Cruel como guiso de lentejas con estofado y naranja de postre

mención de honor II Concurso Anual Internacional de Relatos Crepúsculo

de Cristina Merelli

-No tiene fundamento, esto no tienen ningún fundamento – fue todo lo que dijo y no abrió la boca en toda la noche.
-Ajá-dijo mi abuelo-no tienen fundamento.
La abuela en cambio iba de acá para allá, dejaba un plato sobre la mesa, lo agarraba otra vez y lo llevaba al aparador y de ahí otra vez a la mesa y de ahí al aparador…de vez en cuando pasaba por al lado de la mesada, la miraba, se ve que con intención de dejar el plato, pero no… seguía, mesa-aparador-mesa.
Filita no había dicho que no iba a hablar en toda la noche, no lo dijo en vos alta, pero se ve que para ella sí, porque de haber hablad, ya iba a dejar a la abuela ir y venir ir y venir como una loca, como si no pudiera desprenderse el plato de la mano, como si hubiese quedado emplatada.
El abuelo de vez en cuando levantaba una ceja, y la mirada, se había cruzado los brazos, la cabeza un poco hacia el pecho, un poco, porque como siempre tiene que tener el control de Tololo que pasa, no apoya la cabeza en el pecho…ni se apoya en el respaldo de una silla, ni en nada…está siempre alerta mi abuelo.
Yo me quedé un rato mirándolos, estaba en un rincón, siempre me siento en un rincón cuando voy a esa casa. Mis papás me dicen: “no es esa casa, es la casa de los abuelos” para mí es esa casa… cuando me acuesto me pongo a la orillita de la cama para poder hacer pesa, porque la pieza está ladeada y yo camino de costado. Por eso me siento en el rincón, estoy al lado de la puerta para irme rápido.
Mis papás deben pensar que estoy loco, los ví como se miran cuando me ven caminando ladeado. Hasta me llevaron al oculista, pero él les dijo que no, que mi vista está derecha.
Y además cuando estoy en otro lado camino bien, sólo cuando llego a esa casa.
Yo no sé para qué me dejan los fines de semana, a lo mejor creen que dejándome mas tiempo me va a aumentar el amor, como el pan con levadura…
Me dan un beso en el patio y a veces ni en el patio, ahí, me hacen bajar del auto: “Andá…andá…con los abuelos”
Pero ellos no se bajan y mis abuelos tampoco salen a recibirme, cuando ven el auto, abren un poquito la puerta, mi abuela, porque ni mi abuelo ni Filita se asoman, y con la mano nomás mi abuela saluda a mis papás que se van echando polvareda.
Antes miraba para atrás, a lo mejor se arrepentían de dejarme y veía el auto marcha atrás a toda velocidad, pero ya no me doy vuelta.
Y yo en cuanto bajo del auto me ladeo, antes lo hacía con ganas, a propósito, pero después de u tiempo se me hacía solito el ladeo, por ahí yo intentaba enderezarme, pero la que se ladeaba era la casa, entonces preferí ser yo el ladeado.
La abuela no se había dado cuenta, y el abuelo y Filita, menos, hasta que un día mi mamá que llegó hasta el patio le preguntó un poco casi enojada: – Mami no te fijaste que este chico camina de costado-
-No-dijo mi abuela.
-¿Cómo lo notaste?, llega a esta casa y se inclina.
-No- volvió a repetir mi abuela mientras se espantaba una mosca con un repasador.
No sé para qué quería que mi abuela notara que yo caminaba ladeado, mas importante era que notara que yo había nacido…al principio mucho cuchi cuchi de acá, cuchi cuchi de allá, pero con el tiempo a mis dos abuelos les agarró el silencio de Filita… a mis padres también les agarró el silencio de Filita.
Filita era una cosa, si no hubiera sido porque hacia ruido cuando tomaba la sopa, podía haber pasado tranquilamente por debajo de la puerta como una sombra.
Era la hermana de mi mamá, la hermana alta. Yo no tenía hermanos, podía haber sido criado como hijo único nieto único sobrino único, pero me criaron como una familia que no pudo tener hijos, como un error.
Nadie se dio cuenta de que la silla de mimbre alta de comer me estaba quedando chica. Y eso que el abuelo tenía ojos y cogote de búho.
No tiene fundamento, esto no tiene fundamento- fueron las últimas palabras de Filita esa noche, esa noche y para siempre porque al otro día la encontré colgada de los tirantes del cuarto.
