Eugenio Cuttica – «Como me aburriría sin mí»

por Patricia Bava para Fundación Tres Pinos – Mayo 2014

Esta expresión, que dicha por alguna otra persona puede sonar narcisista y egocéntrica, se vuelve en boca de Eugenio Cuttica acción, y en un “¿qué más hay para hacer, mostrar y transmitir en, de y por la belleza?”.
Tuvimos el placer de entrevistar a Cuttica una tarde de marzo, cuando nos acercamos al Edificio Central Park -antigua fábrica de fósforos del Barrio de Barracas- que a través de su vistosa fachada (creación de Pérez Celis), nos adentra en un mundo diverso y entusiasta.
Nos reciben Eugenio y su esposa, damos un recorrido por el inmenso taller, donde se encuentran trabajando algunos de sus asistentes.
Observamos las obras, las esculturas. Nos detenemos en el tríptico de Luna y la ballena (obra de gran dimensión) donde la textura, la ternura, la suavidad tan serena de esa paleta, sumergen en otro universo… la sensación es la de estar naufragando en el mar, acompañada de una inmensa ballena y una niña que transmite paz.
En el comienzo de la charla, Cuttica nos cuenta que “desde chico, mis padres estaban muy preocupados por mí, ya que apenas hablaba, me gustaba jugar solo, no tenía amigos, no me gustaba jugar al fútbol. Pasaba momentos sublimes jugando con plastilina y haciendo obras, perdiendo la diferencia entre la plastilina como objeto y yo como sujeto. En ese momento no sabía cómo expresarlo, no tenía el lenguaje como ahora; de todas formas yo estaba con los chicos porque mis padres así lo querían, pero me prometí no perder la conexión con ese algo más elevado que sentía y que me daba felicidad. “Los llamados” así defino a esos momentos en que sentía que algo diferente me estaba convocando.”
La primera vez, dice, fue a los 7 años, “Recuerdo haber sentido un estado de epifanía, de plenitud y conexión íntima. Un especial estado mental y mis padres, preocupados, a mis espaldas. Otro de esos momentos se dio con alrededor de 21 años, época en que trabajaba como asistente de Antonio Berni y en la que además ya pintaba.”
El arte siempre estuvo presente en su hogar “Mi padre era una persona muy exigente, era joyero, un artesano, y trabajaba para las mejores firmas. Pero para él, nunca nada estaba lo suficientemente bien hecho, se auto-exigía y por efecto exigía a los demás. Mi padre nunca me dio un beso, y yo crecí en esa dureza, recibiendo lo bueno y lo malo, soportando todo y requiriendo desde ya, de una gran fortaleza.
Mi madre, por su parte me leía libros y libros, fui creciendo con los clásicos, Shakespeare, Honoré de Balzac, Dante, Víctor Hugo, Tolstoi, Voltaire, Baudelaire, Borges, Kafka, Lorca, Sábato, Cortázar y tantos otros que, obviamente se me tornaba difícil en el colegio y con mis pares relacionarme tan naturalmente.”

Alternas entre Nueva York y Buenos Aires, qué es lo que te atrae o identifica con la ‘big apple’ por una lado, y qué nostalgia, qué ‘tango te hace volver a Buenos Aires (independientemente del taller)
Algo completamente simple del país del norte es que la gente vive, no mide. Podes sentarte a comer al lado de cualquiera en una mesa y está todo bien, no hay tanto prejuicio, tanta diferencia ‘elitista’ si queres llamarlo así, es como un dejarse llevar… que te mantiene cómodo, y en respeto con el otro. Podes encontrar grupos de jóvenes integrados por chinos, franceses, afroamericanos, mejicanos, norteamericanos, etc. juntos, compartiendo sus estudios, divirtiéndose, y me emociona porque es como si todos fueran uno.
Y aquí en Buenos Aires está mi historia, aquí estudié, me formé. En el Río de la Plata, con su música, su pintura, su literatura, con mis Padres Artísticos como llamo a quienes han sido mis maestros Antonio Berni, Carlos Alonso, Howard Martínez, con trazos de Spilimbergo, Victorica, siempre traté de acercarme a los maestros y sabía escuchar. La proximidad, el estar cerca de la presencia de un maestro es contagiosa y se proyecta. De cada uno de ellos he aprendido mucho y el volver a Buenos Aires no deja de llenarte de cierta nostalgia, cuando evocas escenas, hechos, encuentros con esos grandes, esa permanencia tan cercana que te transmiten y que existe perdurando a través del tiempo.

