El Pecado de San Agustín – Apartamiento del Ser y de la Realidad

By 26 noviembre, 2014n.13 - pecado

por Pedro J. Comas

San Agustín nació en Tagaste (África) y vivió entre los años 354 al 430. Antes de la conversión al cristianismo, en 386, estuvo largo tiempo alejado de éste. Especialista en retórica, fue atraído inicialmente por el maniqueísmo el cual le proporcionó una idea a la solución del problema del mal. Entre el terreno filosófico y luego religioso, con una escuela neoplatónica que lo sedujo, más la lectura de los evangelios y escritos de San Pablo, su conversión hizo de él uno de los pilares de la Iglesia. Esto a partir de la composición de obras de gran relieve para la comunidad cristiana tales como De civitate Dei (la ciudad de Dios), De libero arbitrio (el libre albedrío) y las Confesiones.
La suya fue una obra signada por el doble ingreso de la filosofía y la teología, que confluyeron para que no pueda hablarse de una
u otra indistintamente.
Creyó para comprender y comprendió para creer; no creyó porque sí. La búsqueda de la verdad debía ser para Agustín una verdad absoluta, que colmara toda pretensión humana. No fue como los epicúreos, quienes apaciguaban sus necesidades en todo aspecto moderando, en la medida de su razón, su vida.
La vida de Agustín no fue sólo contemplativa, sino activa en búsqueda del conocimiento, la fe y el amor, porque las felicidades parciales son efímeras y no completan al hombre en su camino de búsqueda de la verdad suprema, la cual sólo podía ser para él, Dios.
Así, San Agustín consideró que para obtener esa Verdad Suprema, había que seguir un camino espiritual que desde el interior de sí, vaya al exterior en etapas superadoras de conocimiento propio y de allí a Dios.
Este camino de ascensión busca encontrar una percepción interior que unifique las percepciones y que se distinga, así, la certidumbre que hace que los escépticos convaliden tal posibilidad.
Pero en última instancia la verdad agustiniana sólo puede hallarse por la fe -en tanto que fe iluminada- y lo es porque la fe en Dios es la que trasciende toda inteligencia y hace posible, a la
vez, la inteligencia.
Tanto en los escritos de San Agustín que he leído, como en los de sus comentaristas y los de aquellos pensadores de raíz platónica, se afirma que hay una luz intelectual (diferente de la gracia) que hace posible la intelección natural.
Para Agustín esta luz procede de Dios o de una previa iluminación y en ella se afirma la comprensión del ser, a diferencia de Santo Tomás de Aquino, para quien la intelección de lo real es el resultado de una abstracción fundada en la experiencia.
En escuelas posteriores como la Leibniz –Wolff, Bilfinger (filósofo 1693-1750) se extrae un principio de posibilidad sobre todos los demás principios. Los posibles principios en definitiva – compartiendo de alguna manera la idea agustiniana- se hallan en Dios y dependen de Él.
Pero Dios no puede pensarlos de otro modo que el que corresponde a su naturaleza. Y esta sería la luz que procede de Dios o iluminación agustiniana.
Con este previo panorama podemos acercar alguna nota sobre lo que consideró San Agustín pecado.
No hacen falta muchos indicios para entender que tomó al pecado como un quebrantamiento de la ley divina, como transgresión, como caída o tragedia.
Pecado puede entenderse como un sustantivo o como adjetivo, desde el punto de vista lingüístico. Pero desde el punto de vista filosófico – religioso, hacer algo mal, ¿es hacer algo imperfecto? Si fuera sustantivo, en el sentido de sustancia, de algo medible, pesable, existente como ser ¿tendría la impronta de la negación del bien, de lo bueno? ¿Cómo concilia San Agustín esto si todo proviene de Dios?. S. Agustín no lo toma como sustancia, sino como una privación o movimiento al no ser. Es el apartamiento de Dios que es el apartamiento del ser y de la realidad.
Como el hombre goza de libre albedrío, dado por Dios, la voluntad humana puede elegir el mal, esto es, simplemente pecar. Y para salvarse necesita la gracia. A partir de estos elementos y otros como la condenación y la salvación, el santo desarrolla una teología de la historia, una teodicea.

San Buenaventura, más de diez siglos después, siguiendo casi seguramente el pensamiento agustiniano, dice que el mal (el pecado) está en el hecho de que se hiciera algo a causa de sí, y no a causa de Dios (aliquid faveret propter se, non propter Deum) lo que marca la diferencia entre la patrística griega donde se enumeran aspectos propiamente metafísicos y el mal, concebido como mácula en la creación (esto sería una privación metafísica), o la latina donde el mal se lo mira bajo un aspecto religioso-moral, es decir una manifestación del pecado o una privación de un cierto bien.
En definitiva, San Agustín halló que el pecado no es una sustancia y en sus Confesiones, menciona a la maldad como «perversidad de voluntad torcida» (Confesiones VII, 2), y esta perversidad hace que el mundo desde sus orígenes y desde su «pecado original» sea una continua transgresión a los valores contra Dios y el hombre. Más allá de los siete pecados capitales, que ya han sido aumentados por la Iglesia, debemos preguntarnos por el mayor de los pecados que subyace en el interior de cada uno y que según las tablas entregadas a Moisés tienen a Dios y al hombre en la cúspide de la importancia divina. Alzarse contra ellos, es cometer el mayor de los pecados.
De larguísimas discusiones entre escuelas filosóficas y teologales, este brevísimo comentario quisiera ser apenas una entrada a la obra de San Agustín, Obispo.

Maniqueísmo
Doctrina religiosa bien perfilada. Fue religión universal y textual. Fundada por Manes o Mani (216-277). Declaraba el mal como sustancia existente y el movimiento permanente era el del desprendimiento del mal, no aniquilarlo, sino enviarlo al reino que le es propio y no al reino de la luz. La purificación es el motivo central en la ética maniquea. De varias corrientes religiosas, algunos mencionan al maniqueísmo como sincretismo

Neoplatonismo
Continuación de la escuela platónica en donde se funden la idea platónica del Bien con lo Uno. Lo Uno sería la suprema perfección, retomada la idea por ilustres filósofos como Plotino, Plutarco, San Agustín, Escoto Erigena, hasta el S. XIII. Luego ingresó en la escuela de Cambridge llegando hasta Schelling con la filosofía moderna.

Epicureísmo
Escuela, del Siglo III a.C, que no obstante su defensa del conocimiento a base de las percepciones inmediatas de la realidad material, contaba en sus doctrinas con buena parte de racionalismo y como eje de su actividad, la ética, dedicándose con más intensidad a subrayar el papel de los factores empíricos y a reglas empíricas, e imponían su pensamiento sobre lo religioso, la medicina, la retórica, etc.

Liberio Arbitrio
Posibilidad de elegir entre el bien y el mal. Facultad de la razón y de la voluntad por medio de la cual es elegido el bien mediante auxilio de la gracia, y el mal por la carencia de esta.

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