La construcción del aprendizaje
Lic. Silvia Pisano

¿Qué es la educación?
-lo que te ayuda a aprender
– Y qué aprendés?
-Todo lo que tengo que saber
– Y qué tenés que saber?

No sé
(diálogo con una alumna de Escuela Secundaria)

A partir del encuentro con la joven, seguí caminando y no puede evitar que en mis pensamientos resuenen varios relatos cotidianos sobre el “aprender lo que hay que saber”, que se dan en distintos escenarios e involucran a distintos actores.

“No es mucho lo que se puede esperar que aprenda porque no tiene familia” “Aprende todo lo que le enseñan” “No aprende más, es un burro” “Fijate de dónde viene… Cómo querés que sea” “ Y si nadie le enseña bien…” “Ese chico no puede estar acá, sólo trae problemas. Atrasa a los otros que quieren aprender” “En estas condiciones no se puede aprender” “ Mi hijo necesita otras cosas porque aprende más que los otros” “Este no aprende más.” “ Me vas a terminar dando la razón en que hay un momento en que uno se resigna y termina concluyendo que él no puede aprender ”…

Y cada uno de esos discursos acerca de las representaciones sociales que evocan “el aprendizaje” (o bien, la posibilidad de aprender) nos interpelan de continuo acerca de a qué nos estamos refiriendo cuando hablamos de aprendizaje.
Lejos de pensar en contextos pedagógicos, donde la intencionalidad de los profesionales de la educación debe ser ofrecida, promovida y planificada como un espacio formal que genera aprendizajes significativos, enmarcados desde una política educativa con sus fines, principios y teorías pedagógicas, los invito a pensar sobre la construcción sociocultural de esos aprendizajes, por fuera de la escuela.
Y para ello, es necesario aclarar qué entendemos por aprendizaje.
Hablar de aprendizaje, es
• Hablar de proceso.
• Un proceso que posibilita la adquisición o modificación de ciertas destrezas, habilidades, actitudes, conductas, valores, saberes, estrategias de resolución de conflictos, de conocimiento, de acción, de procedimientos, etc.
• Y dichas adquisiciones o modificaciones se producen gracias a la observación, el estudio, la experiencia, el análisis crítico, la reflexión, la formación, la incorporación de estrategias.
• Es inherente a los sujetos sociales
Esta base del saber acerca del aprendizaje, da lugar a distintas teorías y distintas miradas sobre las dimensiones y tipos de aprendizaje. Pero también nos convoca a repensar los escenarios en donde se producen los aprendizajes.

La construcción del aprendizaje en lo cotidiano
Es innegable que los primeros aprendizajes se construyen en el interjuego de los distintos modelos de familias y el contexto en el que un niño o niña va dando sus primeros pasos.
De esos patrones esperables, naturalizados, instalados o ignorados, de cada contexto particular, aparecen los primeros aprendizajes sobre pautas, costumbres, modos de mirar, actuar u omitir.
Así, cada sujeto con sus tiempos y con su realidad cotidiana va construyendo sus actitudes, saberes, conducta, ideales, etc. Es decir, los aprendizajes de cómo relacionarse, de cómo comportarse, de qué incorpora, qué resiste, qué modifica de esto que le es dado…
En suma, hablamos de un proceso continuo, constitutivo de los sujetos todos, que posibilita la adaptación o la resistencia al entorno, la respuesta o la negación de los cambios y la posibilidad de acción u omisión ante la nueva realidad que esos cambios producen. Porque cada aprendizaje incide en la manera de sentir, pensar, conocer, valorar y percibir el mundo.
Y así estamos en condiciones de sumar un nuevo enunciado:
• Imposible no aprender

Fragmento “Regame y Crezco” – Carolina Pérez Leirós

Si volvemos a la idea de que cada sujeto, cada día, a lo largo de su vida, descubre un nuevo aprendizaje, construye un nuevo aprendizaje, estamos en condiciones de asegurar que los aprendizajes no son unidireccionales.
Con cada nueva experiencia de aprendizaje, no sólo hay un sujeto que aprende. Hay otros que aprenden con él, que aprenden de él.
Así como alguien aprende a ser hijo de una familia, de una sociedad, hay otros que aprenden a ser padres con cada hijo. Y así aprendemos a ser hermanos, amigos, vecinos, miembros de un club, alumno de una escuela… Tíos, padres, abuelos, padrinos…
Cada uno aprende de toda una comunidad pero, también toda la comunidad aprende de cada uno.
En cada momento de nuestras vidas, algo se aprende. Y de cada situación particular, algo se aprende.
Desde el contemplar un ave en su vuelo, la inmensidad del mar, el crecimiento de una planta, o preguntarnos todos los por qué de la naturaleza o nuestra esencia hasta de ver crecer a nuestros hijos, alcanzar un sueño, despedir a un ser querido, sufrir una desilusión, pasar momentos de risas y buena compañía…
De todo, de todos, todos y en cada momento… se aprende.
Porque el aprendizaje no sólo es inevitable sino que es parte de nuestro ser social.
Por ello, pensar que alguien está determinado, que está condicionado, que no tiene nada para dar, que es menos o que es más, que tiene que ser excluido porque es distinto, también tiene que ver con lo que hemos podido construir social y colectivamente acerca del modo de percibir, conocer, sentir, valorar, actuar y saber del otro. Del modo de aprehender la otredad y de actuar en consecuencia.
Con lo cual, volvemos a hablar de aprendizaje.

Terminando esta caminata de pensamientos que surgieron a partir del encuentro con la joven, siento que algo nuevo he aprendido hoy, antes de llegar a un nuevo destino de aprendizaje.
Y siento, pienso, reflexiono y digo:

Pobre de aquel que vea en “un otro” alguien que no tiene nada para dar, que sienta que es un ser limitado de quien nada puede esperar, porque estará perdiendo su propia oportunidad de creer, de soñar, de conocer, de interactuar…de Aprender.