Juan Doffo – «Cada momento futuro es incierto en el arte y en la vida»

Fundación Tres Pinos visitó a Juan Doffo en su taller de Palermo para  conocer más  detalles sobre sus trabajos, su historia y la inminente publicación de su Libro, que acompañará una exposición individual en el Museo Marco de La Boca el próximo año.

¿Cuándo y cómo decidiste que querías ser un artista?
J.D.: Desde los 10 años de edad que dibujo y pinto. Mis comienzos en las artes visuales fue la historieta pero la decisión de ser artista estuvo siempre ligada a mi deseo. Debido a ello decidí mudarme a Buenos Aires a los 20 años. Aunque no he dejado de volver, pintar y realizar producciones fotográficas continuamente en mi pueblo. Pese a realizar diferentes tareas para mantenerme e insertarme en esta gran ciudad, me di cuenta que la vocación es una fuerza misteriosa que permite superar todo los obstáculos.

La mirada. ¿Qué papel cumple en tu labor?
J.D.: Como artista visual la mirada exterior y la mirada interior son la gran herramienta que desde siempre me permitió concretar mis ideas en el mundo de la imagen y llevarlas a diferentes soportes. Por ello es que, allí donde pareciera que no hay nada importante, la mirada se posa en esos intersticios y abre universos impensados para mis obras. Es como la poesía que dice con palabras lo que las palabras no pueden decir.

Juan, parecería que tu producción estuviera compuesta más por ciclos que por simples etapas y que cada obra forma parte siempre de un todo único en el cual los elementos son convocados a interactuar en forma recíproca. ¿Vos lo ves así?
J.D.: Sí, es cierto. Cuando en mi sensibilidad se abre un universo temático (siempre trabajo a partir de ideas previas) todos los elementos plásticos y los soportes visuales interactúan recíprocamente para converger en una unidad cíclica. Esto sucede hasta que un nuevo tema convoca toda mi creatividad.

El del paisaje es un género que no ha declinado jamás, y cada época conoció a sus propios paisajistas, en cuyas reflexiones y creaciones se lleva adelante una lectura que se relaciona con el transitar cotidiano de cada uno.
¿Cuán importante fue para vos la relación con Mechita, tu pueblo natal?
J.D.: El hecho de haber nacido y vivido hasta los 20 años en Mechita, un pequeño pueblo ubicado en la llanura pampeana de la provincia de Buenos Aires, influenció en mi forma de percibir el paisaje. Esos espacios inabordables, esas noches estrelladas, el horizonte infinito, el silencio, lentamente se fueron convirtiendo en metáforas dentro de mis obras. La sensación profunda de lo insignificante del ser humano en esos grandes espacios, me llevó a estudiar filosofía y metafísica. Comprendo que mi labor artística está compuesta por lo visual de aquellos espacios y mis reflexiones sobre él, reflexiones que, a partir del paisaje, saltan a otros espacios interiores.

La dimensión interior se redescubre en la descripción de un ambiente o de un lugar, cuyo significado se manifiesta mediante una clave de lectura, una indagación en la que se afronta la relación entre el ser humano y la na- turaleza, entre la naturaleza y el constructo, entre lo dado y lo que deviene en relectura a través de la creación o, por ejemplo, del registro fotográfico de la imagen. ¿Cuál es el grado de tensión que advertís entre estos dos polos cuando llevás adelante tu trabajo?
J.D.: El paisaje de mi pueblo y sus alrededores significan una fuerte reflexión acerca
de la interacción entre el ser humano y la naturaleza. Es decir, un diálogo que empieza en lo visual externo y se construye en mi interior: imágenes mentales que buscan concretarse en formas artísticas. En mi obra naturaleza y cultura siempre están insertas en una tensión creativa y nunca conflictiva.

¿Cómo aparece la fotografía y, más recientemente, las instalaciones en tu producción? ¿Sentís una distancia importante con el medio pictórico, o para vos no hay mucha diferencia a la hora de alcanzar la meta prefijada?
J.D.: En mis creaciones siempre parto de vivencias o ideas. Busco entonces el soporte adecuado para plasmarlas visualmente. Puede ser la pintura, cuando genero mundos macrocósmicos (la serie de “Pequeños cielos” por ejemplo), la fotografía, cuando busco la participación de la gente de mi pueblo y su ámbito o las instalaciones cuando necesito mostrar fragmentos de la realidad en mi obra.

Es un hecho que hoy, tanto en tu país como en el exterior, sos reconocido como un Maestro, y que es un reflejo de la seriedad y dedicación con la que siempre obraste. ¿Cómo sentís que influye esto en tu trabajo futuro?
J.D.: Nunca me encandilaron los éxitos, la lucha del ser humano no es con el medio artístico ni social sino con uno mismo. En realidad creo que nunca se llega a ninguna parte. Tal vez por provenir de una familia humilde entiendo que el éxito en la vida es simplemente intentar hacer y vivir de lo que uno ama. Y cada momento futuro es incierto en el arte y en la vida.

Abismos hechos de tiempo (Madre) | Fotografía, toma directa, copia analógica sin intervención digital | 120 x 120 cm

Aura II | 2005 Fotografía, toma directa copia analógica sin intervención digital 122 x 150 cm

La zona | 2012 | Acrílico sobre tela | 150 x 150 cm.

Espacios que ignoro y que me ignoran | 2014 | Acrílico sobre tela | 120 x 120 cm.

El alquimista piensa en las secretas leyes | 2014 | Acrílico sobre tela | 100 x 100 cm.

La inmortal distancia | 2011 Acrílico sobre tela 200 x 300 cm

Caminos que me trajeron a mi secreto centro | 2013 Acrílico sobre tela 50 x 150 cm.