CORPOREIDAD Y DISCRIMINACIÓN
por Fernanda García

Estaba de vacaciones, en casa descansando podría decirse. Sobretodo descansando de pensar cada mañana qué me pongo, de maquillarme y algunas veces hasta de peinarme. Pero como en pocos días retomaba mis actividades laborales, debía asegurarme de que no me faltara el producto que cubre mi descolorida cabellera para “presentarme” en mi lugar de trabajo de forma “presentable” y no perseguirme con que algún alma bondadosa pudiera pensar: qué dejada, qué desprolija o aún peor, qué poco femenina…Así que me dirigí hacia una perfumería a la que solía ir hasta hace algunos meses y me encontré con algunos cambios. El primero, la puerta cerrada con llave. El segundo y más impactante, los dichos que la muchacha que me estaba cobrando le hizo a su compañera cuando una señora junto a un adolescente golpearon la puerta: “No sé si abrirles…esperá que voy yo y tanteo”. Al escuchar semejante comentario, además de no poder evitar que me atrapara una fuerte sensación de estar en peligro, le pregunté lo que muchos le hubiesen preguntado en esa situación. Me contestó que tuvieron varios robos, pero que lo que más les sorprendía y angustiaba no eran los robos en sí, sino “la buena presencia de los ladrones”.
Esto dificultaba enormemente el poder anticiparse al “peligro”.
De hecho, ese era el peligro, no poder distinguir a partir de una imagen: “Un hombre muy bien vestido, con un maletín, yo pensé, bueh! es un pobre hombre que viene de trabajar…y le abrí. El problema es que es muy difícil discriminar al ladrón y eso nos lleva a discriminar a personas que no tienen nada que ver… es muy feo”, me contaba la vendedora.
Claramente en situaciones como estas juega mucho lo que se ve o se cree ver en el otro, en ese otro que o bien nos transmite confianza y seguridad (gente como uno dirán algunos) o bien nos inspira peligro y amenaza.
Cómo el cuerpo a través de la imagen, de los gestos, de la edad, del género, etc., nos viene a hablar de la persona. Cuántas veces habremos escuchado expresiones del estilo “Vos lo ves y te da miedo pero cuando se pone a hablar, cuando lo conocés un poquito, te das cuenta que es buenísimo”! O por el contrario, lo que me decía la vendedora: parecía un pobre hombre que venía de trabajar… ¡Qué sorpresa que aparezca esa sorpresa ante ciertas personas! ¡Y qué sorpresa que ya no nos sorprenda esa sorpresa…

¿Es obvio y natural que nuestro cuerpo sea nuestra carta de presentación, el más fiel representante de nuestro ser? No pretendo realizar un planteo ontológico ni mucho menos, simplemente pienso en el ser en el sentido más coloquial posible, como por ejemplo y siguiendo nuestro pequeño episodio: “ser ladrón”, o “ser femenina”.
Incluso mejor podríamos hablar en términos de características particulares de la persona en lugar del ser, lo que tal vez nos acercaría más al parece ser: “por su aspecto, parece ser un delincuente”. Ese parece ser, es lo que a lo mejor origina ese margen de duda, la brecha existente entre ¿es o no es un ladrón? “por su aspecto, por su forma de mirar, yo diría que parece”, “No! está de traje y con maletín, es un pobre hombre trabajador, incluyámoslo entonces (a nuestro local) y …Sorpresa!!

