LA SUERTE, UNA CUESTIÓN DE FE

Luis Straccia

Minuto cero, el árbitro da el primer silbato y yo, ya sea en la tribuna, frente al televisor o ante la radio, doy mi primera pitada. Es así, se trata de algo que debo repetir en el minuto 0 y en el minuto 22 de cada tiempo. De no hacerlo, el resultado del partido no ha de ser favorable.

Es cierto, se me dirá que la campaña de Rosario Central este año no ha sido de las mejores, pero pónganse a pensar por un momento donde estaríamos si yo no hubiese aportado lo mío. A los 38 años tengo la impresión de que ya no me han de descubrir en un potrero –y mis últimas actuaciones en el campo de juego dan fe de mis sospechas- que ningún cazador de talentos me verá y me ofrecerá jugar en la primera de mi glorioso equipo. Entonces, el refugio de la cábala reiterada, me une, me hace parte de la suerte del club. Cada pitada que doy ayuda a que la pelota entre, o en su defecto a que el resultado final no sea tan adverso. Lo peor del caso es que me considero un tipo racional, sin embargo hay algo que me puede, cierta fuerza que me impulsa a actuar de esta manera… a pesar de que me siento -debo confesarlo- un poco ridículo. Una amiga se estroló con el auto que quedó hecho una maraña de hierro irreconocible. Luego de estar varios días internada, con una operación de por medio, y en proceso de recuperación, mientras me comenta el accidente me dice «gracias a San xxxx, me salve», y yo no puedo dejar de morderme los labios para no preguntarle por que el dichoso y protector «San xxxxx» directamente no la ayudó con el freno y le evitó el choque. ¿Bastan de por sí solos la encendida del pucho o la estampita de «san xxxx» para ganar un partido o para evitar el choque? Indudablemente no, los resultados están a la vista. Como decíamos estos pequeños hechos nos acercan a otros. A ser por momentos seres que tengan un poco más de poder que el resto, que al menos por un instante puedan influir en los designios del cosmos y ser parte de un plan divino. Porque es indudable que a la suerte, queridos míos, hay que ayudarla. ¿Cómo podemos sentarnos en una cálida tarde de verano, dejando el tiempo pasar y soñar con ganarnos ese fangote de billetes a partir de la conjugación de unos numeros salvadores, si nos da fiaca ir a comprar el billete de lotería? Y no es que no tengamos esta posibilidad al alcance de la mano. En la página oficial de la Lotería Nacional se dan, sólo para lo que es Ciudad Autónoma de Buenos Aires, mas de 1270 direcciones de Agencias Oficiales, mientras que en lo que se refiere a la provincia de Buenos Aires, la cifra oficial es de unas 3070 agencias habilitadas. Cruza los dedos, toca madera, no pases por debajo de esa escalera. Evita el 13 y al gato negro, no te levantes con el pie izquierdo   Lo que ocurre, quizás, es que si operamos en pos del sueño, corremos el serio riesgo de enfrentarnos al desengaño. A que ese billete no sea el premiado, ni hoy, ni la semana próxima, ni el otro mes, quizás nunca. Y entonces ahí sí que se pone fea la cosa, porque deberemos entender que sólo nos queda el soñar. La suerte del éxito y la razón del fracaso y viceversa: De acuerdo a la vereda desde la que me sitúe, puedo mirar esta realidad como me convenga, aunque este hecho no sea siempre suscitado de manera consciente. El desafío de una vida plena -en el marco de la conciencia de la finitud de la misma- más allá de lo que cada uno entienda por la mentada plenitud, me lleva a fluctuar entre suerte y razón. Convivo con otros seres que disputan ese espacio de felicidad. Mis éxitos son resultado de mi planificación y acción en pos de los mismos. Mis fracasos, fruto de la acción de los demás que no me permiten avanzar. Los éxitos de esos otros, frutos del azar, de la suerte que han tenido, su fracaso consecuencia de su incapacidad. Está bueno este juego que solemos realizar, tanto como las discusiones que teníamos con aquel compañero de trabajo -luego jefe- a quien solía decirle que a él le gustaba transformar nuestros éxitos en logros individuales y nuestros fracasos en hechos colectivos. Están aquellos que afirman que la suerte no existe, que lo que se denomina suerte es el resultado de algo. Ahora bien que ese algo sea positivo o negativo, es sólo una cuestión de actitud frente a la vida. En definitiva de una cuestión netamente personal. Si los fracasos son colectivos, y los triunfos individuales, la actitud es insuperable. Vaya mecanismo de defensa que somos capaces de generar.

«Discapacitado» de Daniel Leber I Concurso Anual Internacional de Artes Plásticas Crepúsculo

«Toque final » de Feliz Morillo I Concurso Anual Internacional de Artes Plásticas Crepúsculo

«no te limpies» de Maximiliano D’Ettore Negri I Concurso Anual Internacional de Artes Plásticas Crepúsculo

