Por Lic. Marcelo Morencos
Extensionista Facultad de Periodismo y Comunicación Social (U.N.L.P.) – Colaborador www.otrosenred.com.ar (Periodismo para una comunicación intercultural)


Allí no podemos reconocer quién es el diferente: son todos distintos.
¿Qué sitio es ése en el que el pueblo no llega a serlo?

Tiempo atrás, cuando comenzamos nuestro trabajo de campo, tuvimos la oportunidad de confrontar lo aprendido en los libros, en los actos invisibles del aula, los discursos que nos atravesaban desde la familia, el barrio, la nación, la aldea global. En esos años de des-aprendizaje creció la posibilidad de hacer un relato armado con las voces directas de nuestros entrevistados, un mensaje que intentaba condensar categorías académicas, constantes históricas y estadísticas. Tomábamos nota de los choques culturales descubiertos en la praxis mientras recuperábamos el sentido del otro. ¿Acaso podíamos evitar la anotación de frases contundentes como: «¿sabés por qué se juntan los bolivianos?: porque son los más discriminados».
El miedo al otro, otro que en este caso refiere al inmigrante (1) (al extranjero, al foráneo, al exiliado, al expatriado, al expulsado, al deste-rrado, al proscrito, al deportado… al extraño) nos lleva inexorablemente a pensar en la intolerancia, el racismo, la discriminación, la xenofobia.


Estimados compatriotas

Luego de mucho tiempo retomo el contacto con ustedes. ¿Cómo están? Espero que bien y que sean estas líneas el comienzo de una comunicación fluida. Han pasado cinco años desde nuestro arribo a este sitio y realmente estamos un poco más arraigados cada día….
…Aún recuerdo cuando vinimos, mis hermanos y yo, prácticamente con lo puesto a esta localidad de la cual solo conocíamos a nuestros parientes. Apenas podíamos ubicar el punto en el planisferio y las referencias semejaban nubes difusas sobre el cielo. Ahora hemos formado un grupo más grande con otros paisanos, y personas de este lugar. Sin embargo, no es tan fácil para nosotros integrarnos del todo: tenemos la sensación que siempre seremos extranjeros….

El inmigrante está aquí y está allá. Aunque incontados de ellos experimenten el privilegio de serlo, de tener dos patrias, de ser un mediador entre su ayer y su hoy, deben convivir con la permanente tensión de afirmarse en la diferencia y mimetizarse con la sociedad receptora. Esta sociedad, la de acogida (que no muchas veces es receptora, ni beneficiaria ni aceptante), es la que propone los marcos de referencias en los que el inmigrante debe acomodarse – como pueda- más o menos dentro, más o menos fuera. Esto conlleva que el inmigrante suela estar en condiciones desiguales respecto a los locales. Pero todo se agrava cuando el miedo a él toma partido por la respuesta violenta física o simbólica.
Para ciertas ideologías (en un sentido amplio como forma de concebir el mundo, la humanidad, las cosas), la cohesión social se logra buscando algo que amenace, que ponga en peligro justamente el orden, la existencia misma de la sociedad. Así es que «el otro» puede jugar ese papel de chivo expiatorio, causante de tantos males.

No desarrollaremos aquí la historiografía de la categoría «inmigrante», un término con aspectos culturales, burocráticos, políticos; sí destaca-remos que en determinados contextos ha adquirido suficiente rechazo cuando se lo liga a países no deseados. Sin embargo, el origen nacional del otro no explica todo. Otra vez los libros y la calle: comprobamos que no se trata exclusivamente de cuestiones ligadas a la nacionalidad, también a situaciones de clase, credos religiosos, pautas culturales (como por ejemplo la higiene personal). Es así que el inmigrante, devenido«extraño», es convertido con frecuencia en el responsable de los errores y miserias de la sociedad receptora. De esta forma, el contexto que genera desórdenes, miserias, desigualdad y precarización social resulta intocado. Hoy, embanderados y nacionalizados como bolivianos, paraguayos o peruanos (los últimos años han sido sus turnos) esos«extraños» también son pobres, negros, feos, incultos, sucios…

Ser como ellos
…Como saben, nuestras prioridades eran lograr mejores condiciones de vida y conseguir trabajo. El hecho que estuviesen algunos de nuestros familiares nos facilitó mucho la llegada y los primeros pasos; ellos nos brindaron el primer techo… Además fue como tener una pequeña patria en tierra ajena.
Aunque no podemos elegir cualquier ocupación, nos prefieren en varias actividades por nuestro esfuerzo y compromiso… Increíblemente nuestra cultura del trabajo nos hace vulnerables en el marco de nuestra situación legal. Puedo decirles que en muchos casos se aprovechan de nuestras virtudes. Nos cuesta bastante tener los papeles en regla y varios de nuestros compatriotas deben someterse a circunstancias límites. Resistimos porque la paga es mejor aquí y porque la perspectiva de ahorro es una fuerte ilusión….