Tu paleta, tu obra artística ha sido diversa, pasando por varios estadios; me contás un poco esa evolución?
Bien, existen dos identidades, la mente del intelecto responde fundamentalmente al ego y, nadie puede vivir sin un ego, mientras que la otra se identifica mayormente con lo intuitivo. Entonces, establezco una combinación entre estas dos mentes que en realidad son dos hemisferios; cuando uno puede llegar a combinar estas dos formas de pensamiento, llega a lo más sublime.
En el principio lo visceral tenía que ver con los órganos y los centros de las emociones (aparte de ir en paralelo biológicamente con uno), mis obras de cuando tenía 30 años, son completamente diferentes de las actuales. El arte es estar atento a algo que sucede y que está ligado o en conexión con algo. Es hacer evidente algo obvio que se volvió invisible. Personalmente todo lo que crea una dificultad me mantiene atento, entonces aparecen las obras, esas vibraciones logrando hacer de mi pintura un cuerpo energético, cuerpos energéticos que fluyen dando su identidad a la obra.

– En alguna oportunidad mencionaste que “El artista es siempre un extranjero”…
Porque en un mundo disfuncional y arbitrario, se debe hacer el camino que te lleve a otra cosa. El artista debe ser como una antena: recibe una frecuencia que lo traspasa. Es una experiencia
ligada a lo místico, muy difícil de explicar verbalmente. Cada día que me levanto tengo que hacerme pintor, esté donde esté, tengo que hacerme pintor otra vez y tengo que sentirme pintor antes de poder iniciar algo. Encaro la hoja en blanco y me siento como una hoja en blanco, para que se abra el canal intuitivo, es como un devenir del‘no pensar’, ‘no estar contaminado’, es como un renacer, cada día, para evitar la rutina, el acostumbramiento, lo cotidiano y dejar que fluya una energía distinta que es en definitiva, la que te guía.

En varias de tus series hay una fuerte suspensión o desleimiento entre fondo y figura – depende del receptor – cómo lo explicarías?
Cuando pinto suelo realizar los fondos de los cuadros y posteriormente, de acuerdo a las características de cada fondo, aplico la figura. Trato de que no se molesten. Por ejemplo, la figura debe estar en el punto justo de transparencia, entonces le da sentido a la mancha arbitraria de fondo en la apreciación de quienes observan la obra.

Buscas tus modelos (por ejemplo en el caso de la serie Luna) o simplemente se dan?
Si. Generalmente en una multitud trato de buscar a quien tenga un aura que me interese, ligada a la verdad y no a tener un personaje. Mis modelos son como un mismo espíritu que va cambiando de caras.

Cómo decidís cuándo terminar una serie y empezar otra?
Las series no las pienso, simplemente me aparecen en ese estado mental de estar alerta, evitando las programaciones y el pensamiento repetitivo. Entonces, caen las ideas y las series ya resueltas. Lo único que tengo que hacer es trasladarlas al papel o a la tela. La unidad es la serie y la variedad es la divina individualidad dentro del todo.

Realizas obras a gran escala- cómo las encaras? Surgen de algo previamente esbozado volcándolo impulsivamente o lo mesuras y se forma?
Yo pienso por proyectos, hábito que heredé de la universidad de arquitectura. Siempre supe que no quería ser arquitecto, me interesó la formación que tiene la carrera, que une la parte técnica
con la humanista, estableciendo puentes.
Un cuadro grande no es simplemente grande, se remite a la dimensión. Etimológicamente di (dos) mención (decir), la dimensión es ‘decir dos veces’, es decir más elocuentemente, el
tamaño no es inocente.
La dimensión es belleza en sí, todo el mundo quiere dimensión. Un cuadro tiene que ser por lo menos del tamaño de una puerta para que se pueda atravesar a otra dimensión. Es un paso dimensional. Si una persona pinta un cuadro chico, pequeño, es algo intimista que no puede atravesarse. Es como un espejo en donde rebota la imagen. La dimensión del cuadro es como que uno se puede meter adentro y es como que el cuadro lo abarca a uno y eso produce una tremenda emoción.
La gente a veces me pregunta –¿qué vas a hacer con esos cuadros?. Eso no importa, porque los mismos cuadros se dedican ‘ellos’ a encontrar su lugar. Se venden todos, los pequeños y también los grandes sin ninguna dificultad. Parte de los mitos de la gente es “uhh… si tengo un cuadro de gran tamaño, no lo voy a poder vender”, ya están pensando en el propósito para lo que van a hacer. La obra, hay que hacerla simplemente por una necesidad existencial; sin propósitos y sin un objetivo. Después ya no le pertenece más a uno, lleva su propio camino; el cuadro sigue hablando por sí solo y siempre encuentra un lugar, su lugar.

