mención de honor III Concurso Anual Internacional de Relatos Crepúsculo

de María Marta Ochoa

Había copas de todas las formas y colores, pero llamaron mi atención unas anchas de cristal púrpura. Tomé una de la estantería y pregunté el precio al vendedor.
– Las copas más caras. De Fieltrich, Brusmania.
– ¿Cómo dijo?
– Son de Fieltrich, Brusmania ¿No me cree?
– ¿De dónde?
– Si le digo que son de ahí, es porque son de ahí.
– ¿Usted dijo Brusmania y Fieltr…?
– Si, Fieltrich. Usted es de las que se hacen las distraídas. ¡Vamos, vamos!, no puede haber olvidado ese lugar.
El hombre parecía molesto, hasta ofendido. Yo no recordaba nada. Además, como iba a recordar algo que desconocía. Esos nombres para mí eran sólo una serie de letras amontonadas que no tenían ningún sentido.
– Sigue habiendo muchas de esas que se hacen las olvidadizas- dijo una mujer que estaba frente a la estantería de platos de porcelana. Miró al vendedor.
– O que se resisten a abandonar los viejos rencores entre Fieltrich y Rashtrich- dijo el hombre. Levantó sus manos y separó los dedos-: Diez picos nevados. Diez picos brusmanos.
– Así es- acotó la mujer-, de Fieltrich o de Rashtrich, brusmanos al fin- y me miró de reojo.
Se abrió una puerta en el fondo del local y una nena con una muñeca en brazos se acercó.
-¡Papi! Teléfono. Es mami, desde Fieltrich. Dice que la abuela está mejor.
El hombre desapareció por la puerta del fondo. La mujer de la estantería de platos me miró, creí descubrir indignación en su gesto. Otra señora interesada en unas fuentes para horno, me observaba con una expresión similar.
La nena, que hamacaba a su muñeca, comenzó a cantar una canción de cuna.
– Arrorró mi niña, arrorró mi sol, duérmase pedazo de mi corazón. Ese sueño lindo no quiere venir, a Fieltrich Brusmania, se ha debido ir- remarcaba con fuerza esas dos palabras. Su cuerpo entero acompañaba el balanceo de sus manos. Sonreía a las dos mujeres.
Me pareció sentir como un tallado en la base del pie de la copa púrpura. La di vuelta, tenía una inscripción en bajo relieve: “Made in Fieltrich, Brusmania” y además un trazado. Como si fuera el mapa de dos islas.
La niña y las dos mujeres se acercaron hasta casi rozarme con sus cuerpos. La nena ya no cantaba. Levanté la vista. Las dos mujeres se miraron y luego me miraron a mí. Sentí que hasta la muñeca me clavaba los ojos.
-Les juro que no sé que es Fieltrich, Brusmania- dije.
-Ya es hora de deponer odios y enojos arcaicos- me dijo la señora de las fuentes para homo-. Yo también soy de Rashtrich. Unión y olvido.
La nena me tomó primero una mano y luego la otra. Miraba mis uñas.
-Rashtrich y Fieltrich. Cinco manchitas blancas, más cinco manchitas blancas: diez. Diez picos nevados- me apretó con fuerza el meñique y comparó mis manos con las de su muñeca- igualitas- dijo.
Las dos mujeres acercaron sus manos a las mías. La nena hizo lo mismo. Las cinco (contando a la muñeca) teníamos una pequeña raya blanca en cada una de las uñas.
-Mentiritas, no- dijo la mujer de la estantería de platos-. Son marcas que no se van nunca, la marca de los brusmanos. Diez picos nevados.
Me invitaron a recorrer el bazar.
-Lea- dijo la mujer de la estantería de platos, mientras me entregaba uno de postre. En su parte trasera decía: Made in Fieltrich, Brusmania. Y el mismo mapa que tenían las copas.
La señora, que había estado mirando las fuentes, me hizo leer el reverso de una ensaladera: Made in Rashtrich, Brusmania y el mapa de las islas.
-¿Ve? De Rashtrich también hay- me dijo.
La nena asintió con la cabeza. Desató la batita de su muñeca. Un poco debajo de la nuca, grabado en el plástico color carne, decía: Made in Rashtrich, Brusmania y el mapa de las islas.
