Cómo
Por Analia Roa

Sucede como la lluvia, como pensó alguna vez Isidoro porque no podía dejar de ver a esa mujer en sus sueños, y nada le alcanzaba hasta que tuvo que poner palabras aunque no es lo mismo, no…nada es lo mismo la piel no se recupera, en una palabra diciendo piel… y no se trae la noche tan sólo al nombrarla, porque el tiempo es eso que sucede en el instante en que no nos damos cuenta cuando todo corre como cuando estamos mareados o estamos por desmayarnos… ese ruido en el oído y las piernas que tiemblan porque falta el aire y todo se cae… eso es lo verdadero parece amor parece que algo sucede y es que algo sucede. Sólo que nos damos tiempo luego, cuando el tiempo, instante que se fue y nunca pudimos agarrarlo con las manos.

Dónde? Parece que los lugares son siempre los mismos pero hay algo que se modifica y es que ya nada está en su sitio. Hay nombres nuevos en la boca del que dijo. Todo es un enorme símbolo…qué gran mentira esconde cuando no existen las mentiras. Si cada uno pudiera sacar de los ojos eso que quema.  Tampoco. Tan poco. Alcanza con dejar de pensar. Es una insistencia en pretender llegar a abrazar una estrella. Sin metáfora. Abrazar una estrella. No se puede, no se puede. Las estrellas no son para ser abrazadas. Los sueños son nombres que ponemos a los días que no llegan.

Era Juana de Ibarborou la que escribió alguna vez un breve texto en el que decía algo parecido, todas las palabras se repiten?

Si cada uno vive las emociones de otros, de qué sirve eso que se cree único. Las vidas como granos de arena que se repiten a lo largo de los siglos y ni siquiera lo pienso sin ignorar que alguien lo planteó de manera más erudita y clara. Tan forzadas son las palabras, que recurro al engaño de los recuerdos para decir algo. Y es que parece que la vida es eso, una palabra que se dice. Cuando todo se reduce al silencio, si existe algún eco resonando será el de una palabra la más fuerte, la  última o la que se quiso escuchar.

Y ya… no alcanza con pensarse adicto a la pura especulación literaria, un gran cuento idiota creído, mediocres a los que se les va la vida en un silencio. Y hasta esto es mentira, no puedo hablar de nada sin medir mi propio ombligo, qué clase, qué clase de… y puede mi mente estar tan impregnada de eso que se vuelve tangible, tanto que puedo nombrarlo, pero no es cierto porque eso que nombro no me pertenece. Yo sólo sé que existe algo que hace que quiera estar ahí y volver a vivir esos días que me traen nubes y la sensación de un viaje permanente y una sonrisa o una mueca permanente de querer  reír porque algo bueno pasó.

Hay que escribir, hay que escribir porque se nos acaba el día.

Mario Calvo
1er. premio lugar V Concurso Anual Internacional de Artes Plásticas “Crepúsculo”