Por Norberto Andrés Borzi

De niño esperaba los días de lluvia porque era cuando mi mamá sacaba el cajón de las fotos y podíamos ver una y mil veces las mismas imágenes que nos mostraban el pasado de nuestra familia. A los abuelos jóvenes, a mis padres de niños, y los paisajes urbanos que con los años fueron cambiando.
Cómo se iban a imaginar los pioneros de la fotografía, que este invento con el que ellos comenzaban a experimentar, se convertiría en un importante elemento de información y expresión en los, hasta ahora, dos siglos siguientes.
La fotografía se inventa en 1839.
Ese mismo año Auguste Comte comenzaba a escribir sobre la nueva ciencia de la Sociología.
Según los sociólogos  Jesús M. de Miguel y Omar G Ponce de León. “La visión del mundo a través de la lente es iniciada por el nuevo espíritu positivo de la Sociología. Fotografía y Sociología son, entonces, dos disciplinas hermanas, francesas por nacimiento, relacionadas desde sus inicios”.
Para estos sociólogos la fotografía es una herramienta de análisis social. El instante fotografiado permite ser visto, revisto e interpretado. Pero además es un acto social dado que se fotografían todos los ritos, nuestros ritos, tales como nacimientos, bautismos, comuniones, bodas y viajes.
Es al menos parte de un rito social tanto como una defensa contra la ansiedad. Sacamos fotos cuando viajamos no sólo para registrar el momento, sino para sentir que estamos trabajando, que estamos haciendo algo.
La cámara nos otorga cierto poder; apuntamos y disparamos pero no matamos, simplemente nos apropiamos.
Por otra parte según dicen los autores Gloria Jaramillo Gómez y Andrés F. Álvarez Marín en Sociología de la fotografía. “La fotografía, que puede ser interpretada como elemento de conocimiento y como obra de arte con frecuencia, a la vez que información y arte, es un instrumento de comunicación sujeto a muchos avatares y a toda clase de manipulaciones. La historia de la fotografía no puede ser únicamente la historia de una técnica”
Uno de las fuertes razones para estudiar la realidad social por medio de la fotografía, es que ésta entra por los ojos. La memoria es más fotográfica que en forma de video, ya que se recuerda momentos estáticos mas no procesos.
Para la Antropóloga Eva Martín Nieto. “El valor más clásico de una fotografía, de cualquier fotografía, el más aparentemente real y mayormente reconocido por una tradición que se remonta a los orígenes mismos del arte fotográfico, es, y tristemente, ha sido, el valor documental”.
Dice, también que con la invención de la fotografía el hombre tuvo por primera vez la sensación de ver el mundo como Realmente era. Esta analogía entre imagen y objetividad se traduce en una inexacta interpretación del valor, esta vez real, de la fotografía. Y así lo explica.
“El engaño al que se ve sometido el ojo que examina una fotografía que muestra parte de una realidad social hace que la mayoría de las veces tal muestra se confunda con la vida misma que se enseña. Pero hace ya tiempo que tanto los historiadores de arte como otros estudiosos de la fotografía, como vehículo expresivo, han distinguido entre aquello que una fotografía muestra como producto de una cultura y la particular visión/mirada del fotógrafo/a, centrándose en el valor de la fotografía como forma de acercarnos a contextos culturales distintos, ya sean éstos pasados o presentes, más que fijando su atención en la fotografía como texto”.
“La fotografía es, por supuesto, una estrategia manipuladora. La fotografía no puede ser veraz porque una cámara no registra una realidad preexistente ni independiente (…) La gente usa las cámaras para crear imágenes que, a su vez, crean y evocan una realidad que es tanto pasada como presente. Las cámaras son usadas y manipuladas de esta forma por aquellos que se encuentran a ambos lados del visor: no solamente el fotógrafo manipula la imagen que toma, los «sujetos» fotografiados pueden también manipular y organizar la manera en que son fotografiados, pueden hacer esto teniendo fines personales o políticos en mente”.
“Tal flujo de relaciones, no unívocas, provocan una miríada de interconexiones que interactúan influyéndose mutuamente en el mágico y decisivo momento de la toma para capturar lo que Cartier-Bresson (2003) denominaba el «instante decisivo»; de forma que la imagen final, la fotografía que yace entre las manos de cualquier observador anónimo, es fruto y resultado de tal cúmulo de intereses y circunstancias”.
Caemos en la cuenta, entonces, de que para la antropología los fotógrafos mostramos la realidad que conviene a nuestra ideología. Cuando en realidad lo que hacemos es aislar una parte de esa realidad la que, a nuestro criterio, es más importante mostrar.
Por supuesto que estamos buscando todo el tiempo el mejor ángulo pero también es cierto que tenemos una fracción de segundo para decidir cual es la toma.
No podemos detener la acción para ponernos a pensar si abrimos o cerramos el encuadre.
Si el fotógrafo cubano “Kordá” hubiera tenido la oportunidad de hacer algo así la icónica imagen del Che no hubiera salido fuera de foco, pero con toda seguridad se habría perdido la dureza de esa mirada.
