Editorial n.12 Poder

By 27 noviembre, 2014n.12 - poder

Ricardo  René Cadenas

Desde el comienzo de los tiempos, quienes se conducen en la vida de acuerdo con el dogma de alguna religión se someten al poder divino. La Iglesia católica creó el concepto de comunidad pastoral: a través de este principio se ocupa de todos sus fieles, y lo hace en forma individual, usando como herramientas la confesión y los sacramentos durante toda la existencia del hombre para brindarle su salvación celestial. De aquí, Michel Foucault extrae la figura de «poder pastoral» y hace referencia a cómo el Estado incorpora esta forma de poder creada por la institución cristiana. Así, el Estado crea una matriz que procura la salvación terrenal del individuo, delegando en sus instituciones las labores pastorales, las cuales son ejecutadas por sus funcionarios (maestros, policías, médicos, etcétera). De esta manera la sociedad es movilizada para asumir las tareas pastorales. Cuando estas relaciones de poder se ejercen en un medio sano, son sinérgicas y no compiten entre sí. Es responsabilidad de quienes conducen el Estado (es decir, del gobierno de turno) mantener la salud de estas relaciones.

Porque también resulta frecuente que algunas enfermedades del poder contaminen las relaciones. Si se utilizan la manipulación y la mentira para perpetuarse en el poder, la relación puede terminar en forma abrupta o violenta. Recordemos que las relaciones de poder se dan entre hombres libres: la relación con un esclavo encadenado es opresión. El poder de facto en todas sus formas es sometimiento, pues la relación no es aceptada por una de las partes, y por esta causa tenderá a desaparecer.

En el mundo de la política se suele hablar de poder formal -facultad delegada por el pueblo al gobernante- y poder informal (monje negro), logrado por relaciones entre algunos individuos. En ocasiones, esta clase de poder supera al formal. El pensador irlandés Edmund Burke acuñó la expresión «cuarto poder»: encolumnada detrás de los tres poderes formales de la política, está la prensa. Las peleas entre gobiernos y prensa son históricas. El juego entre libertad y censura depende de un delicado equilibrio. Es habitual que los poderes políticos traten de amordazar al periodismo. El primer síntoma de enfermedad de un gobierno es la persecución y censura de los medios de comunicación. Y, aunque saben que eso los debilita, a menudo los gobernantes suelen recorrer ese camino.

Está claro que para ejercer algún tipo de poder debe haber un sujeto que tenga la capacidad de ejercerlo y otro que reciba los efectos. En cualquier caso, siempre se trata de relaciones previamente convenidas. Las herramientas del poder son muy variables: desde las primarias, como la fuerza (contienda entre dos luchadores), a las más complejas, como la palabra. Michel Foucault también rescata la interacción íntima entre el poder y el saber. Los individuos instruidos tienen la capacidad de ejercer influencia sobre los carecientes, y eso conlleva la obligación de ejercer en forma responsable el poder que les compete. Deben utilizar esta relación para hacer crecer a su prójimo y bajo ningún concepto tratar de so-meterlo. El poder de enseñar es propio del maestro; el alumno lo asume. Cuando aprende todo lo que es necesario, la relación se acaba y el docente pierde el poder sobre ese individuo en particular.

El hombre siempre ejerció poder sobre otros mediante la palabra. En un comienzo, con la oratoria. Luego, la escritura influyó profundamente en el curso de la historia humana. Al decir de Alberto Manguel, la literatura permite redefinir el universo y rebelarse contra sus injusticias. Por ejemplo, Erasmo de Rótterdam, en una época de oscurantismo, puede hablar a través de la locura y decir cosas por las que hubiese ido a la hoguera de haberlas expresado en forma directa. Y si hablamos sobre el poder, no podemos dejar de mencionar a Franz Kafka, quien en todas sus obras plantea las irracionales relaciones entre sus personajes y el sistema.

En definitiva, los vínculos de poder entre dos partes se dan en todos los niveles de la sociedad: hombre-mujer; padres-hijos; gobernantes-pueblo; agencias de recaudación-ciudadanos que pagan impuestos; médico-paciente; jefe-empleados… Una sociedad sin estas relaciones de poder no podría existir, o por lo menos, no podría llamarse sociedad.

Cada una de esas luchas trata de reafirmar derechos y libertades. Y, si esos vínculos fallan, se desencadenan la tiranía y la explotación. El poder del sexo/ la impotencia; el poder de la fuerza/el sometimiento; el poder del dinero/ la corrupción; el poder absoluto/ la dominación. Podríamos continuar una serie interminable de desvíos inherentes a las diferentes formas de poder.

Lo importante en las relaciones de poder es el equilibrio. Una armonía que no se da sólo por la fundación de normas que lo moderen, sino también por la ética de los individuos que componen las diferentes sociedades.

-Allá Vamos- de Adrían Richezza / Ganador 1er Premio – cat. Poder
Primer Concurso Internacional de Artes Plásticas Crepúsculo