 

Eugenio Cuttica nace el 3 de abril de 1957.

Desde 1976 a 1981 fue Asistente de pintores como Howard Martínez y Antonio Berni. En 1978 participó de la restauración del mural ‘El amor’, realizado originalmente por Antonio Berni en 1945, en la cúpula central de las Galerías Pacífico.

En 1980 realizó Pintura y Escultura en la Escuela Nacional de Bellas Artes, y también a principios de los años 80 inició sus estudios de Arquitectura en la UBA., realizando asimismo cursos (teatro y escritura creativa entre otros) y estudiando Diseño con el
arquitecto Justo Solsona.

Hace ya más de 20 años que está radicado en Estados Unidos. Sus obras apelan a la belleza, no como algo intelectualmente construido, sino como algo que simplemente sucede. Ha realizado numerosas exposiciones individuales y grupales, participado de Ferias y Bienales tanto en nuestro país como alrededor del mundo.

– ¿Cómo te llevas con lo intuitivo?
Creo que todos nacemos artistas. Los artistas conservan ese genio, ese niño con el que todos nacemos. Hay algo que siempre
cito y que escribió Homero Expósito en “Naranjo en flor”, que dice: “Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir y luego andar sin pensamiento”… ese exilio, ese partir tan necesario para sacarse las capas de esto en que vivimos, el andar sin pensamiento, olvidando todo lo que uno sabe, andar con la mente limpia, en blanco, abierta a lo que venga, después del saber que no tiene nada que ver con la ignorancia. El vacío, ese estado mental necesario, donde se elimina el ruido y el pensamiento, para enfrentarse a una actitud creativa, en donde fertilizan creaciones que luego son llevadas de tu brazo, de tu mano a formar la obra por sí misma.

-¿Qué pensas de las ventajas de la formación académica para un artista?
Hay algunas Academias que son muy importantes, pero son importantes para saber lo que no hay que hacer! (risas)
La Academia es una gran destructora de talentos. Hay muchas, muchas escuelas de Arte donde chicos de gran talento entran y…
todos salen pintando igual – al estilo de esa academia –

Entre lo académico y lo intuitivo, ¿qué le aconsejarías a un alumno?
Le aconsejaría a un artista joven, probar con la academia especialmente para adquirir un anticuerpo contra eso y, después de eso, abandonarla – risas – no, pero es importante, hay que saberlo y después probar de todo, seguir la propia voz, lo que te marca esa voz interior que nos habla. Mantener esa llama encendida. Ir a distintos talleres y tomar lo bueno de cada maestro; tener una educación artística lo más diversificada posible; eso es lo que yo haría siendo joven y, después de eso, juntar todo (que eso es algo que no hay que hacerlo con esfuerzo), hay que dejar que se junte y cuando eso sucede (alrededor de los 45 años), todo entonces, desemboca en el nacimiento de un estilo propio; pero te repito es algo que no puede ser forzado, debe simplemente darse.

Obviamente, te pasó.
Sí, claro. Yo soy así. Después de todo lo que parecía arbitrario, donde uno estudió cosas inconexas y después de todo… en un momento adquiere sentido.

De esa expresión visceral de tus inicios, el expresionismo, y el trabajo más depurado en color y fondo, en donde hay una excelencia estética muy diferente ahora ¿qué camino dirías que estás transitando ahora y queriendo comunicar?
Buenísima la pregunta! Lo que quiero comunicar es, primero que una persona que nace con sensibilidad y percepción, sepa que así como alguien que no es sensible, no puede adquirirlo, o que no es inteligente, no puede ser inteligente; una persona hipersensible no puede dejar de serlo, no tiene opción.
Que una persona que “ve” más allá de sí mismo y que tiene una conexión con lo sublime, se nota y no puede tratar de ocultarlo, no puede elementalizarse y no le queda otra opción que seguir hacia adelante. Ese es el consejo que le doy a los jóvenes, que no pierdan su tiempo tratando de banalizarse para socializar o para tener amigos; una persona que está destinada a esto, no tiene otra opción que ser eso y hay que aceptarlo.
A veces, envidio mucho a personas sencillas (al ser la mía una vida tan compleja) me dí cuenta de que es imposible, que todo el mundo lo nota y sabe que uno está actuando y es peor. Es la peor de las soledades, peor todavía que la otra. Es estar rodeado de personas, de las que uno no se siente acompañado en su percepción, y en donde ni siquiera uno se puede tener a sí mismo, y esa es la soledad más brutal.

