El Color de la Sangre

By 25 noviembre, 2014n.14 - miedo

por Silvio César Lizarraga

Jamás sabremos si los animales sienten miedo como nosotros. Tal vez para una gacela el símbolo de terror sea la melena del león o la risa de la hiena, tal vez para la foca el símbolo del miedo sea el color blanco y negro de la orca asesina. Será por siempre un arcano. En cambio, nosotros atribuimos símbolos a casi todo el universo –y podríamos elidir el «casi», ya que no otra cosa son las palabras y con ellas intentamos asir el orbe..

Los colores nos ayudan a simbolizar nuestros miedos y nuestras peores pesadillas; Melville convierte el blanco en un absoluto y una aberración; Homero habla de la negra sangre que espanta a los guerreros de Grecia y Troya; en el infierno de Dante domina la oscuridad y en su centro el color frío de hielo; Lady Macbeth no puede dejar de ver en sus manos el color escarlata que la persigue en las pesadillas. Los colores simbolizan y representan nuestro miedo y existe un autor que trabajó esos símbolos como ninguno.
Edgard Allan Poe creó para nosotros un cuervo plutoniano color negro como la noche más oscura (también negro era el gato de un cuento terrorífico); creó para nosotros y para Arthur Gordon Pynn una Antártida tan blanca como un laberinto infinito; inolvidable es el color rojo derramado sobre la alfombra en el espantoso crimen de la calle Morgue; azul pálido es el color del ojo del viejo que muere a manos de un hombre nervioso. Poe ha recorrido con mucha eficacia toda la paleta de colores que simbolizannuestros miedos, pero hay un cuento en particular que contiene, concentra y sintetiza esos colores simbólicos que tanto miedo nos producen.

El miedo lleva una máscara
En La máscara de la muerte roja Poe nos coloca desde el inicio en un escenario espantoso. Una peste extraña y letal asola una región. Los síntomas son dolores terribles en todo el cuerpo y una sudoración roja que termina con espasmos grotescos y alaridos de dolor como última exhalación. Nada detiene la peste que es llamada por todos como «la muerte roja». El príncipe, llamado Próspero, se refugia con un grupo grande de amigos en una abadía fortificada con puertas de hierro que los separa del exterior. Allí dentro viven dedicados a la celebración, las orgías, las danzas, los juegos. Se evaden del exterior y de la muerte roja. Próspero decide realizar un baile de máscaras. Toda la abadía se decora conforme a su gusto por lo grotesco y lo bizarro. Siete habitaciones son decoradas con distintos colores. El capricho del príncipe quiere que la disposición sea la siguiente: del ala este de la abadía al ala oeste los colores son: azul, púrpura, verde, anaranjado, blanco, violeta y negro. En esta última habitación hay un reloj de péndulo que suena cada hora una campanada estridente. He ahí el escenario de la fiesta que se transforma en una orgía grotesca rápidamente. Sin embrago, a cada campanada del reloj la música se detiene unos segundos, todos hacen silencio y escuchan el sonido que llena toda la abadía. Luego vuelven a la locura de la fiesta y se olvidan del mundo. Los enmascarados deambulan por todas las habitaciones pero nadie ingresa a la última, la habitación negra.
Entonces sucedió que a las doce de la noche el reloj sonó dando doce campanadas y todos notaron en ese momento la presencia de un invitado disfrazado de la muerte roja. El príncipe ordena que lo detengan y le quiten la máscara, pero nadie se atreve a hacerlo. El extraño intruso avanza sobre el príncipe y lo persigue desde el salón azul hasta elúltimo. Allí Próspero toma una daga para arremeter sobre la figura vestida con un sudario ensangrentado y una máscara tan real como la muerte misma.

En el arrebato, el príncipe logra sacarle la máscara pero sólo para descubrir que detrás de ella nada había. Acto seguido cae el cuerpo sin vida de Próspero. Los horrorizados convidados tratan de huir pero nadie escapa a la muerte roja.

Arquitectura del terror
El cuento de Poe es de poderosa escritura por su alto grado de condensación. Allí encontramos la suma de los miedos esenciales del hombre: miedo al paso del tiempo, miedo a las enfermedades y miedo a la sangre, todos ellos sintetizados en un solo miedo elemental que es miedo a la muerte.
El dispositivo literario está construido sobre la oposición de pares antitéticos. La irrupción de la Muerte Roja divide el mundo en dos: los que mueren y los que sobreviven. La vida y la muerte están separadas por una línea color sangre. Esa es la primera dicotomía que permite que todas las demás se establezcan: el príncipe huye a una abadía y se encierra en ella con un grupo de amigos instituyendo así un espacio de seguridad frente al peligro que representan las callesapestadas; dentro de la abadía se desarrollan fiestas y orgías frente a la agonía de los que mueren fuera; sólo los saludables están dentro de la abadía, los que están afuera han muerto o morirán pronto; dentro se vive como en un sueño de placeres, fuera la muerte roja es la única realidad.
Como se aprecia, Poe organiza su texto a partir de la formación de dos espacios antitéticos, gobernados por sus propias reglas y lógica. En uno se intenta celebrar la vida para evadirse de la muerte, en el otro la muerte es inevitable y todopoderosa.