Encontré dos autores del campo de la filosofía y de la sociología que si bien hablan en los libros que abordé de temas distintos, permiten realizar una lectura orientada por la misma pregunta. Una pregunta que todavía no logro formular de manera precisa de principio a fin, así que mejor voy a plantearla en términos de inquietud y de ganas de saber algo acerca de… −está de más aclarar que estuve ojeando estos textos antes del suceso de la perfumería; digamos en tal caso que el ejemplo me vino como anillo al dedo para introducir la cuestión− ¿Cómo nos relacionamos con nuestro cuerpo? ¿Qué valor y lugar le damos ante nosotros mismos y ante los demás? ¿Qué es el cuerpo al menos para los que vivimos de este lado del mundo, o sea, el occidental? ¿Cómo juega con relación al ser y a los otros? ¿Por qué discriminamos casi exclusivamente a partir de lo que vemos… en el cuerpo del otro?
Estuve pensando el concepto de discriminación en la vía del par inclusión- exclusión, tomándolo casi como un término operador en el sentido de que será aquello que me permitirá incluir o no a alguien según el caso.

David Le Bretón, [1] uno de los autores que abordé, plantea que en los años ´60 hubo un antes y un después en lo que significa el cuerpo para los occidentales. Incluso establece la cuestión de si el hombre es su cuerpo o si tiene un cuerpo. Para él, a partir de esta época se acentuó cada vez más el tener un cuerpo, (como ejemplo, surgen innumerables terapias y tratamientos dedicados exclusivamente al mismo) a tal punto que el cuerpo pasó a ser un otro del hombre, un alter-ego y al mismo tiempo, lo que marca el límite y la frontera con los otros.
Pareciera que esta situación, esta manera de ver y entender las cosas nos dejara en una suerte de encerrona, de paradoja; porque por un lado, mi cuerpo me es en algún sentido algo ajeno, algo distinto a mí, algo separado de mí con quien yo me tengo que llevar de la mejor manera posible, pero por el otro lado, es lo más propio, lo que me separa de los otros, lo que me identifica, lo que me individualiza. Porque si el cuerpo es lo que hace frontera, por ende podríamos pensar, es lo más propio que tengo.
Si pensamos en el ideal de la eterna juventud y en uno de sus corolarios, me refiero al peso e incomodidad que significa el cuerpo para muchos en la vejez, encontramos esta distancia, esta suerte de diálogo y de relación que establecemos con nuestro propio cuerpo. Entonces lo amamos, lo odiamos, nos lo queremos sacar de encima, lo mejoramos, algunos lo desmejoramos…
Para quién? Para qué?
Acabo de recordar una frase de una canción que canta Serrat:“Me gusta todo de ti, pero tú no”. Es buenísima!!, ahora entiendo por qué siempre me gustó, porque claramente marca una tendencia opuesta a la que vivimos cotidianamente¿Será el cuerpo lo que me facilitará que el otro me incluya?
¿Será el cuerpo lo que desfavorecerá que el otro me incluya?
Si!!!, por supuesto, ya lo sabemos de memoria, es lo natural. Sin embargo, cuando uno lee qué lugar y qué función ocupa el cuerpo en otras culturas como la oriental por ejemplo, nos damos cuenta que no es tan natural sino más bien, que lo hemos naturalizado. Le Bretón propone que el hombre moderno occidental fue separado del cosmos, haciendo referencia a que muchas sociedades no conciben o no han concebido al cuerpo como factor de individuación, por el contrario el cuerpo está unido al mundo y a los otros: “El cuerpo se asimila a un campo de fuerza en resonancia con los procesos vitales que lo rodean… es una parcela inseparable del universo que le proporciona su energía”, nos dice.
Sabemos de esto, las medicinas populares constituyen un ejemplo. Se cura por identificación o analogía. Un elemento vegetal o mineral, ya sea por su forma o color debería sanar por analogía. El que cura con las manos transmite una energía que regenera la zona enferma. Todavía hoy hay muchas concepciones
sociales que incluyen al hombre en el cosmos.
Distinta la medicina basada en las ciencias biológicas –que dicho seas de paso, refuerzan al individualismo, no podría funcionar de otra manera− donde tradicionalmente el hombre tiene un cuerpo; quizás sería más preciso hablar de organismo.

