Educar y aprender no son hermanas
por Pamela Benitez

“Siempre se dice que la mejor manera de combatir la pobreza y la violencia es con la educación. Lo que nunca seaclara es si a la educación la deben recibir los pobres paraseguir siendo pobres pero con buenos modales, o si también latienen que tener aquellos que hacen que haya más pobres
para empezar a preocuparse porque no los haya”.
Diego E. Capusotto

La educación está en crisis. Eso no es nuevo. Sin embargo, la novedad se rastrea en que esta crisis puede llevarnos a adaptar nuevas perspectivas para lograr que no sea instrucción de mentes-plastilina. Al contrario, la obstinada crisis educativa es una oportunidad para asumir la responsabilidad, y convertirla en un modo de aprendizaje, en una experiencia de nunca acabar.

Desde mis ojos
El primer día de la primaria estaba emocionadísima por empezar la escuela. Las maestras, los compañeritos, el recreo, pero sobre todo me emocionaban las tareas que la seño nos daba. Desde mis ojos mi mamá, mi papá y la seño, junto a mi hermana, sabían todo del mundo. Todo lo que existía mas allá de la puerta de casa ellos lo sabían. Claro que con el tiempo ese paradigma fue mutando… más bien se destruyo y ya ni recuerdo a la seño de primer grado, sólo recuerdo que lloraba cuando mi vieja me dejaba en la escuela a mitad de ese primer año. Sin embargo sobreviví, de hecho tuve muy buenas notas hasta terminar la secundaria. Ahora, en la universidad, no estoy tan mal pero desde ya creo que no lo estoy aprovechando al máximo. A lo que voy es que desde los dieciséis me pregunto lo mismo –y creo que no lo he compartido con nadie hasta ahora- ¿para quién estudiar?.
Al principio solía preguntarme ¿Por qué? Y eventualmente la respuesta salió sola: porque mis viejos me mandaron, porque estudiar con voluntad es aprender a crecer intelectualmente y, con un poco de fortuna, como persona. Por supuesto, lo de crecer como persona es muy amplio así que lo dejamos a interpretación del lector. Ya cerca de los veinte me pregunté ¿para qué? Y, en hora buena, la respuesta saltó a mi mente: para hacer plata, enriquecer el alma, en ese orden. De inmediato supe que algo estaba mal.
Entonces llegamos a hoy, un hoy bastante difuso. Lleno de incertidumbre en realidad. Me sorprendo a mi misma al pensar como respuesta inmediata que la razón de invertir mi tiempo en estudiar es para hacer plata. La profesión que elijo no se distingue por ser una fábrica de dinero, más bien lo contrario. Los comunicadores junto a los periodistas, creo yo, son las personas más molestas e indeseables porque pretenden arrojar luz a aquello que quiere mantenerse a oscuras. Entonces empecé a indagar, pregunté lo mismo (¿para qué estudiar?) a varias conocidas/ os y, sorprendentemente, todos respondieron en términos económicos. Lo cual me lleva a deducir que quizás después de todo hay una razón real por la cual, aún siendo mi sondeo poco abarcativo, la educación es igual a plata en el bolsillo en lugar de –paradójicamente- riqueza intelectual.

