Con el auspicio de Fundación Tres Pinos se presenta la muestra “Culturas” de Steve Mc Curry

Desde el 6 de Junio al 19 de Julio,en 220 Cultura Contemporánea,
Costanera esq. Mendoza, Ciudad de Córdoba
La exposición, curada por Virginia Fabri, propone un recorrido de su obra  100 imágenes tomadas entre 1980 y el año 2006. Las imágenes fueron especialmente seleccionadas de su acervo fotográfico para la Argentina. Recorre las distintas regiones del mundo por las que este prestigioso fotógrafo viajó, como el Tibet, la India, Afganistán, Irak, Nepal, Sri Lanka y Japón, entre otras, y muestra distintos aspectos de su diversidad cultural, en imágenes irrepetibles, ya que  muchos de esos lugares sufrieron cambios profundos y no pocas de sus tradiciones han desaparecido.

Steve Mc Curry

UN CRONISTA DE SU TIEMPO

Uno de los rasgos que sobresalen en Steve Mc Curry, uno de los más notables fotógrafos de la actualidad, es su capacidad de registrar en imágenes de gran belleza, aspectos de las distintas culturas que recorre. Esas fotografías no podrían tomarse en la actualidad, ya que en las últimas décadas, esos mismos paisajes y aquellas culturas cambiaron. Algunas de estas imágenes constituyen para él, una “última mirada” a mucho de lo que se toma por identidad cultural en el mundo.
Mc Curry es un viajero incansable. Empujado por una curiosidad insaciable que lo lleva a recorrer los lugares más recónditos del mundo, retrata con cámara entre otros temas que se ven en la exposición: los pescadores de Sri Lanka vestidos en ropas tradicionales, trabajando suspendidos sobre zancos en entornos de gran belleza natural, o una madre con su niño en Bombay, pidiendo limosna a través de  la ventana de un taxi durante el período de los monzones: una imagen conmovedora. Otra fotografía es el bello retrato de Sharbat Gula, la Niña Afgana cuya imagen fue tomada por Mc Curry en el campo de refugiados de Nasir Bagh en Pakistán. Sus penetrantes ojos verdes fueron portada de la revista National Geographic, y su imagen se transformó en un símbolo de fortaleza. Se puede ver también la fotografía de una geisha saliendo de una estación de subte, ésta imagen llena de misterio fusiona de manera única la tradición y la actualidad. El tema de las religiones también está presente: puede ser un peregrino orando en la Academia budista de Larung en el Tibet: una imagen profunda con una colorida composición llena de belleza, o bien un grupo de hombres orando en una mezquita Islámica-Sufi, cuya luz proveniente de las ventanas se refleja con intensidad sobre algunos de ellos.
Un aspecto que acompaña la personalidad de Mc Curry se corresponde con la figura del flaneur, ese arquetípico personaje brillantemente descripto por el crítico de arte y escritor Charles Baudelaire en el siglo XIX: Transformado en una suerte de cronista de su tiempo, Mc Curry, un flaneur en el siglo XXI, se pierde en las ciudades para experimentarlas nutriéndose de sus temas: la multitud, sus lugares, y esos curiosos personajes que la habitan.
Originalmente, el flaneur  de Baudelaire recorría en el siglo XIX la metrópolis parisina en compañía de una tortuga atada a una cuerda para deambular, detenerse o simplemente observar. La tortuga parecía marcarle con el  ritmo de sus pasos un tempo propio. En el caso de Mc Curry, él no solo recorre las ciudades y sus universos culturales con su cámara, sino que además, parece incorporar  la sabiduría ancestral de este animal, que le permite empatizar en forma natural con los ritmos del universo.
Es importante remarcar la cosmogonía de la tortuga en las civilizaciones antiguas. Venerada en tiempos pasados como una mediadora entre el mundo material y el espiritual, su figura aparece prácticamente en todos los cuentos y  leyendas de los pueblos antiguos. Para la mayoría de los países por donde viaja Steve en  Oriente (países como China, Japón, Corea, India o Tibet) y también en América del Norte (de Méjico a Alaska) este animal representaba antiguamente el soporte del mundo y simbolizaba la sabiduría y la longevidad. Los chinos imprimían en su caparazón los signos de la escritura primitiva, con idea de conservar eternamente los escritos; el hecho de tener una tortuga en sus hogares o en los templos budistas, significaba una protección para quienes habitaban en ellos. Mientras que en la India, la tortuga es una de las diez reencarnaciones del dios Vishnu, para los indios de América del Norte en cambio, representa a la Tierra que nutre.
Volviendo a Steve Mc Curry, tiene la cualidad de saber esperar: parece intuir el momento preciso de disparar el obturador. Aguarda el instante donde el fluir constante de la luz baña con su reflejo de colores la escena, dotándola de una extraordinaria belleza. Espera el momento exacto en que el alma de las personas se manifieste para retratarla. Durante horas puede seguir silenciosamente a alguien que le llama la atención, para descubrir luego de retratarla como vive, como piensa, sus costumbres y su historia.
Pero en una instancia superadora de la figura del flaneur, Mc Curry se convierte en mucho más que un espectador: es un hombre moderno.  Con un fin más elevado, este incansable viajero parece detenerse allí donde la pasión detenga su mundo. Sin anular lo real, transforma ese  mundo en imágenes donde lo bello es más que bello, lo natural es más que natural, y lo singular se distingue aún más en sus diferencias.
Distinguiéndose de un arqueólogo, cuyo trabajo consiste en rastrear restos de civilizaciones perdidas, para poder conformar a partir de allí su historia y su identidad, Mc Curry elige en cambio documentar fotográficamente aquellas culturas por las que viaja: lugares y formas que luego podrían transformarse o simplemente desaparecer a causa de las acciones del hombre, su necesidad de adaptarse a los cambios en el tiempo, o simplemente por las fuerza inmanejables de la naturaleza. Con el espíritu de un antropólogo, Mc Curry atraviesa con su lente la esencia de un rostro, las costumbres de un pueblo, sus tradiciones, sus festividades o rituales religiosos, o lo distinto que hay en ellas. Todos estos rasgos conforman la identidad cultural de la que habla Mc Curry, una identidad que combina tanto aspectos heredados a través del tiempo (que se vislumbran en la preservación de las costumbres, lenguajes, valores y hasta en una determinada visión del mundo), como aspectos que se van construyendo a lo largo del mismo y están en continua transformación. Mc Curry sin duda capta en sus imágenes la esencia  de lo bello.
Aún sus fotografías tomadas en zonas de conflicto ascienden a esta categoría, como si Steve Mc Curry comprendiera a la perfección que en el ser humano conviven de manera implícita los distintos matices de la bondad y la maldad, y ambos pueden elevarse a la categoría de sublime.
Recorrer la exposición  “Culturas” de Steve  Mc Curry,  es finalmente  invitar al espectador a convertirse él mismo en un flaneur, permitiéndole perderse en estas imágenes para descubrir en ellas al otro, a si mismo.

Virginia Fabri