El nuevo Cuco

By 25 noviembre, 2014n.14 - miedo

por Sabrina Perotti  «Para quien tiene miedo, todo son ruidos.» Sófocles (495AC-406AC) (Poeta trágico griego)

 

Cuando se disipó la luz, la habitación se volvió completamente negra y todos los muebles se tornaron irreconocibles. El amigable dormitorio en el cual solía imaginar aventuras y planear travesuras, se convirtió en un espacio totalmente nuevo.

Era una pieza extraña, un lugar tétrico, oscuro, frío, desértico; un terreno muerto donde cada sombra amenazaba y cada ruido desesperaba. Sumergido entre las sábanas sólo dejaba afuera los ojos y la nariz. Precisaba estar atento, en alerta y a la espera de los posibles monstruos. Simplemente, porque no quería que me tomaran por sorpresa.
Para aliviar la tensión muchas veces pensaba en mamá o en la mañana, dos grandes tranquilizantes que funcionaban como un bálsamo efímero. Uno o dos segundos de confort y la vuelta al miedo y a esa oscuridad que me oprimía el pecho. Una condena, un padecimiento quedebía transitar hasta que el sueño me venciera y mis ojos se cerraran al fin.

La industria de los monstruos
¿Quién no tuvo algún miedo de niño? Monstruos debajo de la cama, la oscuridad, los desconocidos, el mar, los payasos. Hay tantos miedos diferentes como niños. Pero¿para qué sirve el miedo? Una tarea muy interesante es analizar la etimología de la palabra «monstruo» que viene del latín monstrum y que significa «advertencia» o«aviso». El miedo es una respuesta al entorno, es un mecanismo de defensa que permite establecer un cierto límite. Es una especie de alerta que tiene como fin predisponer a la persona en cuestión.
Sin embargo, a medida que los tiempos corren y la tecnología avanza, los niños comienzan a temerle a distintas cosas. Hoy, gracias a la televisión, a Internet y a los videojuegos, entre otros adelantos, los niños han ampliado su capacidad para resistir algunos antiguos miedos. Esto no quiere decir que tengan menosmiedo que antes, simplemente significa que aparecen otros, que hay reemplazos. El temor nunca se extingue por completo. Se modifica, se transforma. Muta. Pero desaparecer, imposible.
Es así como una película muy taquillera de Disney, tomó esta problemática y planteó la enorme dificultad que, actualmente, muchos monstruos están sufriendo: ahora es más arduo asustar a los niños.
La historia trata acerca de una compañía cuya principal producción son los gritos de miedo de los niños. Estos gritos, al ser encapsulados, sirven para obtener energía que se distribuye en toda la ciudad. Los obreros de esta fábrica son, obviamente, los monstruos y su metodología de trabajo consiste en ingresar al cuarto del niño a través de su placard. Sin embargo, y más allá de este tan vigente argumento, la película sostiene que dicha empresa –Monsters Inc.- está perdiendo ganancias y una baja en su producción debido a esta dificultad de provocar miedo a los niños. Es por eso, que los monstruos se encuentran obligados a esmerarse aún más en cumplir con su trabajo, es decir, asustar. El film recibió tan buenas críticas como fama mundial y tanto niños como adultos se sintieron sumamente identificados con el argumento.

Asustame que me gusta
Hay determinadas edades en las que el miedo pasa a ser más que el mero enemigo del infante, un asiduo compañero. Éste traspasa la línea que lo mantenía distante del niño para convertirse en su mejor amigo. Entre los 11 y los 15 años,algunos niños (no todos), comienzan a tener una fuerte predilección por el cine de terror, los juegos de espanto y la literatura de horror. En mi caso elegí ésta última. Adoraba leer historias llenas de misterio, muerte, suspenso y sucesos sobrenaturales. Muertos vivientes, niñeras asesinas, gente con visiones catastróficas. Eran cuentos con un tinte mucho más real que los que leía antes – obviamente –y a la vez, propagaban un miedo mucho más carnal. Con el correr de los años, vuelvo a releer algunas líneas y todavía se me pone la piel de gallina. Entonces ¿qué es lo que hace a un niño «amar» al miedo que tanto aborrecía no mucho tiempo atrás?
Un niño de entre 10 u 11 años comienza a tratar de transgredir ciertos límites y busca jugar con lo prohibido. En la etapa de prepubertad el niño ya no se siente meramente un infante y busca
vincularse con el mundo adolescente. Es por eso que su mayor deseo consiste en acercarse a algo que mantenía alejado tiempo atrás: el miedo. El niño elige el momento preciso para temer. Es una manera de tomar el control y desafiarse.
Los cuentos y las películas de terror son los preferidos de muchos que intentan espantarse de manera voluntaria y sufrir de una forma graciosa y espeluznante.