Pero hablando en serio…
La educación no es igual al aprendizaje, y ni siquiera puede compararse con la comprensión. No son sinónimos. Muchas veces uno estudia para zafar pero no con la intención de aprender, y la mayoría de las veces uno aprende sin haber estudiado del libro. De hecho, la única manera segura de que el ser humano aprenda es haciendo. Pero la educación como garantía a cargo del Estado ¿Qué rol juega?, ¿Cumple su misión?, más aún ¿Cuál es la verdadera misión
de la escuela como institución educativa?.
Más allá de los datos históricos, uno de los conceptos principales que tenemos que tener en cuenta cuando tan ligeramente hablamos de educación es el siguiente: “La escuela construyó sus cimientos sobre una idea fundamental que trasciende su estructura: la noción de que los niños están vacíos, y en consecuencia su individualidad puede ser rota y reformada, intervenida acorde a las necesidades externas. El niño ha sido considerado un objeto de estudio, una rata dentro de un laboratorio de socialización más grande de la historia cuyo principal objetivo fue modelar al ser humano”, se afirma en el documental “La Educación Prohibida”(2012) [1] que cuenta con 7,641,596 reproducciones en la web y cuyo director y realizador es German Doin Campos.
Esta realización es una crítica válida al sistema educativo actual. De hecho, lo interesante de notar es que se dirige a toda una región: Iberoamérica, donde el modelo de educación sigue el mismo patrón que prioriza a las ciencias formales y se deja casi excluido a las artes.
Se invierte en la infraestructura educativa, se crean escuelas que contienen, forman trabajadores y otras se dedican a la excelencia… pero ¿cuál de esos modelos tiene como misión desarrollar la calidad humana? Si por un momento hacemos examen de consciencia quizás arribemos a la conclusión de que en la escuela la solidaridad es un valor que no siempre se está ejercitando. Más aún, en una sociedad que constantemente muta, cuyos valores no son los mismos que hace diez años, donde el modelo familiar ideal simplemente se desvaneció y teniendo en cuenta que esos cambios exigen adaptación, la escuela es una institución incoherente con el mundo que se vive día a día. No deberíamos esperar a terminar el ciclo escolar para empezar a vivir, al contrario, el aprendizaje que comienza cuando nacemos debería ser propiciado por escuela, y no solamente enseñarnos un poco de cada materia para estar más o menos preparados para la Universidad. Con esto no quiero decir que estoy en contra de la institución escuela, pero creo que es necesario “revisar lo aprendido”.
Entonces, en este estado de situación, ¿por qué negarnos a escuchar las voces críticas que al mismo tiempo nos muestran cuáles son las otras realidades que se viven en este país y a lo largo de Latinoamérica? ¿Por qué caer en la mediocridad de creer que todo está perdido si el cambio es un motor puesto en marcha por nosotros mismos? Seguramente es más fácil responsabilizar al gobierno de turno, y esa es una actitud que los niños van a heredar, pero esa no es la solución.
La escuela está planteada desde una función social, no desde la visión de la comunidad, según se explica en el documental de Doim Campos, que cuenta con 704 coproductores de distintos países. Los planes de estudios los realizan los administradores, el sistema de calificaciones estandariza la inteligencia de los niños en un número y muchas veces ese número los definen como persona. En el aula es fácil de comprobar, siempre se espera lo mejor de aquel que saca “buenas notas” y se espera siempre lo peor de aquel que “nunca aprende, saca dos en todas las pruebas”. Lo importante del proceso de aprendizaje es comprender: comprender una ecuación, un poema o una escala musical. No sirve de nada repetir porque la memoria tiene vencimiento, en cambio, lo que verdaderamente es aprendido jamás será olvidado.

Desde La Educación Prohibida –que pone en jaque el sistema tradicional- vemos que la institución educativa es un lugar tedioso para alumnos y profesores, pero podría convertirse en un ámbito de aprendizaje donde adquirir conocimiento sea una necesidad, fundada en el interés y en el cultivo de valores universales como el amor, el respeto y la confianza. ¿Suena a utopía? Por supuesto que sí, y por eso mismo debería ser nuestra meta. Si el sistema tal cual es hoy nos llena de incertidumbre por el futuro, desconfianza por el vecino, rencor por las personas que nos fallan, ansiedad por las cosas que nos faltan y apuro por chequear Facebook, ¿Por qué continuar así si existen otras maneras de coexistir?. Cada ser humano debería ser capaz de desarrollarse en la profesión que prefiera para contribuir al mundo y a su propia realización.
El documental cuenta con más de 90 entrevistas a diferentes educadores y es capaz de echar luz a esos pensamientos que dudan sobre la efectividad en el plano humano del sistema educativo actual, pero es necesario reconocer que ese modelo es altamente satisfactorio para sostener el desarrollo del capitalismo salvaje, el régimen bajo el cual vivimos.
Para profundizar sobre el por qué de la situación actual podemos recurrir a Noam Chomsky [2]. Este lingüista norteamericano nos explica cuál es la ventaja de la escuela para mantener la sociedad tal como la conocemos, cuál es su objetivo y si existen alternativas al modelo más extendido.
Chomsky no dice que existen dos enfoques para tratar el sistema educativo: desde el adoctrinamiento y desde la visión ilustrada. En el primer caso, estamos hablando del modelo que predomina actualmente donde se deposita a los niños desde la primaria dentro de un marco de orden en el que se obedecen reglas, se cumplen con horarios, y la exclusión o no del alumno/a depende del sistema de calificaciones. En la escuela se imparte instrucción, se repiten contenidos previamente pautados y el cuestionamiento no tiene lugar. Entonces, ese ámbito que debería potenciar la mente del niño en realidad adormece su capacidad creativa potenciando su individualismo y la competencia con sus pares (por la mejor nota). Eventualmente la escuela se convierte en un obstáculo a superar. Avanzando en la vida, si el estudiante ingresa a la enseñanza universitaria, seguramente se va a topar con más desafíos que placeres. En Argentina no es novedad que el estudiante migrante debe conseguir un trabajo para ayudar a los padres con los gastos de vivir lejos de casa. Combinar trabajo-estudio es una prueba de tolerancia, dedicación y constancia que la escuela no nos prepara para afrontar. Si sumamos a esto la inversión económica que realizamos en apuntes, alquiler y demás gastos, podríamos decir que estudiar –aún trabajandoes para privilegiados. Entonces, es un bien preciado que deberíamos poder explotar al máximo. Pero en una sociedad que desde el primer día del primer grado se enseña que el error debe ser evitado y donde se sirven los conocimientos en lugar de estimular su realización, se forman mentes conformistas, que de a poco van perdiendo la capacidad de razonar sobre lo que se oculta tras las explicaciones impartidas por los profesores. El resultado es claro: se alienta el facilismo en desmedro del trabajo personal que es el único que puede dar frutos significativos.
En el segundo caso, el propósito de la educación y todo su mecanismo se orienta a que el individuo pueda realizarse como autónomo, con capacidad real de interés, con la intención de buscar la riqueza del pasado y poder investigar por sí mismo. De
acuerdo a la visión ilustrada, el desafío resulta constante ya que siempre se está en la búsqueda de mejorar en la vida y de alternativas que resuelvan aquello que nos preocupa, haciéndonos responsables por nosotros mismos. Chomsky nos dice que esta alternativa requiere de un esfuerzo c o n s t a n t e , del uso de la imaginación si es necesario y de la voluntad de crear para superarse a sí mismo. Es necesario desarrollar, a través de la experiencia práctica, la capacidad de interrogar todo aquello que “nos haga ruido” y no solamente de tomarlo como referencia o dejarlo pasar. Nuevamente, no todos comerían de esa miel. Digo esto porque la educación y el aprendizaje no son sinónimos, aunque a simple vista parece que sí. El objetivo de la educación es formar seres productivos funcionales para mantener la sociedad tal cual la conocemos, más aún, la educación que la escuela ofrece sirve para profundizar el estado de situación que vivimos. Se pregunta Chomsky: “¿Queremos tener una sociedad de individuos libres, creativos e independientes capaces de apreciar y aprender de los logros culturales del pasado y contribuir a ellos? ¿Queremos eso o queremos gente que aumente el PIB? No es necesariamente lo mismo”[3]. En este sentido, el aprendizaje tiene como objetivo aportar a la realización del ser humano, y eso es un fin en sí mismo, vale por sí solo, no tiene precio y puede ser compartido, de hecho uno debe ser capaz de compartir lo que sabe sin egoísmo. Pienso que ese debería ser el objetivo de la educación. Chomsky considera que “la educación debe estar dirigida a ayudar a los estudiantes a que lleguen a un punto en que aprendan por sí mismos, porque eso es lo que van a hacer durante la vida, no sólo absorber información dada por alguien y repetirla”[4]. Podemos pensar a partir de esto que el aprendizaje no termina con el título del secundario o de la universidad, es más bien un proceso que termina cuando nuestra curiosidad se extingue.

