Como te digo una cosa, te digo la otra / Diego Muñagorry

Uno de esos días en que uno se dirige hacia su laburo en el atiborrado y semidestartalado micro, entre el hollín que despiden otros caños de escape, y la mugre y el vapor que cubren la ventanilla, uno lo ve. Está y están ahí parados en la vereda, quizás esperando el otro micro, con las miradas perdidas, que dejan entrever cierto desgano y muchas carencias, en las que se adivinan resabios de sueños interrumpidos, y de pesadillas por vivir…

Uno de esos días en que uno se dirige hacia su laburo y aguanta, en la parada, que llegue el atiborrado y semidestartalado micro, entre el hollín que despiden otros caños de escape, y la mugre y el vapor que cubren la ventanilla, uno lo ve. Está y están ahí, sentados y colgados del caño del micro, con las miradas perdidas, que dejan entrever cierto desgano y muchas carencias, en las que se adivinan resabios de sueños interrumpidos, y de pesadillas por vivir…

Son seres que se nos presentan carentes de identidad, que deambulan entre nuestros muchos pares, y que no son otros que los Nadies.
Nadie fue, nadie supo, nadie vive.
Y sí Nadie Vive. A veces a pesar de nosotros mismos y de lo que suele ser para muchos un constante y permanente esfuerzo por correrlo, esconderlo, desconocerlo, negarlo.
Pero ese nadie se resiste a borrarse, existe, está ahí…y en ocasiones molesta. Porque su presencia da cuenta de que algo no está del todo bien, de que lo poco que tenemos de bienes que hacen a nuestra felicidad, se constituyen en barrotes de la culpa sentida ante la miseria del otro. Pero, sobre todo porque uno suele experimentar el hecho de ser un extraño entre otros, a quienes simplemente no les duele lo que le duele a uno, ni siquiera les importa.

Y a partir de que uno ha convivido gran parte de su vida anónima entre los nadies y de que ha experimentado alguna que otra presencia entre los álguienes; de que tiene el oído atento a lo cotidiano, lo que le ha permitido escuchar en silencios de viajes en bondi o en taxis (sobre todo en taxis), en cuchicheos en salas de espera, en indignaciones de colas de banco, de cacatúas con el changuito lleno en el super: en definitiva de haber acumulado un conjunto de palabras, de frases, que van y que vienen, que conforman ideologías y consecuentemente acciones y actitudes, sale esto sobre los nadie y los carecientes.
Es la ferocidad del lenguaje, que da forma a lo que describe, y describe y conforma a quien lo usa. Son los mitos que actúan como barreras de negación. Depositando en el otro todas las causas de su situación, en su pereza, en su miseria, en su apego por lo malo, en la separación de ese del nosotros, aunque cada día sean más los eses.

El espasmo de la realidad se vuelve más fuerte cuando el medio nos muestra a esos (sobre todo a los viejos y a los chicos) que revuelven entre la basura del vertedero donde fue a parar la que tiramos. Pero es sólo eso, un espasmo, un momento, un minuto.
Y luego otra noticia, y después otra, y otra, y olvido…y risas en la tele y en la casa, y ya está…ya nadie revuelve basura, ya nadie come basura, ya nadie duerme con frío, ya nadie siente el goteo del rocío en la chapa…nadie sí, yo no.

Y son los nadies quienes Carecen de importancia, hasta que de súbito la cobran. Ya sea porque se acercan prepotentes a limpiar un parabrisas, ya sea porque revuelven la basura que prolijamente fue depositada primero en una bolsita y luego pulcramente en el canasto de la vereda, ya sea porque su carro –con caballo o sin él- o su bicicleta con canasto impiden el paso, ya sea porque me tapan el sol.

Carecen de reconocimiento, porque al ser “Careciente”, no hay razón alguna para posar la mirada en él ya que nada puede ofrecer. A lo sumo es verlos porque molestan con su carestía, porque reflejan lo que se puede llegar a ser, lo que se puede llegar a padecer.

