La verdad, la política y la ética de la violencia Pacto de Paz

By 25 noviembre, 2014n.14 - miedo

Por Shila Vilker
Licenciada en Ciencias de la Comunicación, docente e investigadora de la Universidad de Buenos Aires. Ha publicado, en 2006, el libro Truculencia.


I
Las ideas sobre manipulación y objetividad de la comunicación mediática, ambos fenómenos miméticos de distinto signo, presuponen una «verdad». Hoy sabemos que la verdad, es decir, lo que una sociedad en un momento determinado está dispuesta a considerar como verdadero, es resultado de un proceso complejo orientado sobre todo a la convivencia pacífica.
Si se trata de pensar el límite entre la presumida objetividad y la manipulación lisa y llana, deberíamos reconocer que la objetividad en sentido estricto no es otra cosa que una quimera; de igual modo: no existe, no podría existir, tal cosa como la manipulación lisa y llana. Tal cosa no existe; además, presuponerla es una de las formas en que suele subestimarse a la audiencia. Muchas veces solemos creer que el pueblo no se equivoca, pero ¿y las audiencias?
Más aún, podríamos preguntarnos si la diferencia entre verdad y mentira no radica en el rating. El rating, en cierto sentido, puede ser pensado como un acuerdo de paz; en tal sentido, el rating fija, consolida, la verdad de época.
Por eso, resulta inexacto sostener que los medios criminalizan la pobreza; al revés, la inseguridad es el modo en que se han procesado las nuevas formas de la pobreza.

II
Ahora, ¿por qué consumimos las noticias de violencia? Los comportamientos y las prácticas de las audiencias pueden tener explicaciones diversas. Los productos mediáticos no están exentos del ejercicio del gusto. Algunas veces, la violencia sigue el decurso de la tragedia serial; otras, retoma la larguísima tradición mediática y popular vinculada al grotesco y a lo tragicómico. La mixtura de risa y repugnancia es un atributo de las noticias que las vuelve aptas para el espectáculo y para el consumo. La apelación, en una de sus dimensiones, es al morbo del espectador. Para el primer caso de noticias sobre violencia, la
tragedia serial, debemos pensar en la puesta en funcionamiento de una lógica de la suspensión. Se trata de inquietudes latentes que siempre, o en un periodo cercano, retornan. Es el modelo de la inseguridad. Cada noticia abre una saga en la que ya se invita a un próximo capítulo. Justamente, la temática de la (in)seguridad
es el tipo de noticia que se puede reabrir en cualquier momento.
Sea en la tragedia serial o en el grotesco, la mayor parte de las veces, en las noticias policiales se dice de manera directa lo que todos piensan de manera indirecta. Esto es: que la nuestra es una sociedad de privilegios; y que los privilegiados no están dispuestos a ceder sus privilegios.

«Cuarta obra» de Darío Hernán Beatriz
I Concurso Anual Internacional de Artes Plásticas “Crepúsculo”

III
La inseguridad es un mecanismo complejo que supone mediaciones, resonancia, confirmación material y transformaciones en el ejercicio y la regulación de la violencia y del delito.
En este sentido, el problema de la inseguridad no es exactamente el del delito. El delito puede bajar y la sensación de inseguridad permanecer estable o crecer, como sucedió en el 2004, cuando la voz de Blumberg vino a dar caradura a los temores ciudadanos. En primer lugar, mediaciones: la mediación es la que hace de un hecho delictivo puntual una amenaza general; la que hace laoperación de interpelación que va de la víctima de un hecho criminal a la víctima virtual (que somos todos). Aquí los medios juegan un rol central. No se puede decir que son la causa pero sí condición de la inseguridad. En segundo lugar, resonancia. Hay una amplificación discursiva e imaginaria, una circulación de ciertos tópicos y preocupaciones deépoca en la que los discursos masivos van dando forma a la vida cotidiana. En tercer lugar, si la percepción de la inseguridad es posible es porque, efectivamente, en la vida cotidiana la gente tiende a confirmar esta percepción. No hace falta que se confirme por ser víctima de un delito; se puede confirmar también por vivir en un ámbito plagado de rejas o con botones de pánico a la mano. Finalmente, no debemos desconocer que en los últimos años efectivamente se ha dado un proceso de cambio en las formas que asume y en la regulación de la violencia urbana y el delito.

IV

La víctima virtual (no la que ha padecido el delito sino el ciudadano atemorizado) está a mitad de camino entre el consumidor y el ciudadano y es la pieza central de la inseguridad. Como figura, es compleja; pues la víctima hace estallar el derecho, supone la crisis de todo derecho. Expliquemos por qué. La ciudadanía se constituye como ejercicio de derechos y obligaciones. Es esta doble cara, el reverso y el anverso, el espíritu que anima la vida ciudadana. Con la crisis de la seguridad muere la trama doble que sostenía el orden del derecho positivo; la víctima es puro derecho libre de obligaciones. La víctima sólo tiene derechos. La víctima no tiene obligaciones.
En un mundo cruzado por el miedo, es lógico que asomen nuevos perfiles sociales: la víctima ocupa ese lugar y es el síntoma de época por excelencia.Nuestro mundo es el de las víctimas. Y no hay víctimas sin victimarios. Pero tampoco sin victimólogos: todos aquellos que se asumen como representantes de la víctima son los grandes voceros del temor; amplifican el pánico, le auguran una carnadura.
La víctima en tanto tipo social emergente obedece a la nueva gramática social, domada más por la fusta de la exclusión que de la inclusión. La nueva gramática de la exclusión social, pues, no supone tanto el fin del pacto social, cuanto la emergencia de uno nuevo. Con esto, entramos de lleno al campo de la política.

v
Ahora, ¿es posible una política carente de ética? ¿Y qué sucede con la dimensión ética en los medios de comunicación?¿Por qué, cuando se habla de violencia en los medios, se apela más a la dimensión ética que a la política?
Para aclarar el panorama, debemos aclarar que los marcoséticos no se decretan ni se legislan. En todo caso, podemos pensar en la necesidad de un marco jurídico. La ética es atributo de los sujetos y no de las instituciones. En tal sentido, cabe pensar que el televidente es un sujeto moral tan competente, al menos, como sus gobernantes. No debemos, una vez más, subestimar a las audiencias. Su competencia moral, en cada caso, define su encendido y su apagado.
Siguiendo este razonamiento, entonces, haremos mal en ver, en el consumo de noticias criminales, un telespectador manipulado y unos medios todopoderosos que criminalizan la pobreza; antes, debemos preguntarnos qué subyace en la nueva imagen de la amenaza y cuáles son las formas, siempre políticas, en que la exclusión se nos revela. Tal vez allí veamos que la verdad es nuestro pacto de paz y que, como todo pacto pacificador, se asienta en el señalamiento de un culpable.