Educar para la libertad «Herencia de madre»
Julieta Calonge

“La educación es el arma más poderosa
que puedes usar para cambiar el mundo”
Nelson Mandela

Me preguntaba ¿qué quiero dejar a mis hijas como legado? ¿De qué manera transmitirles los principios básicos de la vida en sociedad: los valores e ideales, advertirles que vivimos en un mundo convulsionado y en constante cambio que nos hace estar siempre a la altura de las circunstancias, permanentemente alertas? Fundamentalmente, brindarles una educación que les permita desarrollar su pensamiento en libertad, mostrarles el camino pero no recorrerlo por ellas porque lo que fácil es dado fácilmente es olvidado.
La educación empieza por casa. Ya no podemos supeditar esta noble tarea sólo a los docentes y a las instituciones educativas. El proceso de enseñanza y aprendizaje comienza en el seno familiar desde el mismo momento en que nacemos. Continúa y se fortalece en el ámbito escolar y si decidimos puede extenderse hasta que partimos de esta tierra. Somos una tábula rasa que necesita ser escrita y el conocimiento que recibamos es
insustituible.
Mis padres siempre me hablaron de sacrificio y dedicación. Cuando era niña me decían: “si queres ser alguien en la vida debes trabajar duro para conseguirlo, resignar cosas que te gustan para lograr tus objetivos”. No entendía porque tenía que sacrificar jugar con mis amigas para hacer la tarea o asistir a las aburridas clases de inglés sólo porque algún día iba necesitar saber un idioma para obtener un trabajo. ¡Y cuánta razón tenían! Siempre hacían hincapié en lo importante que era para ellos que yo estudiara. Y pretendían obviamente lo mismo para mis hermanos.
Mi recibida de Perito Mercantil fue la culminación de cinco años de intensa actividad. En aquellos años yo vivía en Lezama y viajaba todos los días 35 Km. a estudiar a Chascomús, levantándome más temprano que mis compañeros que residían en esa localidad para poder llegar a tiempo y que no me pasaran la media falta. De contra turno hacía talleres interesantes como cinematografía, fotografía y educación física. Me quedaba todo el día sufriendo el frío mortal del invierno y el caluroso final de año hasta mi graduación.

Fragmento “Unlock” – Salomé Sánchez Soto de Cárdenas-
V Concurso Anual Internacional de Artes Plásticas “Crepúsculo”

El espíritu de sacrificio y lucha lo heredé de mis padres. De papá recibí el respeto por el otro, la honestidad, la simpleza y la facilidad de palabra. Mamá me transmitió los valores que se necesitan para ser una persona de bien. Y de ella tengo mucho por contar: Maestra de campo, de aquellas que iban a la escuela a caballo, de esas viejas docentes que dejaban el alma en la tarea de enseñar. ¡Vaya si no es un claro ejemplo a seguir! Recorría con frío y calor los 5 Km. que separaban su casa, el establecimiento “Las Lagunas” con la Escuela Nº 10 del Paraje Monasterio, en aquellos años Partido de Chascomús (hoy Partido de Lezama). Un edificio bastante moderno para la época cobijaba a los pocos alumnos. La escuelita tenía un pasillo central para actos, uno de clases, la cocina y los sanitarios. La rutina diaria comenzaba con el desayuno: café con leche o mate cocido y galleta con dulce (lo que daba el presupuesto). La maestra de campo no tenía un alumnado homogéneo. Preparaba una actividad y la adaptada a todas las edades (de acuerdo a su nivel de complejidad). En aquellos años, convivían en un mismo salón alumnos de la modalidad 1º a 7º grado y en algún que otro año hasta tenía pequeños de nivel inicial. ¿Podemos imaginar el escenario? Chicos sanos, tranquilos, con un espíritu heredado de trabajo y sacrificio por parte de sus padres jugando en los recreos saltando la soga, la payana o las escondidas. Hoy la maestra de campo ya no va a caballo. Podemos verla día a día trasladando a sus alumnos en su propio vehículo jugando el rol de: madre, docente, enfermera, consejera y niña de acuerdo a lo que sucede en su aula cada día. Esa calidez humana inconfundible.
Educar es una tarea de todos y un deber como padres. Acceder al conocimiento sin mezquindades evitará que las personas seamos presa fácil de los demagogos. Por eso la importancia de educar individuos autorreflexivos cuya toma de conciencia les permita cambiar su realidad, para en conjunto poder cambiar la realidad nacional. Educar para la libertad es de algún modo educar para transformar. Individuos críticos y reflexivos pueden movilizar al mundo. Individuos alienados, objeto de las decisiones políticas de los gobiernos de turno forman parte de un país del fracaso y la desilusión. Como padres debemos forjar esa necesidad de cambio, fomentar la crítica para mejorar.
La problemática social -evidenciada en la indiferencia, la inseguridad, la falta de líderes positivos, el vacío de ideas, la desigualdad- requiere de una urgente transformación. La educación puede convertirse en la solución ya que el encuentro de las ideas constructivas, el lugar donde se debate y se acuerda, donde se aprende a “ser”, donde nos encontramos con el otro propiciando la igualdad aún en la diferencia facilita el cambio social. Porque si todos somos iguales, si todos sin distinción tenemos acceso a los mismos bienes culturales, podemos construir un mundo mejor. ¡Cuánto optimismo! ¿No? Tengo la firme convicción que la educación es el arquetipo de lo que somos.
La educación nos ilumina más allá del concepto racional que lo invoca. Ya el pensador Jean-Jacques Rousseau manifestaba de manera contundente “que el hombre es bueno por naturaleza pero que está sometido a la influencia corrupta de la sociedad”. Rousseau afirmaba que la sociedad no alcanzaba el bien común debido a la desigualdad. Más de un centenar de años nos separa de aquellos preceptos proféticos que hoy se manifiestan tan reales y cercanos a nosotros. La igualdad debería estar marcada a fuego como la libertad.
Y si, quiero que mis hijos y los hijos de todos puedan vivir en una sociedad más justa, equitativa, con valores, donde cada uno importe, donde cada persona sea imprescindible para los demás. Me niego a la cosificación de las personas, a que sólo ocupen el lugar en una planilla de estadísticas, simulando un país de analfabetismo cero que no existe. Me niego a que la educación sea un reducto de desechables, el lugar de los sin lugar. No quiero una educación para el facilismo sino una que nos abra la mente para pensar aún en la diversidad. Quisiera que le dieran el lugar que se merece, que sea construcción, libertad, que la enseñanza y el aprendizaje sea mutuo, que los intereses se entrecrucen, sin violencia, sin violentados ni violentadores.
Si, quisiera una educación renovada que permita vincularnos en paz. Que los docentes puedan dar clase, que los alumnos que quieran aprender lo puedan hacer sin limitaciones. ¿No es mucho pedir o si? Me excede el deseo de dejar a mis hijas una herencia valuable, no en un bien pecuniario. Elijo construir desde el ahora un nicho de ideas y de valores. Elijo desde el vamos la cultura que recibo de mis antepasados, el trabajo, la honestidad, la preservación de la amistad por sobre todo egoísmo individualista que se imponga de moda. Sin lugar a dudas, mi mejor legado es propiciarles educación.