Puede ser que mis presunciones no hayan sido tan inocentes y que en realidad el sistema educativo es anticuado, obsoleto, carente de interés en la parte humana. Sin embargo, -y esto es lo que más me asusta por nuestra generación y por las futuras- ese hecho tiene un por qué: es funcional a ciertos intereses, los cuales nos ponen a nosotros como simples tuercas dentro del engranaje de este gran sistema capitalista que, al mejor estilo pinkfloidiano, podríamos imaginarlo como una maquina picadora de carne humana.
Después de este recorrido el “para quién” estudiar se volvió claro, para aportar bien a este mundo y realizarme como persona. Uno no debería estudiar –entendido como aprendizaje- para zafar los exámenes o dar el orgullo a los viejos con un titulo. Rechazar el adiestramiento que desintelectualiza y tiene como objetivo la domesticación del ciudadano requiere de seres humanos con pensamiento crítico e independiente, valores que se aprenden mediante la experiencia. La institución escuela debería por lo menos mantener una postura más flexible a las demandas de la sociedad cambiante en la que vivimos. Por eso el tema educación no se cierra en esta nota, el aprendizaje es tanto personal como una experiencia en comunidad y sigue hasta el último día de vida. □

Bibliografía
• http://www.educacionprohibida.com/
• http://www.liberandolaeducacion.com/que-no-es-la-educacionprohibida/
• https://www.youtube.com/watch?v=AsZJxDsd1Q8

[1] El documental suscito las más variadas críticas desde los medios de comunicación hegemónicos, como el artículo de opinión escrito por Luciana Vázquez para La Nación. Sin embargo, es necesario escuchar y prestar atención a todas las opciones para poder resolver un conflicto tan agudo como lo es el que nos convoca.

[2] Lingüista, filósofo, activista, autor y analista político estadounidense. Intelectual emblemático de la izquierda mundial.
Nació el 7 de diciembre de 1928 en Filadelfia.

[3] – [4] Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=AsZJxDsd1Q8

“Estudiá burro” – Sebastián Berllotti Soengas
IV Concurso Anual Internacional de Artes Plásticas “Crepúsculo”

“Mandatos grabados” – Mercedes Languinge-
2da mención IV Concurso Anual Internacional de Artes Plásticas Crepúsculo