La suerte casi siempre se simboliza con frases a las que el acervo popular ha hecho famosas. Cuando viene una temporada a favor o en contra de nuestros planes, estamos de buena o mala racha; si deseamos que se acabe, decimos que la tercera es la vencida; si queremos que siga afirmamos: «no hay dos sin tres». En cambio si ya estamos derrotados o resignados con nuestra mala suerte, es común sentirse «meado por los perros», y en caso de que la cosa sea muy peliaguda, «meado por los elefantes».

Los golpes de suerte que te salvan la vida son raros de encontrar, aunque hay individuos o familias que tienen confianza en salir del pozo sólo a través del Gordo de Navidad, ganar la triple en los burros, el Prode, o hacer saltar la banca en la ruleta. Pasan toda su vida con ese pensamiento, creyendo en una salida mágica que los transforme enganadores.

Hay días que comienzan mal: cuando vas a subir al auto y te encontrás con una goma pinchada, te dirigís hacia la casa y entonces te pega en el traje una cagada de paloma tan grande que te salpica la cara y se te cae el celular y se parte en dos… Es cuando considerás que ya es tiempo de decir: «Hoy no me tendría que haber levantado», o «Comencé con el pie izquierdo». De todas maneras, la única solución es cambiar el neumático, ponerte otro traje, llevar la goma a la gomería, el traje a la tintorería, ir a la oficina de teléfonos, pagar uno nuevo y tratar de seguir con la rutina. Después de que terminaste con toda esta tarea, justo al salir de esa oficina, tu zapato recién estrenado se mete de lleno en una blanda caca de perro suculenta… y, «con inusitado optimismo», pensarás que pisar mierda trae buena suerte.

Cuando por la noche, en una mesa bien servida, se te cae una copa de vino, te sentís un torpe -además de sonrojarte cuando te mira la mina que te gusta-. Pero no te hagas problema, porque siempre hay alrededor una vieja que salta de la silla para tocar el mantel encharcado por el vino y luego te moja la frente al grito de «¡Alegría, alegría…!»

Si te pasó todo esto en un día, no tengas dudas: son un auténtico jettatore (o si preferís, yettatore), palabra lunfarda que se aplica a las personas que siempre influyen maléficamente consigo o para con los demás, ya sea a nivel consciente o inconsciente. Uno que era verdaderamente yeta fue Fúlmine, famoso personaje creado por el genial Guillermo Divito, interpretado en el cine por otro grande, Pepe Arias. En la película, Fúlmine (quien, pese a su mala fortuna, era un buen tipo) creyó que su suerte había cambiado cuando consiguió un empleo en una carpintería. Al preguntar a su empleador cuál era el trabajo que debía hacer, este le dijo que sólo tenía que pasearse por el establecimiento y esperar a que se incendiase; es decir: debía aplicar su mufa sin hacer ningún esfuerzo…

Hay muchas maneras de conjurar la yeta. Esquivar al gato negro, tratar de evitar al mala onda cruzando de vereda, rodear una escalera (nunca pasarla por abajo), hacer los cuernitos con los dedos con la mano en la espalda como Mostaza Merlo o tocar madera sin patas ante la presencia de don Lucas (el Jettatore de la obra teatral creada por Gregorio de Laferrere). Plantar una ruda macho a la entrada de la casa o usar una eficaz pata de conejo. Apoyar siempre primero el pie derecho al salir de la cama. No conducir un coche verde. No casarse en marzo. Además, si es martes, no te cases ni te embarques. Y ni hablar del 13, ese es el símbolo de la desgracia por excelencia: hay que evitarlo en todas sus formas, por inocentes que parezcan, pues el 13 siempre esconde algo. En un edificio u hotel no debe existir el piso 13, las chapas de los autos terminadas en 13 deberían estar prohibidas por ley… Además hay personajes que no puedo nombrar, que todos conocemos: algún presidente, actor, deportista, y algunos conocidos personales a quienes no queremos ni recordar.

Y, aunque lo parezca, los hechos o personas que pueden cambiar nuestro futuro no dependen en general de un golpe de suerte: más bien corresponden a una secuencia de acciones inteligentes, volitivas y emocionales destinadas a lograr un objetivo.

Tengamos en cuenta que es probable que la suerte no exista, que los efectos metafísicos de la pata de conejo pueden no ser eficaces, que da lo mismo apoyar el pie izquierdo o el derecho al comenzar el día, y que el 13 es nada más que una docena más uno. Y sobre todo empecemos a pensar que «tener mala suerte» es a menudo la excusa perfecta para justificar nuestro fracaso. Y que además decir: «Qué buena estrella tiene aquel tipo» sirve para explicar el éxito de una persona que, simplemente, es constante y laboriosa en su cotidianidad.

Ricardo René Cadenas


-El destino está echado- de Brian Tortora 
Ganador 1er Premio – cat. Suerte
Primer Concurso Internacional de Artes Plásticas Crepúsculo