“La discriminación y la incriminación” -Nedy Luis Sei Fong Pintado –
III Concurso Anual Internacional de Artes Plásticas “Crepúsculo”

Fragmento: “Control de calidad” | Martin Alejandro Cabrera/ Concurso de Artes Plásticas Crepúsculo

Tal vez ni lo uno ni lo otro, o los dos al mismo tiempo: ni somos ni tenemos solamente un cuerpo, o somos y al mismo tiempo tenemos un cuerpo.
O también podría ser que frente a nosotros mismos, tenemos un cuerpo; frente a los otros, somos un cuerpo.
El problema es que coexisten al mismo tiempo.
Esta cuestión de ser o tener un cuerpo, estas posibles vacilaciones y vaivenes, no son porque sí, sino que responden a distintos paradigmas históricos en los que el concepto cuerpo adquirió lugares no solamente distintos sino hasta opuestos. Uno de estos paradigmas es el que dio lugar a distintas luchas sociales y hasta revolucionarias.
Para los pensadores de esta corriente el cuerpo y en especial la condición física de las personas, dependen de las condiciones de vida y laborales de las mismas. Podríamos pensar que en este tipo de pensamiento, el concepto cuerpo se acerca más al costado del tener.
En la otra vereda y de forma diametralmente opuesta, se encuentra la concepción que promulga que lo biológico del hombre, su carne, su herencia, sus genes, la sangre que corre por sus venas, son el determinante más importante de su condición social (su inteligencia, su capacidad e intelecto, su moralidad, su grado de peligrosidad) y por ende, va a dictaminar –porque sería lo natural- el lugar en su mundo.
En este contexto y bajo este pensamiento nacen ciencias como la Criminología, en la que se estudia minuciosamente al cuerpo en la búsqueda de signos y patrones que hablen de la criminalidad, de la delincuencia, de la degeneración de las personas. También da sustento científico, siempre desde un enfoque biologicista, a la supuesta inferioridad de algunas razas trazando una causalidad lineal entre: Cuerpo biológico →Raza →Categoría Moral →Lugar en la sociedad →Exclusión/Inclusión. Se es eso que la carne dice ser: judío, negro, villero, negro de mierda…
Naturalizamos las desigualdades sociales, los diferentes tipos de trabajos, gustos y hasta legitimamos las diferencias en el tipo de enfermedades que contraen las personas y en el nivel de“resistencia” hacia algunas de ellas:
“Esos nenes están ya inmunizados a la mugre y al frío…están acostumbrados a andar descalzos”, era una expresión que en alguna época escuché más de una vez.
Ahora podemos escuchar “a esos negros de mierda los tendrían que…” Ni hablar de los menores que andan por ahí con sus gorras blancas y mirándonos desde arriba.
Insisto, el problema, el embrollo, es que coexisten las dos miradas, entonces por un lado decimos pobres pibes, no tuvieron opción, alguien tendría que hacer algo por ellos; y entonces hablamos de corresponsabilidad social, de derechos vulnerados, de vivir en armonía…en comunidad, de incluirlos, de integración… Pero por el otro lado, los queremos los más lejos posible…por las dudas no? A ver si son nomás!

Vivir en comunidad, convivir, lleva en su interior el germen de lo peligroso, el remedio: inmunizarse para conservar la vida a costa justamente de la relación entre los hombres, se sacrifica el “cum” [2], y en ese mismo acto, a los propios hombres. En la modernidad, los individuos son in-dividuos absolutos, separados unos de otros por fronteras que al tiempo que los protegen, los aíslan, y el cuerpo juega un papel fundamental en este asunto. En esta pérdida de lo común, en este aislamiento e inmunización de unos contra los otros en donde el cuerpo opera como factor de individuación, podemos encontrar tal vez nuestra mayor fuerza autodestructiva como raza humana. □

[1] Le Breton, D (2002). La Sociología del Cuerpo. Buenos Aires: Nueva Visión.
[2] Cum: raíz del término comunidad.