La niña corrió hacia la puerta del fondo.
Las dos mujeres murmuraron un par de palabras.
El hombre volvió al bazar con su hija de la mano.
-Me parece que el problema no es Rashtrich o Fieltrich- comentó la mujer de los platos-, sino Brusmania.
El hombre me mostró sus manos, también tenía marcas en las uñas.
-¿Acaso usted recuerda no haberlas tenido?- dijo y agregó-: Es el momento de la revelación.
Nos hablaba a todos, como si formáramos un grupo. Su sonrisa me pareció aterradora.
Los cuatro me rodearon.
-Es el momento de la revelación- repitieron a coro. Me abrí paso entre las dos mujeres. Apoyé la copa en la estantería. Los cuatro me siguieron hasta la puerta, pero yo salí del bazar.
Caminé dos cuadras y doblé a la derecha. Un impulso inexplicable me hizo entrar en una agencia de turismo. El vendedor me invitó a tomar asiento. Había varias carpetas con nombres de diferentes países. Alemania, Bélgica, Italia.
Méjico y muchos más. Tomé una. El hombre miraba mis manos. Sacó una carpeta de un cajón y la puso frente a mí. Brusmania. No lo pude creer. No quise mirar al vendedor. Permanecí un momento con la carpeta frente a mis ojos. No me animaba a tocarla. Me detuve en las letras pintadas de dorado. BRUS… Creo que hubiese querido estar en mi casa durmiendo. Pero no me quedó remedio.
– No hay otra agencia que tenga nuestras promociones- dijo el vendedor mientras abría la carpeta que estaba frente a mi vista-. No lo dude, está usted en el lugar indicado.
Leí. 9 días/ 8 noches. Recorra las dos islas. Turismo aventura: Diez Picos Nevados. Travesía por el puente de la unión y del olvido. Túneles de Rashtrich y Grutas de Fieltrich. Se podía pagar en euros, dólares o brusmanos. Una mujer me mostró folletos de diferentes hoteles y posadas. En uno de ellos decía: Festeje aquí el aniversario de su revelación.
El hombre que me atendió tenía manchas blancas en las uñas. La mujer también. Me fui.
Unas cuadras mas adelante encontré una biblioteca. Busqué información sobre Brusmania. No había nada. Busqué libros sobre Rashtrich y Fieltrich. Nada. El bibliotecario se rió cuando le mencioné esos nombres. Me miraba extrañado.
Esa noche decidí pintarme las uñas.
Unos días después, regresé al bazar. Estaban las mismas copas. El mismo vendedor, la misma niña con la misma muñeca. Las mismas manchas en las uñas.
Tome una copa de la estantería. La di vuelta. No decía nada. Tomé otra. No decía nada. Fui a la estantería de las fuentes para horno. Tomé una. La di vuelta. “Microwave and Dishwasher Safe. Made in China”.
La nena acunaba a su muñeca- Arrorró mi niña, arrorró mi sol, duérmase pedazo de mi corazón. Esta nena linda no puede dormir y el pícaro sueño no quiere venir.
Fui al sector donde estaban los platos de porcelana, al vendedor hablaba con una mujer.
-Así es: Limoge. Todo lo que hay de porcelana en este bazar es Limoge- de soslayo miró mis uñas y continuó hablando con la mujer.
Salí y fui directamente hacia la agencia de viajes. Tardaron en atenderme. Pregunté por excursiones a Brusmania. Me respondieron que ellos no tenían excursiones a Rumania. Les dije que yo hablaba de Brusmania. Me dieron una dirección de Internet para que yo averiguara precios de hoteles en Bucarest y en Targoviste. Insistían en que yo estaba equivocada. No me atreví a hablar de la carpeta que guardaban en el cajón. El mismo hombre que me había atendido la vez anterior, abrió la puerta para que me fuera. Tenía las marcas en las uñas. Miró mi esmalte.
-Lindo color- dijo-. Original.
Sobre mi cómoda hay un poco de algodón. Un frasco con esmalte violeta y otro con quitaesmalte. No sé qué hacer.

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