Editorial n.13 pecado

By 26 noviembre, 2014n.13 - pecado

Ricardo René Cadenas

Imaginemos esta situación: un empresario sale de su casa, omite besar a su esposa, cruza un semáforo en rojo. Suena su celular y lo atiende; un policía lo detiene, y él lo coimea para evitar la multa. Caminando por una esquina ve a un ciego que necesita cruzar la calle, y lo evade: está apurado. Ya en su oficina, su secretaria le dice que lo llamó Ana (su amante); él contesta despreocupado: «Bueno, comunicame con ella». Y este hombre ni siquiera advierte cuántas faltas ha cometido durante el día…
Parecería que las diferencias de percepción entre el bien y el mal en ocasiones son subjetivas. Cada individuo, de acuerdo con sus circunstancias, evalúa en forma diferente sus propias faltas; las compara con las de otros y se convence de no haber cometido ninguna transgresión. Ante estas disquisiciones individuales, podríamos afirmar que el más capacitado, mejor educado y con más oportunidades tiene menos derecho a cometer faltas; y ante el mismo pecado, debería ser castigado con mayor severidad.
El pecado es la transgresión voluntaria de preceptos religiosos. Todo lo que se aparta de lo recto y justo, o que falta a lo que es debido. O también, el exceso o defecto en cualquier línea.
Como el hombre es un ente social y cultural, el concepto de pecado se modifica con las épocas y las diferentes culturas. En el medioevo, la adivinación o la magia eran castigados como pecados; hoy, cualquiera hace un horóscopo. Hace menos de un siglo, en Alemania, la homosexualidad no sólo era considerada pecado, sino severamente castigada por la ley. Para algunas culturas, el incesto o la poligamia son prácticas normales: no son pecados.
Toda falta conlleva un castigo; el caso del pecado no es excepción. Deseo, tentación, pecado, confesión y perdón forman un círculo continuo. Este mecanismo tiene su sentido, pues le da oportunidad al transgresor de ser perdonado y ejercer un cambio en su comportamiento. Como todo sistema, con el tiempo fue desvirtuado por el hombre, lo que llevó al Papa Clemente XIV a quejarse:La mayoría de los pecadores pasan su vida ofendiendo a Dios y confesándose.
Los pecados han sido clasificados por la Iglesia: de acuerdo con su gravedad, tenemos el pecado original (cuya culpa es de terceros y se disipa con el bautismo), venial (falta leve que no afecta en gran medida nuestra relación con Dios), mortal (pecado que nos hace perder la gracia de Dios). Se estableció también un sistema de penitencia temporal para
la expiación de los pecados. De esta manera se provee un andamiaje de normas; se le da al devoto, en caso de desobediencia, un castigo acorde a la falta. En la práctica, debemos asumir la falta con responsabilidad y aceptar el castigo como una oportunidad que nos permita la reparación para con el prójimo y la corrección de acciones futuras (no tropezar dos veces con la misma piedra).
Los siete pecados capitales son apetitos desordenados, fuente o principio de otros pecados: ira, pereza, lujuria, gula, avaricia, soberbia y envidia. En la sociedad de hoy tienen poca oportunidad: a la gula se la combate con la cirugía bariátrica; a la ira, con un Lexotanil; a la pereza, con un buen despertador; y la lujuria está adormecida con tanto estímulo, con tanta oferta de porno shop y página web.
En la literatura universal, pocos autores tratan sobre el pecado de manera tan notable como Dante Alighieri. Influenciado por la filosofía griega y por el poeta latino Virgilio, en el «Infierno» de la Divina Comedia, Dante clasifica el pecado en tres grandes grupos: de incontinencia (ligados a la sensualidad y la emoción); pecados violentos (relativos al déficit de la voluntad); y de fraude o malicia (pecados del intelecto). Se resaltan aquí las tres facultades del alma según Platón (sensibilidad, voluntad e inteligencia), y los pecados son considerados como perversiones de alguna de estas facultades.
Dante pone en cada círculo del Infierno a un tipo de pecador. El primero es el limbo, donde están las almas víctimas del pecado original; en el segundo, las lujuriosas; en el tercero están los soberbios y envidiosos; en el cuarto, los avaros y los derrochones; en el quinto y sexto, los herejes y los orgullosos; en el séptimo, los violentos. Pero al octavo lo divide en diez fosas, destinadas a los fraudulentos de diversos tipos (corruptos, consejeros, cortesanos, charlatanes, etc.), y por fin el noveno círculo lo reserva a los traidores.
Podemos apreciar que los pecados del intelecto —los de los últimos círculos— continúan hoy con más vigencia que nunca. Y qué decir de los nuevos pecados capitales exacerbados por la sociedad moderna: la intolerancia, la incomprensión, la mezquindad, la cobardía, la omisión, la desconfianza, la indiferencia, el autoritarismo, el desprecio, el egoísmo…
Cuando Adán y Eva deciden desobedecer a Dios, involucran a toda su descendencia en ese pecado original. Pero, junto con el castigo, Dios le otorga el libre albedrío: la capacidad individual de elegir entre el bien y el mal, la facultad de decidir de acuerdo con su raciocinio y su voluntad. La obligación de no sólo ser libres, sino responsables por lo actuado.

-Pecados contra la Humanidad- de Luis Sei Fong 
Ganador 1er Premio – cat. Pecado
I Concurso Internacional de Artes Plásticas Crepúsculo