Agustín González Goytía, San Miguel de Tucumán, Argentina, 1981.

Licenciado en Bellas Artes por la Universidad Nacional de Tucumán, 2011. En 2015 recibió la beca para el Programa de Artistas de la Universidad Torcuato Di Tella y en 2014 la Beca Fondo Nacional de las Artes-Conti 2014 —programa de formación para artistas, Centro Cultural de la Memoria H. Conti en Buenos Aires. En 2017 obtuvo la Beca Bicentenario a la Creación 2016, Fondo Nacional de las Artes. Asimismo, participó de Beca Yungas Tucumán (2013); Residencia URRA, Buenos Aires (2014) y residencia Savvy Contemporary, Berlín (2016). Fue galardonado con: Programa de Adquisiciones, Casa de Gobierno de la Prov. de Tucumán, Argentina (2016); Mención 5 Concurso Regional de Pintura del NOA, Santiago del Estero (2014); 1° Premio adquisición 3° Salón de Artes Visuales Plaza de Almas, Tucumán y Mención 2° Edición del Premio a las Artes Visuales Hotel Colonial, Salta (2012); 2008 Mención del jurado, 5º Salón de la U.N.T. Tucumán y 1º Premio adquisición, 15º Salón “Carlos María Navarro”, Tucumán (2008). Entre sus exhibiciones individuales destacan: Ultramundo, Pasto Galería, Buenos Aires (2017);Alianza, MUMU, Espacio Cultural Museo de las Mujeres, Córdoba (2015); Nocturno, Pasto Galería, Buenos Aires (2014); Dicha, Rusia Galería, Tucumán (2013); Más grande que una casa, más pequeño que un ratón, Rusia Galería, Tucumán (2011). Participó de exposiciones grupales (selección): Constelaciones/Consternaciones, Casa Fernandini, Lima, Perú; Horda, Museo Provincial de Bellas Artes Timoteo Eduardo Navarro, Tucumán y Ficciones al margen, Pasto Galería, Buenos Aires (2017); Transiciones Permanentes, 100 años, Museo Provincial de Bellas Artes Timoteo Navarro, Tucumán (2016); Cosmos Casero, muestra final programa de Artistas 2016, Universidad Di Tella, Buenos Aires (2015). Reside entre Tucumán y Buenos Aires.

Huida- Acrílico sobre lienzo-116x146cm-2017

Sobre el pupitre, cogidos por alcayatas ya oxida-das, papeles donde se diseñaban desembarcos en países no situados en el tiempo ni en el espacio, como un desfile de banda militar china entre la eternidad y la nada.

José Lezama Lima, Paradiso

En el Diccionario del Dr. Johnson –uno de los autores preferentemente citados por Borges- es extraordinaria la conocida segunda acepción de paisaje: “A picture, representing and extent of space, with the various objets in it”. El Dr. Johnson no refiere a la naturaleza sino al espacio representado y los objetos en el mismo. Desde esta definición histórica de paisaje percibo la actual exposición de Agustín González Goytía.
Este artista ha transitado los lugares de formación de lo contemporáneo entre el Tucumán natal y Buenos Aires, con el breve paso obligado de la residencia en Berlín. Ahora despliega en escena aquello que hace tiempo no ha querido resolver: la tensión entre el espacio de representación y la representación del espacio (otra manera de entender aquella cita del Dr. Johnson de 1775). Por ello, utiliza uno de los recursos del panorama: la ubicación de los objetos que permiten la perspectiva, los sucesivos planos de la representación, ubicados fuera de la tela. Entre esta y el espectador. Situación que obliga a la mirada fragmentada, pero también a la generación de múltiples puntos de vistas forzados por el ángulo de la ubicación.

Uno de los rasgos distintivos de la pintura de González Goytía es la inclusión –en menor o mayor grado- de figuras o escenas narrativas fragmentadas, más que esbozadas, en grafito o birome. En algunos casos estas inclusiones remiten a un repertorio visual de obras de arte, en otros a estudios del entorno urbano o simple invención. El fragmento combina con el cambio de escala, que otorga jerarquización a unos episodios visuales sobre otros. Episodio entendido como suceso parcial que forma un todo, un incidente resultado de la imaginación fuera de lo azaroso. Disimulada tras cierta falsedad onírica, estimulada por la paleta y las figuras resueltas en trazos, la obra de González Goytía es racional, cuidadosamente planificada.

Ahora, ha diseñado un conjunto de estandartes armados sobre pedestales de cementos, elaborados a partir de macetas utilizadas como moldes. En estos ha dejado la carga estética de la imperfección de la factura del vaciado de cemento, a la par que genera otro nivel de visión al ras del suelo de formas volumétricas, cuyo peso contrasta con la liviandad de las telas. Un espectador inquieto debería echarse al piso para ver el juego de formas, la trama abstracta. Contra esa pesadez de grises, los estandartes colocados en el ámbito cerrado no pueden flamear, por lo tanto ocultan la imagen que contienen: solo es permitido percibir aquello que el pliegue, en la caída del textil, nos permite observar. Una pronunciación de estandartes como signos que, sin embargo, no declaman. Apenas transcurren evitando el exceso retórico que los propios elementos conllevan. Si la tela pictórica debe expandirse para que el observador puede apreciar, sentir y juzgar, González Goytía utiliza el textil en los estandartes de manera conceptual, desde la verdadera naturaleza de la tela: su caída desde un punto de sujeción. El pliegue contra el bastidor. Aquellas operaciones del espectador construidas en el hábito de la mirada por la tradición de la pintura –ya ajenas a la voluntad de lo contemporáneo- son desplazadas a la expresión mínima del pliegue como obra pictórica en tanto objetos de un dispositivo en el espacio. Los estandartes ubicados entre nosotros y la tela montada en el muro no generan inclusión pero tampoco amenaza.
La búsqueda de la soledad –que se encuentra en la pintura de paisajes de espíritu taoísta- asume una sensación nostálgica, como un tiempo transcurrido por el otro, si es posible la nostalgia de lo que no hemos vivenciado, de aquello que ha vivido otro. Desde ya, esta percepción nostálgica es mi subjetividad. Un visitante más joven, seguramente, encontrara otras referencias estimuladas por el título puesto por el artista, Ultramundo. Por ejemplo, recordará la saga de films de acción y terror y transitará la exposición como una escenografía o pensará en el desierto de los zombis, cuando todo haya terminado, para mirar los estandartes y la gran tela como residuos de civilización. Una sensación sobre el futuro que se confunde con el pasado. Ultramundo es el mundo de los muertos, para aquellos que conservan aun la memoria antigua es descender a los infiernos. Ser Ulises para encontrarnos con nuestra Madre y saber que a pesar de los obstáculos regresaremos a casa.
Ultramundo de González Goytía, sentirse fuera del tiempo entre la eternidad y la nada.

Roberto Amigo

Ultramundo, texto de Roberto Amigo, Galería PASTO, 2017.

Ultramundo-Instalación- Acrílico y grafito sobre lienzo, cemento y caños de metal. Galería PASTO , 2017.

Alameda- Acrílico sobre lienzo- 180x210 cm- 2017