El niño crece al igual que su miedo
Sin embargo, el niño no siempre puede controlar sus temores y es más que evidente que nadie puede hacerlo. Pero cuando un pequeño es criado en un ambiente donde todo es amenaza se convierte en un adulto aterrado. Si bien el miedo es una forma natural de supervivencia, puede volverse patológico si perdura más tiempo del prudencial o impide llevar a cabo actividades cotidianas.
Cuando esto sucede puede deberse a que el niño carezca de las herramientas necesarias para poder hacerle frente a determinadas situaciones. Los padres deben fomentar la imaginación y la creatividad de sus hijos pero también se les deben brindar contención y afecto. El niño necesita ser criado en un entorno en el cual le sea posible imaginar y dejarse llevar, siempre que pueda establecerse un límite entre lo irreal y la real.
Si una madre o un padre permite que el miedo que experimenta como adulto se cuele en el niño, éste sufrirá profundas consecuencias. Sus mayores y más confiables contenciones se transforman, ahora, en endebles y frágiles sombras asustadizas incapaces de rescatarlo de su miedo. Estableciendo lo anterior no quiero que se malinterprete que los adultos deban esconder sus sentimientos o inquietudes, simplemente planteo la necesidad de resguardar al niño de los temores paternales que a
veces son excesivos y dañinos.

«Miedo a todo» de Facundo Muciaccia
II Concurso Anual Internacional de Artes Plásticas “Crepúsculo”

La era del miedo
Algunos años de trabajo alrededor de niños me han brindado la posibilidad de conocer aún más sus metas y sus gustos, sus alegrías y sus llantos, sus preferencias y sus temores. Saco una conclusión clara: no hay dos niños iguales. Cada persona recibe el mismo mensaje de diversas maneras y el niño no es la excepción a la regla. Aún en hermanos mellizos se hace presente esta afirmación. Hayniños asustadizos, inquietos, alegres, rebeldes y cariñosos. Hay niños agresivos, tranquilos, provocadores y pacientes. Hay niños que no pueden catalogarse bajo una única característica. Hay miles de personalidades. Y, a la vez, miles de padres, es decir, millones de formas de criar.
Sin embargo, se visualiza un patrón común en los niños de esta época: son absolutamente conscientes de los miedos que esta sociedad posee. Nos encontramos sumergidos en una era del miedo. Los noticieros se presentan cual novelas donde el bien y el mal se dan batalla diariamente. Los criminales (o también denominados «malvivientes») son los malos del momento y el resto de la sociedad somos meras víctimas. He oído en más de una oportunidad que el noticiero deprime, pero ahora recibo comentarios acerca de que el noticiero aterra. Propaga miedo, es una serie de horror y es aún más espantosa porque se dice que «muestra la realidad». Por lo que se hace mucho más difícil dar un paso al costado y prestar la atención necesaria para desentrañar la línea editorial de quienes exponen las noticias del día.

He conocido niños de 4 años con miedo a los piqueteros y a los secuestros. Y es muy fuerte escuchar que convivan con esos sentimientos. Lo peor del caso es que no están capacitados para soportar miedos tan carnales y abstractos a la vez. He leído por ahí que «cuando un padre siente miedo del miedo de su hijo jamás podrá ayudar a superarlo si él no lo hace antes».