Palabras

Eso sí, hay que reconocerlo, tienen un gran apego hacia la vida, si los viera Ud… Se aferran a ella de una manera casi obscena. Quieren vivir, buscan sobrevivir a cualquier costo –incluso el de su propia vida- aceptan trabajos que a mí me daría vergüenza realizar, es más te diría que haciéndolos se denigran, se rebajan en changas, comen porquerías, y encima se reproducen. Ay sí, como se reproducen!! Y se festejan y celebran, y hasta por momentos parecen felices.
Qué quiere que le diga, vea…ehh, ellos son, por lo general, seres dóciles, permeables, manipulables. Como el peón de campo, un ser humilde y querible, conocedor de sus tareas y de sus límites. Sobretodo, de sus límites.

En su mayoría.

Yo siempre llevo unos caramelos o unas galletitas encima, porque cuando se me acercan a pedirme, le digo “tomá, tomá…comé…” porque así por lo menos se alimentan, porque si les das plata ya sabés: o se la dan al padre que los manda a pedir, o se la gastan en poxirrán. Y yo no quiero eso para los chicos de mi país, no, no.
Aunque, también hay que decirlo, algunas veces su mansedumbre deja de ser tal y se ponen pesados, incluso violentos. Entonces ya no te piden, te Exigen. Aunque vos no seas el culpable de que hayan nacido, y que hayan nacido ahí –de ese lado y no de este- se te acercan, te exigen el celular, el auto, la plata, las zapatillas, la moto, la bici, la campera, la mochila, las medias, el reloj, la cadenita, los anillos, la pulseras…
Yo creo que en el fondo se nos quieren parecer, y buscan imitarnos aunque más no sea apropiándose de nuestras cosas…pero también me pregunto por qué no trabajan para conseguirlas. Como Carlos, que puso una financiera, como Esteban, que encima ahorra como un condenado porque tener ese auto con el sueldo de Subcomisario, y encima la casita que se está haciendo, como Cecy que se postula de nuevo como concejal, que luce esos tailleurs que se compra porque viste como es esto, no sólo hay que ser concejal, hay que lucir como tal.

Y si vieran como hay gente importante que les agradece su esfuerzo y su trabajo a los chicos, pero bueno, perdón, ese es otro tema.

Decía, que hay ocasiones en que se ponen violentos, y por ahí es porque son muchos, tantos, demasiados. Es como dice una canción “una gota con otra se hace aguacero”, y es cierto una gota por ahí no la notás, o si son algunas hasta te parecen agradables y las disfrutas, “ si vieras las caritas de pícaros que tienen, vos debés ser uno..o me equivoco?, lo líos que le debés armar a tu hermanita ahí arriba, entre los cartones…ahhh, que es tu mamá, claaaro, los mismos ojos…”.

Pero cuando llueve con fuerza, cuando caen esas gotas pesadas que uno dice zas, ahora se viene el granizo y, o me hace puré el auto, o me matan el malvón”, ahí no…ahí ya no me resultan…
Por suerte desde hace tiempo que con Sebastián Ignacio ya carecemos del miedo que teníamos antes. Desde que nos mudamos acá. Sí, es cierto por ahí carecemos de historia, de amigos…pero y lo que ganamos. Se-gu-rid-ad, querida mía, se-gu-ri-dad.

Es cierto que quienes nos cuidan suelen parecerse a aquellos de quienes nos cuidan. Pero es simple, le ponés unos uniformes y sabés cómo cambian…ellos mismos sienten que son otros.
El otro día hablaba con Leticia, y me decía unas palabras interesantes… “lo que se aprende trabajando con los pobres, conviviendo con ellos…”. Sí eso me decía. Porque vistes como es, uno a veces se hace problema por cada cosa, que mirá no sé hasta qué punto vale la pena…en cambio ellos viven de una manera más simple, te diría, más natural.

