar, las mujeres surgen metamorfoseadas como demonios, incitan a la trasgresión de toda norma. Acercarse a la mujer es acercarse a lo prohibido y, como se puede suponer, esta regresión a lo pagano y a lo instintivo, tendrá su castigo.
Entonces, dejarse seducir, entregarse al juego humano del deseo nos sitúa en un paraíso temporal, donde se suspende todo aquello que no tenga que ver con el goce. Pero nada es para siempre. La sucesión de noches y de días desemboca, inevitablemente, en lo contrario de la paz. Tentarse y decir sí es peligroso, pero ¿hay posibilidades de decir que no un paso antes de caer en el pecado?
La mayor tentación se encuentra en la antesala de la trasgresión. Basta que haya un cartel de prohibido pasar para que alguien se atreva y pase. Desobedecer es necesario, a veces lo necesario es peligroso y lo peligroso es revolucionario: femme fatal, demonio de mil caras, sólo había que decirte que no para no caer en el infierno, sin embargo, la mujer otra vez, con sus piernas cruzadas, sus pechos-manzanas y su boca comestible. Grandes epopeyas, hitos históricos, revueltas y otra vez la mujer. Dante tenía que decirle que no a Beatriz, sin Helena no hay Aquiles ni Guerra de Troya, sin amor, Eneas no equivoca su camino a los brazos de Dido.
Solo había que decirte que no, mujer… a vos, a lo inevitable: al encuentro entre la bala y el cuerpo, a los sueños de libertad.

(1) La General Estoria o la Estoria General de España, por ejemplo.
(2) Calila ed Dimna, Sendebar, Disciplina Clericalis, etc.

(3) Partidas de Alfonso X el Sabio