Experiencia Educativa – Fundación Tres Pinos

Experiencia Educativa

3er premio II Concurso Anual Internacional de Relatos Crepúsculo

de Graciela Argüello

La Srta. Amelia, joven, bonita, e idolatrada por sus alumnos del Kindergarten, tenía siempre iniciativas llenas de profundo contenido educativo.
Así fue que se impuso como un deber inculcar a sus alumnos el amor por los animales, más allá de aprensiones, temores y prejuicios.
Su propuesta fue que cada uno de los educandos trajera de visita a su mascota. Al comienzo, los niños fueron trayendo a sus animalitos de a uno por vez y dedicando el día entero a reconocer y a aprender a cuidar y respetar a cada especie. Un día un canario, otro día un pollito, otra vez un cobayo.
Pero la impaciencia propia de los chicos, y el amor y orgullo de cada cual por mostrar a su amiguito no humano, desbordaron la precaria organización que trataba de imponer la Srta. Amelia, y empezaron a coincidir las más variadas especies en clases muy ruidosas, y cada vez más caóticas.
El primer conato de catástrofe ocurrió cuando el pomerania de Manta puso en Fuga a la gatita de los mellizos Tapia, y toda la clase debió corretear por el jardín hasta recuperar a la fugitiva.
Sin embargo, la Srta. Amelia se las ingenió para elogiar las virtudes de la cooperación que tan exitosamente se había aplicado para recapturar a la gata. Y el desastre inminente se transformó en experiencia educativa.
Lamentablemente, ese primer accidente no fue tan ejemplificador como habría sido desear, y las imprudencias se siguieron cometiendo.
Así es que la ranita de Christian devoró tres bichos bolita que había atesorado Fabián, y ambos niños se trenzaron a la salida de la escuela en una riña descomunal. Todavía fue peor cuando el gran danés de Ignacio se tragó la tortuguita de Inés, y el San Bernardo de Mariano se sentó sobre el ratoncito de Felipe.
La Srta. Amelia debió dar por terminada la experiencia ecológica a pedido de los padres, cuando se sucedieron tres hechos infaustos en la misma semana, a saber: Primero, la lampalagua de Horacio se tragó el sapo de Lucia Segundo, la cabra de Lisandro devoró las acuarelas del aula, y estuvo una semana con una colorida gastroenteritis.
Tercero, el león de Gabriel se comió al director.
Todavía hoy la Srta. Amelia sostiene que fue una medida apresurada e injusta suspender el proyecto sin una prolija evaluación de su impacto sobre la conciencia ecológica de los educandos.
Por mi parte, yo sostengo que ella desaprovechó la oportunidad de usar los acontecimientos como un práctico alusivo a la pirámide alimenticia. Pero la viuda del director, logró juntar firmas, y ya no hubo nada que hacer al respecto…

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