Es que no tienen tantas responsabilidades, o mejor dicho no tienen las mismas preocupaciones.
A veces me pregunto, ¿en qué quedó Eso, eso de la pobreza digna?. De poder llevar la frente en alto. ¿Qué hay más importante que eso? En definitiva, qué es lo que te vas a llevar a la tumba?
Pero para muchos de ellos parece que el tema no es así, no. Porque decime vos, se quejan de los precios, pero si les das una pala para hacerse una quintita seguro que no saben cómo se usa. Y tierra hay, mirá que es grande la Argentina, lo que no hay es gente que quiera trabajarla, ensuciarse las manos.
No. Estamos rodeados de cómodos, sí. Porque sabe Dios que pobres siempre hubo, y para mí, siempre va a haber. El tema es que hay gente que quiere progresar y otra que no. Cierto es que siempre hubo, pero el asunto es saber si quieren seguir siendo. Lo que pasa es que dejar de serlo deben asumir responsabilidades y deberes, y por lo que uno puede ver parece que les cuesta.

Mirá, que querés que te diga, yo prefiero entregarles cañas para que aprendan a pescar, antes que pescado. Pero la verdad es que tengo miedo que terminen vendiendo las cañas en el semáforo de la vía…
A ver si nos entendemos, si yo no tengo plata no voy a andar por ahí comiendo caviar, no. Lo primero es lo primero. Porque a veces creo que se mezclan y confunden las prioridades. Qué es antes, el plasma o el trabajo, el celular o…o…qué se Yo, porque viste que ninguno tiene un celular croto, no. Tienen el último de los últimos.

Pero que quiere que le diga, la culpa no es del chancho, no. Porque mire Ud. Bien como son las cosas. Se imagina lo que uno tendría si no pagara la luz, porque están enganchados, están. ¿Y los impuestos? ¡Ja! Sume, sume. Porque total está uno que es el trabaja y paga todo. Ni qué hablar de las jubilaciones…
No piensan en el futuro, ¿los vió con las zapatillas que andan? Comprate unas más baratas y guardá el resto. Pero no, quieren las zapatillas y el resto ahora. Lo que se ha perdido es la cultura del ahorro, la educación.
La cultura, esa es la clave. Porque vienen de culturas diferentes, están acostumbrados a vivir así. Si has viajado un poco, por Bolivia, por Paraguay, lo habrás visto hasta como hacen sus necesidades…
En definitiva cada uno se adapta al entorno. Y no se trata de mediocridad o de resignación, sino de reconocer los límites de cada uno y partir de ahí saber qué lugar le ha tocado a cada uno en esto.
Disculpame, te dejo, sí? Voy a cerrar las persianas, es que empieza a hacer frío y va bajando el sol, y cada sombra que veo me produce un escalofrío. Además quiero ver si hoy se ganan el millón en la tele…
¿Lo notaste? Nunca hay pobres jugando en la tele, nunca.

Dedicado
A Eduardo Galeano, a quien le robé impunemente a sus Nadies, o mejor dicho se los tomé prestados.
A Joaquín Sabina, quien inspiró el título y el desarrollo de la nota, en su juego de cotorra hueca y aburrida, capaz de opinar sobre el “Papá de Roma”, la Realeza, las Religiones, o el tarot y la astrología de la peluquería.
A los que no se quedan con la foto de tal o cual tema, que simplifica hasta el dolor, sino que buscan dar cuenta de la historia que le dio forma a esa imagen y que piensan y hacen, buscando en incidir, aunque sea en parte, en el futuro.
A los que se creen alguien, míseros rastreros que denigran al otro, cobardes lameculos, timoratos de que el viento los despeine, condenados a la nada del plástico que no ha de alimentar a sus gusanos.
A los Nadies, aunque estos no tengan tiempo, ni ganas, de leer esta nota.

«Sin Título» de André Arnaldo Granados Guerrero
II Concurso Anual Internacional de Artes Plásticas “Crepúsculo”

«Vino fuera – vino dentro» de Angel Luis Gotor Arellano
II Concurso Anual Internacional de Artes Plásticas “Crepúsculo”

Es grave cómo se ha ido desvaneciendo la cultura del saber, vinculándose a un conocimiento particular cada