 

«Sin Título» de Eva Hiernaux
I Concurso Anual Internacional de Artes Plásticas Crepúsculo

«Gigantes» de Natalia del Valle Molinero
Segunda Mención, cat. miedo
I Concurso Anual Internacional de Artes Plásticas Crepúsculo

…Si bien padecemos determinados rechazos, presiento que muchos son producto de la manipulación política de algunos sectores, sobre todo en momentos específicamente electorales. La gente en general no se percata de nuestra presencia, salvo cuando le dan una vuelta de rosca a ciertos temas para instalarnos como causantes de problemas mayores o de todos los sectores sociales por igual. En algunas ocasiones se nos identifica con el delito pasional y los malos hábitos. Sin embargo, eso no es verdad, pero a la prensa le gusta destacar nuestra procedencia en los titulares cuando ocurre un hecho aislado; peor si se trata de problemas que deberían responder los políticos a su propia sociedad y no pueden hacerlo sin mancharse ellos mismos, por ejemplo el desempleo o el tráfico de drogas…

El miedo es resultante del peligro a perder las fuentes de trabajo, la identidad cultural; las pertenencias materiales y simbólicas. Esas hordas venidas de afuera, no son solo extrañas, también bestiales… y fundamentalmente pobres; de bolsillo y de alma, de estómago y de espíritu. El miedo al otro convive con la autoconstrucción de una imagen más o menos pura, más o menos genuina, natural e histórica. Los locales tienen derechos y privilegios porque están «desde antes», los que llegaron primero ya se apropiaron del lugar y de las cosas. A veces expresada como invasión (y «silenciosa»), pone en peligro el orden social que, aunque imperfecto, el local se lo arroga como de su «exclusiva propiedad».
Si hemos observado una diversidad de respuestas ante la inmigración, la constante es que se compara al inmigrante a partir de la escala de valores del residente, de modo que los hombres, mujeres, niños y niñas serán más o menos afines a partir de la cultura de la sociedad de acogida. ¿Y cuánto permite esta situación la instancia para actos de discriminación, xenofobia, racismo… odio?
Resulta ya importante remarcar que no hay sociedades sin inmigrantes. La migración espermanente y es un fenómeno social imposible de frenar. Por el contrario a lo establecido, la situación normal es la migración, de modo que será oportuno
comenzar a problematizar la categoría «migrante» (e o in) y despegar lo peyorativo que traduce cuando se la contextualiza para agravar noticias o empujar a prácticas segregacionistas. Al inmigrante se lo estigmatiza, cuando hay que apelar a él como culpable de ciertos males, en las mismas condiciones con las que opera el racismo. Para Michel Wieviorka, y de quien tomamos el concepto, el racismo «consiste en caracterizar a un conjunto humano por algunos atributos naturales asociados a características morales e intelectuales que se aplican a cada individuo que pertenece a ese grupo y a partir de eso se asumen prácticas de inferiorización y de exclusión». Con todo, no podemos dejar de mencionar que es posible la resistencia surgente del grupo excluido, como insinuamos anteriormente, ya que la «discriminación, de hecho, puede resultar favorable a la supervivencia cultural», como afirma Gerardo Halpern (2).

…Por suerte ahora hay otra intención y se va comprendiendo que no venimos a robar ni a vivir a costa de nadie. En una oportunidad la policía me levantó sin motivo, sólo por mi aspecto y el trabajo en la calle que realizaba en aquel momento. Un abogado, con quien había hecho amistad, vio cuando me metían en el patrullero y los persiguió hasta hacerlos detener. Les preguntó a los vigilantes qué había hecho yo, pero por toda respuesta apenas justificaron mi condición de «irregular» (yo no tenía residencia ni contrato de trabajo). A pesar de ello, mi conocido reclamó la libertad y los acusó de sostener una medida hipócrita pues los verdaderos delincuentes se «paseaban» silbando por la misma vereda y a la vista de todo el mundo. Por fin les pidió que me liberaran, explicando que yo sólo quería trabajar.Sin más, me soltaron.
Felizmente, y pesar de las diferencias, hablamos la misma lengua. Muchas veces nombramos las cosas de distinta manera,¡y hasta expresamos de otro modo los mismos sentimientos que nos conmueven! A pesar de ello nuestro idioma nos une. De todas formas depende del esfuerzo que pongamos unos y otros. En nuestro barrio hemos forjado una buena reputación y tenemos buen trato con los vecinos; es importante no cerrarse a la comunidad local…

