# ACÁ CERCA – por Cristina Occhipinti

Fue un día de olvidos cuando te amaneció un barco. Y zarpaste. Buscando por las orillas de las cornisas. Un nido de grillos, pajaritos de arena. Los restos de la infancia en trompos paranoicos.

Las luciérnagas de tus ojos que alguna vez se apagaron sin protestar vuelan agarradas a la cresta de un gallo. Una amapola te acaricia el rostro. Una araña te camina por el cuello, las manos se mueven para aplastarla. Y rompen el vidrio de la ventana que no deja pasar la luna.

Un murciélago se cuelga de tu brazo. Vos lo imitás en la rama del gomero que está en medio del patio. Tu abuela pasea una cacerola con puchero de gallina. La corrés jugando a la mancha con esos grandulones que no saben lo que dicen. Un monstruo con dos cabezas anaranjadas, vestido de blanco, te trae un aperitivo y un sándwich de milanesa.

Hace calor en esta playa de arenas movedizas. No hay prisas en el aire. Te suenan aleteos en las costillas. Y en los dientes. En la oscuridad camina el silencio con miedo de inundar la memoria. En esta sala de espera no hay sangre que acuchille el delirio.

Con tu cuerpo vestido. Quieto. Tapado con una frazada. Una por cama. Sin gas, sin luz. Con este frío bajo cero. Tanto exceso en tu cabeza. Tantas grietas. Y el tiempo que va y viene. De las heridas vuelan mariposas asesinas. Con nombre y apellido. Los pájaros en llamas no pueden calentarte.

Y vos navegás cantando en los abismos. Bajo las mismas estrellas que habitan los insectos.

Tanto exceso de carencia. Tanto exceso. En el pabellón de los locos pobres.

Acá cerca.