Causas y azares La verdad es que no sé como fue que se inició mi rito del cigarrillo con Central. Lo que sí es seguro es que ganó, pero –y acá viene uno de los grandes interrogantes cuya respuesta hoy por hoy prefiero no aventurar- fue pura coincidencia que la primera vez que lo realizara Central ganara… o fue justo por mi acción que lo hizo? Son dos acciones independientes. En la primera no tengo ninguna posibilidad de actuar sobre los hechos, soy un mero espectador, en la segunda soy parte de la acción. Asistimos a tiempos de ocasos. El ocaso de los dioses, de las grandes causas, de los hechos colectivos. Y en este contexto, donde tanto luchamos por el triunfo del hombre y de su razón, sobre las más variadas opresiones, nos vamos quedando solos. Pero es posible que aún podamos vislumbrar resabios, pequeños rincones en donde los dioses se acurrucan y murmuran «cómo podemos recuperar nuestros reinos, si ya no nos tienen fe». Lo cierto es que la fe perdura, sólo ocurre que se ha desplazado de los dioses a un sinnúmero de sacerdotes. Son los intérpretes del destino quienes hoy son capaces de hacer llegar su mensaje a ciertas multitudes. Por qué hoy los diarios siguen dedicando una pagina de sus ediciones a los horóscopos. Alguien les cree realmente a esos agoreros que, según el diario o revista, de que se trate nos dirán «seguí para adelante con ese amor…» o «no presiones a tu pareja si querés obtener buenos resultados», pero que a pesar de las aparentes diferencias, nos dicen lo mismo porque nada dicen. ¿Qué es lo que hace que aún perduren? Qué lleva a que se vendan millones de ejemplares año a año de libros de vaticinadores, sin tomarse el trabajo de ver si se acertó o no algún pronóstico? Qué es eso, sino la fe. Numerología, tarot, astrología, lectura de borra de café, e innumerables horóscopos (chino, celta, maya…) junto con rituales (nudos santo pilato, enterrar huevos, cruz de sal -los tres nos permiten detener la lluvia-) son algunas de las cosas que nos permiten luchar contra el predeterminismo.

Y métete en el bolsillo, envuelta en tu carta astral, una pata de conjeo por si se quiebra un espejo o se derrama la sal. Vigila el hóroscopo y el biorritmo, ni se te ocurra vestirte de amarillo.

Esto es una muestra, banal si se quiere, de que el destino por fuerte que parezca, no se nos representa como todopoderoso. Es parte de nuestra naturaleza, en tanto hombres, pensar que podemos -aunque sólo sea en parte- mutar la historia. Y la multiplicidad de ofertas que se pueden observar son causa y consecuencia de la multiplicidad de públicos -clases sociales, sexos y edades-. Podemos decir en todo caso que existen personas más o menos fatalistas, pero también que no existe persona que sea en absoluto resignada. Ya sea con el uso de la razón o con la esperanza depositada en un golpe de suerte, el ideal del cambio está presente. Además, en el caso de los augurios y sus generalidades, nos ofrecen también la posibilidad de establecer con ellos un vínculo y un compromiso relativo. Si la pegan, bien, y si no -la verdades que no importa.

Como astrólogo puede decirte lo que vas a vivir y en qué fecha será. Lo que no puede preveer porque depende totalmente de ti, es cómo enfrentarás esa experiencia y en particular, con qué actitud mental lo harás.

 El desplazamiento de los dioses y sus designios, por la idea de un hombre racional e individual, nos sumerge en la soledad de ser nuestros propios y únicos artífices. En todo caso la idea de que la fortuna sea fruto del azaroso devenir de la suerte –buena o mala- nos ayuda a paliar esta soledad. Dado que si nos quedamos sin ese asidero, nuestra autoestima quedaría por el piso, ante cada revés cotidiano.

Así voy descubriendo que sólo soy yo con el mundo. El triunfo del individualismo es eso, y las acciones racionales a las que puedo recurrir para cambiar el destino trazado son pocas y limitadas. Indudablemente es una de las cuestiones más azarosas que debemos enfrentar, en la que realmente no hemos tenido nada que ver, es la cuna en la que hemos nacido, con sus condicionantes y/o oportunidades a cuestas. En condiciones adversas, ¿basta con la razón para superarlas? La razón, valga paradoja, nos lleva a pensar que somos parte determinante en todo aquello que nos ocurre. Se conjugan las causas y los azares. Las primeras son racionales obedecen a un pensamiento cientificista de causa-efecto. Las segundas parecieran ser mero romanticismo, resultado del mundo mágico que nos rodea y que llegamos a comprender.

la Constitución te ampara, la Justicia te defiende, la polícia te guara, el sindicato te apoya el sistema te resguarda, y los pajaritos cantan y las nubes se levantan

Si bien es el pensamiento científico, devenido a su vez en una nueva religión para el común de la gente, el que prima en la actualidad, no es menos cierto que es el pensamiento mágico el que nos permite enfrentarnos a la racionalidad de este presente. Mientras el mundo científico racional amenaza de manera permanente con acabar al mismo mundo que descubre y, al menos una parte busca proteger, como consecuencia de la contaminación, hambruna, especies en extinción. En tiempos de crisis permanente, algo tan sólido como la ilusión es lo que nos da las fuerzas para continuar. Los detentadores de la razón dirán que la suerte no existe. Que el destino es algo que se construye a partir del propio esfuerzo y que la recompensa en la consecuencia del deber cumplido. Los charlatanes de feria dirán que todo está escrito, pero que con unos mangos ellos pueden borrar esa historia y reescribirla, que debemos modificar tal o cual conducta porque Venus se cruzará con Saturno, y entonces… Pero en definitiva, en el medio de los discursos estamos nosotros, los que pasamos la vida, entre causas y azares, aferrándonos unas veces a unas, otras veces a otras, para poder seguir andando.

Y si a pesar de todo, la vida te cuelga «un no hay billetes», recuerda que pisar mierda trae buena suerte… (1)

(1) Joan Manuel Serrat «toca madera»

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