– Décadas atrás cuando pintabas, surgió ese grito en muchas de tus series. Percibo ‘ataduras’ viendo incluso tu esfuerzo por soltarte, por liberarte -hay manos abiertas hay luz – hubo una gran evolución, pero aún así hay reminiscencias de lazos ¿crees que espiritualmente el artista, no Eugenio, ha logrado controlar y manejar el desapego?
Si, bueno eso es algo que hay que aprender también no? Es el poder de -hay otra palabra que uso para describirlo, en vez de desapego- es un desprendimiento. Para ser un artista, no se puede ser un sentimental, es imposible porque la misma condición de artista lleva a lo contrario, esta cosa de ser siempre un extranjero.

¿Te costó aceptarte?
Sí, es algo muy difícil, ese poder del desprendimiento que se aprende y que tiene que ver con estos principios de lo universal. La permanencia es una ilusión; es aceptar la muerte continua. Lo curioso es que cuando uno acepta eso, después viene una paz y una libertad muy grande.
Aceptar lo que ES (con mayúscula), uno deja las tensiones y deja de pelear contra eso y entonces resulta algo bueno, porque no puede ser de otra manera. Todo eso uno lo va aprendiendo. En realidad, el arte es un refugio contra eso, porque las obras trascienden nuestra biología y es como una rebelión contra la muerte. La que hace el artista, es una pelea contra la muerte; una pelea romántica en donde siempre se pierde, pero el artista es obcecado, pierde, se cae y se vuelve a levantar y lo vuelve a hacer. Se sabe que va a fracasar, pero lo vuelve a hacer siempre.

Es el camino del héroe –
Sí, es el camino del héroe, el camino del héroe espiritual, es un acto épico; ser un artista es una actitud épica, y como épica encierra una gran belleza.

Y lo más bello es poder y saber comunicarlo…
Ese es otro tema también, como poder estarte diciendo todo esto, por eso hay que estudiar mucho. El artista que no puede verbalizar todo lo que siente y lo que hace, no es consciente de su tarea. Hace lo que hace, le gusta, dice: “Yo hice esto”, es lindo, es digno pero se queda ahí; y después lo repite: “Este es más lindo, yo hago esto, y hoy me salió bien, hoy no tan bien…” pero se queda ahí, nada más que en una actitud estética; pero el arte es mucho más que la estética, es una actitud filosófica y existencialista.
Trato de explicarlo como algo concreto, algo que sucede. El arte sucede, simplemente sucede. No podemos sustraernos a esa complejidad. Lo curioso es que cuando se explica, todo el mundo te dice: “ah… yo ya sabía esto”, todo el mundo lo recuerda, es un conocimiento que ya se tiene y que a través del arte, en un segundo, un cuadro tiene el poder de hacer recordar lo que ya se sabe y que se olvida, a consecuencia del ruido mental de la vida diaria, el ruido de lo cotidiano, que hace que lo olvidemos y el arte, sirve para es. Por eso en los regímenes dictatoriales lo primero que se ataca es el arte.

En esos casos no se permite pensar y menos expresar
Una obra intelectual sí lleva a la gente a pensar, pero el arte es algo que atraviesa directamente el pecho y hacer recordar. No pasa por el intelecto, es algo mucho más poderoso. El poder creador es un poder que está por encima de todos los poderes circunstanciales, es un poder de trascendencia y que tiene una supremacía tremenda, mucho más grande, más mayor que cualquier otro; es irrefrenable, crece y atraviesa todo, es increíble y lo he comprobado, experimentado, no por mí, no lo hago yo, sino que se da a través mío, yo solo soy un vehículo solamente eso, pero suceden cosas que se podrían inscribir en una especie de curso de milagros…
Hay diferentes universos paralelos que no se tocan, loúnico que hace falta es cambiar la dirección de la mirada y poder entrar en otro mundo donde todo nos es dado. □