Veamos ahora que nos dice la Sicóloga Cristina Pereira y Nazaret Rueda en su artículo Psicología en el Mundo de la Fotografía y la Publicidad.
Una imagen vale más que mil palabras
“Con esta frase tan sonada empezamos un nuevo artículo. Como ya sabemos son muchos los factores del entorno que transmiten emociones y cambian nuestro comportamiento y ni siquiera nos damos cuenta de ellos. Como puede ser ver un maletín, en lugar de una mochila encima de una mesa, este hecho hace que las personas se comporten de una manera más competitiva y sean más educadas y serias, en cambio si ven una mochila serán más joviales. Una imagen donde se muestra una muñeca aumenta las probabilidades de que haya niños pequeños por lo que nuestra actitud podría ser más cariñosa y fraternal”.
Le digo al lector que llegó hasta este punto sin aburrirse y aún continúa leyendo, que podríamos seguir transcribiendo que opina la Semiología, la Etnografía y otras disciplinas de la ciencia. Pero ninguna disquisición científica podrá nunca explicar qué se siente en el momento preciso de la toma.
Porque es cierto que el fotógrafo puede armar una toma publicitaria y puede, también, decirle a cada sujeto que hacer o como posar o simplemente dejarlos actuar a su gusto. Pero presentir el momento, para efectuar el “disparo”, en que cada uno va a ejecutar el gesto único, ese que unifica la imagen y le da el valor de documento, tal vez no tenga una explicación racional.
Según mi opinión, no existen fotógrafos buenos o malos, sólo hay fotógrafos con diferentes miradas y esto únicamente los/nos diferencia. Hablo entonces de quienes asumen la fotografía como un medio de trabajo o expresión, como sea han debido adquirir algún conocimiento respecto del uso de la cámara, de medición de la luz, diafragma y velocidad y de que lente o distancia focal usar para cada toma, si hablamos de fotografía analógica que película usar, si blanco y negro o color y después que sensibilidad de esta preferimos. Muy pocos fotógrafos pueden ser considerados maestros en este arte
En cualquier caso, digital o con rollo, tenemos varias opciones. Analizaremos sólo dos. Podemos poner la cámara en modo automático, en ese caso la computadora de la cámara, efectuará las mediciones de luz y regulará los parámetros para la toma.
Siempre pensé que en este caso la máquina tiene vida propia y saca la foto que le da las ganas.
Pero tenemos la posibilidad de ponerla en modo manual, ahí es el fotógrafo quien hace la medición de luz y regula los parámetros para la toma y lo hace de este modo porque él sabe qué foto quiere sacar. Únicamente él, de acuerdo a sus conocimientos, sabe cual será el resultado final de la toma.
Hoy en día, se toman millones de fotos por minuto en todo el mundo y esto está bien. Debido a la tecnología podemos sacar fotos con nuestros teléfonos, tablets, notbook, netbook, ipods y seguramente algún otro artilugio que no sabemos, los dispositivos electrónicos propician la toma de imágenes con mayor rapidez y también la acumulación de estas fotografías, a veces perdiéndose la búsqueda estética o visual que siempre identificó al arte de la fotografía. Aunque las nuevas tecnologías también han contribuido a nuevas formas de expresión que son novedosas y siempre bienvenidas.
Sería difícil enumerar la cantidad de fotógrafos que han dedicado su vida y en muchos casos la han dejado en esta profesión.
La fotografía mostró por primera vez los muertos en la guerra, fue Timothy O’Sullivan quien con su foto “Cosecha de Muerte” tomada el 4 de julio de 1863 en la batalla de Gettisburg mostró al mundo los muertos en la guerra de secesión.
En ese entonces se preparaba el negativo y se efectuaba la toma y el revelado en el mismo momento, téngase en cuenta las dificultades que esto conllevaba. Hasta ese momento, a los muertos, sólo se los contabilizaba. A partir de esa imagen se los pudo ver y tomar conciencia de los horrores de la guerra.
“Una imagen vale más que mil palabras”, menos mal (digo yo). Esta frase no sólo da trabajo a mucha gente sino que nos evita leer miles de palabras, que podrían dañar nuestras neuronas. Esto no no quiere decir que leer sea perjudicial, lo que es dañino es la forma y el sentido de la escritura que, muchas veces, uno lee.
Lo dicho sólo nos plantea que debemos seguir haciendo fotos de todo cuanto nos llama la atención. Sepamos o no hagámoslo porque con esa acción detenemos un momento de la historia, de la nuestra, de nuestro entorno, de lo que en el mundo ocurre.
De niño esperaba los días de lluvia porque mi mamá sacaba el cajón de las fotos y podíamos ver una y mil veces las mismas fotos que nos mostraban el pasado de nuestra familia a los abuelos jóvenes a mis padres de niños y los paisajes urbanos que con los años fueron cambiando.

Saberes de Eva María Pereda Rosales
Mención de Honor V Concurso Anual Internacional de Artes Plásticas “Crepúsculo”