La xenofobia, como expresión del racismo, somete al sujeto inmigrante a ciertas características naturales en yuxtaposición a características individuales, intelectuales o morales que además se las carga de valor. De este modo hay un paso a la generalización de las particularidades, un sujeto expresa las características del conjunto: «los bolivianos son todos sucios», «los peruanos son todos ladrones», «los paraguayos son todos borrachos», «los argentinos garcas». Los expertos y profesionales en materia de discriminación y xenofobia, citan también la «jerarquización » como otro de los tópicos del razonamiento racista. Consecuentemente a esta forma de pensar y actuar están los grupos humanos superiores y otros inferiores. Escala nada menor, porque va de suyo que esto concita desde evaluaciones simples hasta exterminios lisa y llanamente. Esta graduación, con base en aspectos biologistas, no es más que una intentona de justificar relaciones de poder hacia los subordinados. Entonces el miedo, devenido discriminación y basado en elracismo, repercute en una relación cultural y política de dominación, pero justamente por su características políticas y culturales, resulta pasible de ser modificada. Así como el miedo se puede superar, la relación de poder se puede cambiar.

Se dice de mí
…Me cabe pensar que preguntan si extrañamos, ¿verdad? Siempre se lleva la nostalgia con uno mismo. Fundamentalmente es muy duro al principio. No es fácil acostumbrarse siquiera al color del cielo sino con vacilación y pena. Para atenuar la melancolía es imprescindible estar cerca de los nuestros: amigos, parientes, compañeros de viaje. A pesar de conservar las costumbres, también vamos incorporando hábitos y gustos de este sitio. No obstante, los fines de semana solemos reunirnos; ¡hasta encontramos un mercado con típicas bebidas para«regar» esas veladas! Con la vestimenta tenemos menos pretensiones, tal vez porque ya no representan originalidad alguna. Es una dicha que esta tierra provea muchos productos comunes a los nuestros. En casa aún cocinamos diariamente con las mismas recetas, pero ¡cuánto daría por comer un plato preparado por la abuela con los frutos de nuestra cosecha!

Si bien la intención inicial fue venir por menos tiempo y ahorrar el máximo posible, debemos considerar que nos integramos dentro
de todo bien y hemos progresado. Pero además debemos considerar también que la situación allá no solo no mejora, sino que se deteriora. Es una pena para ustedes y para nosotros, ya que es el deseo más grande volver lo antes posible. Estamos altanto por los noticieros y también por nuestros amigos y parientes que viajan seguidamente. A veces los medios son de desconfiar, pero no dudamos de nuestros seres queridos cuando nos cuentan lo que acontece en la adorada patria.
Para nosotros es muy importante la ayuda económica que enviamos desde aquí. Nos revitaliza saber que colaboramos para paliar la situación y, en mi caso, me enorgullece saber que mi contribución permite a mi hermano menor terminar su ciclo lectivo. No les digo que aquí se está mejor necesariamente, hay quienes a pesar de todo se volvieron, pero por el momento seguimos con el plan un tiempo más. De todos modos tenemos presente que vamos a volver, tarde o temprano.
Cordialmente, Juan

El otro yo
Salir del miedo es comenzar a transitar el camino del conocimiento, la explicitación y valorización de la realidad. Es evidente que no alcanza con la intencionalidad y será necesario el acercamiento al «sujeto de nuestro miedo». Será en vano allanar tal situación si no se construye un espacio y tiempo de encuentro, al que podríamos llamar interculturalidad. Esto conlleva un cambio profundo sobre cómo ha sido el acercamiento al otro. Hacer visible al otro, pero a partir de la participación genuina de todos los ciudadanos, locales e inmigrantes. La marginación debe ser superada por la incorporación; yésta no puede confundirse con integrar, término que puede aludir a la subordinación de un grupo sobre los patrones de otro. En cambio, la interculturalidad habilita a un intercambio en equidistantes condiciones para explicitar y valorar la diversidad.
Enfrentar lo extraño, fuera y dentro de sí mismo, solo es posible en una relación dialógica que inexorablemente conduce a reconocer la situación de primera mano, superando la superficial y distante fase de los discursos. Hace falta un gran esfuerzo, una
verdadera responsabilidad política y cívica y una toma de conciencia frente a los mediatizados argumentos (que no solo difunden los medios, también la escuela, el vecindario, la escuela) de modo de experimentar vivencias con el otro. Redescubrir y reconocer que es más importante la propia experiencia que las argumentaciones y discursos mediáticos puede resultar una excelente práctica para empezar a ubicar las cosas en otro lugar.
No obstante, modificar un proceso tan arraigado como la marginalización de amplios sectores de la sociedad (y de las sociedades existentes que caben en ella) involucra, de modo inapelable, la voluntad política de los Estados y la voluntad civil de los ciudadanos. Si el inmigrante es un emergente de las fronteras estatales y el extraño de las fronteras culturales, sociales y psicológicas, no hay forma de salir de los contextos en los que surge la violencia como respuesta al miedo si no es fundando espacios y tiempos compartidos entre los temerosos y los temidos, entre los agresores y los agredidos. Definitivamente,
expandir la coexistencia hacia la convivencia, de modo que el miedo migre al respeto y la tolerancia a las diferencias nos haga iguales.