La Caza de la Becacina

mención especial II Concurso Anual Internacional de Relatos Crepúsculo

de Walter Ianelli

Entraron en fila india, riéndose entre dientes. El Chapa venía adelante. Tenía los hombros mojados, la cara blanca y agrietada por el frío y el silbato para llamar patos en la boca. Fue el primero en sentarse en una punta de la mesa. Walter y Toño lo hicieron después, a su lado. Acercaron vasos limpios y abrieron de inmediato la botella de whisky. Freddy fue el último. Llevaba la gorra hasta los ojos y la escopeta apuntando hacia arriba apoyada en el hombro izquierdo.
Mamá, que había levantado la cabeza de la olla, esperó que cerrase la puerta y lo siguió co la vista.
-¿Dónde está Bruno?- dijo.
Freddy paró la escopeta contra la mesa, se sentó del revés en una silla apoyó los brazos sobre el respaldo. Con la punta de un dedo levantó la visera y se pasó la lengua por los labios. Dos o tres metros más allá Walter y Toño contenían la risa, con la mirada puesta en los vasos que hacían girar entre los dedos. Aún no se habían quitado las camperas y la luz amarilla del farol a gas los volvía inmensos y toscos como osos.
Mamá tenía razón en preguntar por Bruno. Dos horas antes habían salido los cuatro llevándoselo casi a la rastra, solemnes como cada vez que iban de caza, aparejados de municiones y herramientas. Ahora todos habían vuelto menos Bruno.
Freddy dio vuelta la cara. Con los ojos vidriosos y la boca entreabierta estiró un brazo tratando de llegar a la botella.
-¿Qué pasó con Bruno?- Insistió mamá mirando a los otros.
-Si ¿qué pasó? Dije, caminando alrededor de la silla de Freddy.
-Nada, Raquelita-dijo Freddy-. Está cazando una Becacina.
Entonces ya ni El Chapa que era el más serio, no Walter ni Toño pudieron contenerse. Empezaron a aullar de risa con los ojos llenos de lágrimas y golpearon los puños cerrados en la mesa moviendo las cabezas de arriba abajo como si quisieran soltar los mocos por la nariz.
Papá giró la mecedora y estiró levemente los labios. Apretaba con el pulgar el tabaco eme ñ cuenco de la pipa. Había estado de cara a la chimenea son decir palabra y traía del fuego las mejillas rojas y pupilas pequeñas y brillantes.
-¿Dónde lo dejaron? – preguntó.
Freddy tardó un rato en apagar la risa y se secó con el canto de una mano las lágrimas.
-Donde siempre- dijo hipando y levantando los hombros-. Le dijimos que no se moviera de ahí hasta que apareciera su Becacina.
Walter tosió el whisky y miles de estrellitas flotaron en el aire entre la luz amarilla. Ahogado, señaló la puerta con un dedo y se doblo sobre la panza hasta meter la cabeza debajo de la mesa. El Chapa y Toño chocaron con estruendo los vasos y lanzaron un aullido a coro.
-No le veo la gracia—dijo mamá.
-Mamá…- dijo-, siempre hacemos lo mismo con los novatos.
-Mamá se secó las manos en la servilleta y le puso el cuerpo por delante. Se la veía imponente a pesar de que de pie apenas le sobrepasaba la cabeza.
-Bruno es tu primo y hacía años no lo veíamos-dijo enojada.
Freddy levantó los ojos. Pero no en busca de los de mamá, sino hasta a silla mecedora en donde papá fumaba. El Chapa, Toño y Walter se habían puesto serios de golpe y se espiaban en silencio con la nariz metida en vasos. Papá se encontró con los de Freddy y sin cambiar de expresión giró la silla en dirección a la chimenea.
Fui hasta él.
-¿Papá, qué es una Becacina? – pregunté.