En el desayuno no apareció, cerca del mediodía tampoco. Los abuelos tal cual, como si nunca Filita apareciera en el desayuno, como si nunca apareciera al mediodía…ella que se levantaba antes que todos y que barría los patios antes y después del desayuno, con una tranquilidad…metía la punta de la escoba en cada pocito, en cada rayita de la tierra.
Era la única que barría el patio, como si se consolara de vivir.
O como cuando se lavaba la cabeza en el patio. A mí me daba frío verla tan limpia. Hasta lustraba la suela de los zapatos, era lo único que hacía antes de irse a dormir, nadie se las iba a ver porque era la primera en levantarse, menos el día que se colgó.
La suela del taco derecho estaba un poquito gastada y calzaba el treinta y siete, era un pie normal…a mi siempre me había parecido que tenia pies de nena.
Yo estuve un rato mirándola antes de avisar que la Filita se había colgado. Nunca había entrado a la pieza, ella la cerraba con llave; a mi me gustaba el ruidito. A veces me levantaba a caminar por el pasillo…me imaginaba que todos se iban a despertar asustados…no, nadie…yo iba y venia haciendo crujir la madera hasta a que me aburría y me volvía a acostar.
Ese día se me dio por agarrar el picaporte, se movió y se abrió la puerta…tendría que haberla dejado con llave así la abríamos con un tronco…La Filita se balanceaba un poquito como una lámpara apagada. Estaba justito sobre la cama. Una cama chica, le quedarían los pies afuera o dormiría enroscada. Una mesa de luz, abrí el cajón, había una bolitas, una llave y otras cosas que me metí en el bolsillo, después las tiré al aljibe, cuando los policías dijeron “acá faltan elementos de prueba”, en el ropero había polleras iguales, blusas iguales, zapatos iguales y olor a…caballo sudado.
Desde abajo le miré las piernas, usaba dos polleras como del tiempo del ñaupa, media marrones, como no podía mirar hasta arriba, me subí a la cama-los policías se dieron cuenta de que yo me había subido-les dije que había querido bajarla para ver si vivía.
Me hicieron una caricia en la cabeza y sonrieron, Las medias le llegaban hasta la rodilla y mas arriba, las piernas flacas, tenía una bombacha blanca de tela y le salía un olorcito a agua estancada.
Me bajé de la cama y la hamaqué varia veces, la madera del techo también hacía ruido.
Bajé corriendo la escalera gritando ¡Vengan! ¡Vengan!
La abuela estaba lavando los platos, Sin preguntar nada, se sacó el delantal como cuando ve llegar visita. El abuelo siguió sentado en la cabecera de la mesa. La comida de la Fili se había enfriado, y el prohibió mover el plato y quedó ahí para siempre el guiso de lentejas con estofado y la naranja de postre.
Yo me senté en el rincón a esperar y de reojo lo miraba al abuelo, movía la pierna derecho con el pie apoyado sobre el travesañote la mesa que ya estaba gastado de tantos años de estar en la cabecera.
Me dormí sentado y cuando me desperté la abuela estaba barriendo el patio y el abuelo se había puesto una camisa blanca y un pañuelo rojo en el cuello.
Quise subir a mi pieza pero mi abuelo dijo: tu abuela ya sacó las cosas, ahora vas a dormir acá.
-¡En la cocina? – pregunté
No me contestó. Pensé que a la Fili la iban a dejar colgada para siempre.
Llegó la policía y atrás mis papás. Parecía como que todos ya sabían que se iba a colgar. La mujer que vino con la policía y anotaba todo, la sorprendió mas que yo caminara ladead que la muerta.
-Tiene algún problemita en la columna.
-No-dijo mi madre-se hace el tonto.
Como mis abuelos no tenían amigos y la Fili tampoco, la velaron en la pieza de ella. A mi me habían prohibido subir, pero subí igual cuando mi abuelo y mi papá fueron a caminar por el campo y mi mamá y mi abuela pelaban papas en silencio.
La Fili estaba derechita y la pollera se le había subido un poquito, se la bajé hacía frío. Esa noche mi papá se fue y mi mamá se quedó, yo dormí con ella en la cama, pero no en la cocina, dormimos en la pieza que está al lado de mis abuelos.
-qué quiere decir que no tiene fundamento – le pregunté
Ella, mi mamá, me miró.
-Que camines de costado-dijo y apagó la luz.
El guiso de lentejas con estofado y la naranja de postre fueron desapareciendo en el palto…mi mamá mucho tiempo después la quiso arreglar y me dijo que la Filita se había colgado porque le habían prohibido ver al novio…pero ya era tarde, nunca más me enderecé.

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