«La muerte y las máscaras» 1897. James Ensor (Ostende 1860 – 1949)
pintor belga y miembro fundador del grupo de los XX.
Considerado como un innovador del arte decimonónico,
que influyó en Klee, Emil y Nolde y otros expresionistas
y surrealistas del siglo XX

Dialéctica y símbolos del miedo
Es posible hablar de una dialéctica presente en el texto teniendo en cuenta el poderoso final. La reclusión y la evasión en la abadía se presentan como una antítesis de la muerte roja, como un espacio libre de escenas de terrible espanto, libre de agonías y libre de la locura de la muerte repentina. Es decir, la abadía se establece (en principio) como un espacio de asepsia.
Sin embargo, el comportamiento del príncipe y sus amigos van transformado ese espacio de asepsia en uno de bizarría y grotesco. La locura pronto gana las mentes de las personas encerradas. De esta forma, el momento de antítesis se va deslizando gradualmente hacia una síntesis inevitable. La orgía de enmascarados se transforma en una escena de pesadilla: las habitaciones decoradas de diferentes colores, los trajes de los convidados, las formas de las mascaras -que representan gestos exagerados-, la música disonante de la ebriedad y el desenfreno, las risas y los alaridos, los bailes y los movimientos histriónicos. Todo eso conforma una escena que cuadra más con
una pesadilla afiebrada que con un sueño. La evasión de la realidad externa conduce al príncipe y sus convidados a la demencia. Ninguna moral se aplica dentro de la abadía, solo un precepto: el goce.

Pero el reloj de péndulo está ahí para recordarles a cada hora que la realidad de la muerte roja persiste, no desaparece. Todos guardan silencio ante las campanadas del reloj como si recordaran de donde viene y de qué están huyendo. De modoque el reloj funciona como un obvio símbolo del tiempo, pero además como un símbolo de la memoria de todo los personajes, ya que con sus campanadas interrumpe al fiesta y los obliga a recordar la realidad fuera de la abadía, los obliga a retornar con el recuerdo a ese lugar del que vinieron, los obliga a pensar en los muertos que quedaron fuera, los obliga a meditar en el acecho de la muerte roja. En otros términos, el reloj clausura el orgiástico olvido y trae con sus no-figurativas-campana-das una dosis de realidad.
Es también simbólico que la aparición del personaje de la muerte roja sea a las doce de la noche, hora en que la jornada muere. Tal símbolo prefigura la síntesis: la abadía ya ha dejado de ser un
espacio de asepsia y se ha convertido en un espacio bizarro y grotesco, la campanada de las doce ha sonado y es entonces en ese momento cuando se presenta la muerte roja vestida con sus
atuendos, un sudario ensangrentado y una máscara lívida. Se produce entonces la síntesis absoluta, la muerte ingresa en la abadía y las dicotomías antitéticas se disuelven. Ya no hay unadentro y un afuera, todos los espacios han sido tomados por la muerte roja.

«El varón de Dolores» 1892 . James Ensor

La muerte roja atemoriza a todos, es la figuración de todos los miedos (a la enfermedad, al tiempo, al color rojo, a la muerte propiamente dicha). Allí presente nadie se atreve a tocarla. El príncipe huye del salón azul –ubicado en el ala este de la abadía- hacia el último salón, el salón negro – ubicado simbólicamente en el ala oeste de la abadía-. El oeste es uno de los símbolos de la muerte de más profunda raigambre en la cultura humana. Poe lo utiliza con destreza. El príncipe realiza un trayecto que va de la vida a la muerte, todos los pasos que da lo conducen a la muerte. De hecho, no hay pasos que lo conduzcan a un lugar diferente, vale decir, no hay posibilidad de evadir la muerte, no hay refugio posible, no hay otra realidad más que la de la muerte.
El príncipe cae muerto en el salón negro luego de removerle la máscara a la muerte roja. No hay nada detrás de esa máscara, la muerte no tiene rostro, no tiene identidad. He aquí otro símbolo valioso, el anonimato. La muerte iguala a príncipes y plebeyos, no los distingue, los reúne a todos en un mismo y elemental grupo de anónimos. Las máscaras representan ese anonimato al que son reducidos los personajes cuando los acorrala la muerte. La muerte y sus víctimas son en el texto elementos sin identidad.
Por último, la muerte arremete contra todos los convidados. Y deja como símbolo final el silencio, acallando la estrepitosa orgía. El silencio absoluto es el discurso de la muerte.
De esta manera la muerte roja ha pasado y nos ha dejado todas sus posibles marcas, su color, su hora, su lugar, su sonido, es decir, su firma indeleble. Cada una de esas marcas simboliza para nosotros un mismo miedo ancestral configurado en nuestros genes: el miedo a la nada, a la noexistencia, a la extinción definitiva del ser. Poe con gran maestría nos ha legado un cuento que nos enfrenta con ese miedo que llevamos en la sangre y que será nuestra última experiencia en este mundo.