Papá se demoró un instante en contestar. Tenia la cara hermosa y la luz del fuego le viboreaba en las marcas de la piel y le hacía el pelo y el bigote de un blanco casi transparente. Le dio unas chupadas al apipa y me acarició el pelo.
-Nada, probablemente nada, Raquelita- dijo con los ojos en el fuego.
Me volví. Ahora Freddy también estaba serio y miraba el piso. La luz d el alampara lo proyectaba agrandado en la base de una de las paredes. Mamá puso algunos paltos en la mesa sin sacarle los ojos de encima. Me pareció que iba a dejar de diluir su enojo. Era una lástima. Bruno me había agradado.
-Es nada más que una broma. Bruno ya no es un chico. Va a estar unas horas en el campo y cuando se canse de esperar va a volver- dijo Freddy.
Walter, Toño y El Chapa siempre estaban de acuerdo con mi hermano. Sin embargo ahora no se atrevían siquiera a asentir con la cabeza.
-No pensamos que…murmuró el Chapa.
Freddy se incorporó.
-Escuchen-dijo caminando alrededor de la silla-.Es solo una broma inocente. Un juego, Va a volver de mañana, medio muerto de miedo. Pero nada más.
Después hubo un silencio. Mamá se volvió a la olla reajustándose el pelo en un rodete.
Fui hasta la ventana y pasé una mano por el vidrio empañado para poder ver hacia fuera. Era noche cerrada. Se oía el silbido del viento que agitaba las ramas de los árboles. Me estremecí. Imaginé a Bruno en el medio del campo, solo. Viendo ojos brillantes por todos lados y tiritando de frío y excitación a la espera de su Becacina.
-Pobre Bruno- dije corriendo un poco las cortinas-.¿Y si llueve?
-Se moja-dijo Freddy.
-Andá a buscarlo-dijo mamá.
Freddy la fulminó con la mirada. Cruzó una seña con los muchachos. Negó con la cabeza.
-Ni loco-dijo-.Yo no voy.
-Te lo pido-dijo mamá.
-¡Vamos mamá!-dijo Freddy-. Bruno es de los nuestros y cuando se acuerde de esto se va a reír con nosotros.
-Bruno es nada más que un muchachito de la ciudad que confió en ustedes-dijo mamá.
Freddy dobló la cabeza hacia papá. Pero papá continuaba de cara a la chimenea.
Me corrí de la ventana.
-Por favor, Freddy – rogué.
Entonces Freddy se puso de pie, lentamente, y se asomó al redondel negro que yo había dibujado en el vidrio. Suspiró.
El Chapa empezó a ponerse el gabán. Toño y Walter caminaron primeros hacia la puerta calzándose otra vez las gorras. Freddy esperó que los tres salieran. Después tomó la escopeta por la punta del caño. De un tirón la culata le saltó a la mano, dócil como un animalito amaestrado.
-¿y si existiera esa Becacina y Bruno la caza? ¿Si viene con la bolsa llena? Hace años qu esperamos que alguien lo haga- dije con la voz quebrada.
-Freddy –dijo papá, sin darse vuelta, con voz admonitoria. Había detenido la mecedora y co la pipa en la boca limpiaba lentamente los anteojos.
-¡Si, papá!- insistió Freddy-. ¡Qué pasaría si alguien la caza?¿Cuánto tiempo lo intentamos nosotros? ¿Eh, papá?
Papá no contestó. Le vi la cara roja. Los pensamientos perdidos en el fuego.
Mamá se había sentado. Parecía cansada.
-Sos un loco- dijo moviendo ka cabeza-. Sabes que no hay tal Becacina.
Freddy abrió la puerta. El viento helado y macizo arrastró hacia adentro unas cuantas hojas secas.
-Por eso Bruno está ahí, mamá. Porque él todavía no sabe. Él puede traer esa Becacina- dijo.
Corrí tras él.
-¡Freddy! – grité.
Se detuvo.
-Ustedes también pueden-dije.
Freddy sonrió sin ganas.
-Si- dijo tocándome la cabeza, y salió al campo.

Leave a Reply